2019, el año de la gestión activa

  • 10-12-2018

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Tras un difícil comienzo del año, la reforma fiscal en EE. UU. sirvió de estímulo para los mercados internacionales. Aunque el verano pasó sin pena ni gloria, el otoño llegó con perturbaciones que no eran solo atmosféricas. Los numerosos riesgos políticos poblaron de oscuros nubarrones el horizonte de los mercados y perjudicaron su comportamiento. En el próximo año 2019, podríamos volver a encontrarnos con tres viejos conocidos:

  •  Geopolítica: es cierto que últimamente el frente político nos ha traído buenas noticias. Por ejemplo, la Unión Europea (UE), con la aprobación del acuerdo sobre el Brexit, ha dado vía libre a la salida del Reino Unido, y en su disputa presupuestaria con la UE, Italia se ha mostrado más dispuesta a llegar a un entendimiento. No obstante, sería prematuro hablar ya de éxito en lo que se refiere al cada vez más agudo conflicto comercial entre EE. UU. y China. Aunque las dos partes enviaron señales positivas para relajar las tensiones comerciales, quedan muchos interrogantes, como por ejemplo, si el presidente de EE. UU. va a aumentar los aranceles sobre una serie de productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares estadounidenses desde el 10 % al 25 % en enero de 2019, o incluso si el resto de las importaciones de productos chinos (267.000 millones de dólares estadounidenses) se verán también gravadas con aranceles punitivos.
  •  Situación económica: parece claro que, en estas condiciones, los riesgos de desaceleración pueden seguir aumentando. En este sentido, el Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que, en vista del presente contexto, el crecimiento mundial del próximo año se verá mermado en 0,8 puntos porcentuales. La fase de ciclo tardío de la economía mundial, con unas tasas de inflación en aumento gradual y un crecimiento más pausado, aunque se mantiene sólido y ligeramente por encima de su potencial, podría enfrentarse a vientos contrarios. En efecto, siguen estando presentes otros riesgos, como la permanente debilidad con que evoluciona la productividad, los obstáculos demográficos o el agravamiento de los problemas económicos en muchos países emergentes.
    Los analistas ya han reaccionado ante estas circunstancias y, en lo que se refiere a muchos países, han revisado a la baja sus previsiones de crecimiento y estimado que subiría la inflación, debido esto último a las tensiones en el mercado laboral y a las fuertes (en algunos casos) subidas salariales.
  • Política monetaria: es probable, por tanto, que los grandes bancos centrales prosigan la normalización de su política monetaria (pasado el «pico de liquidez»), mediante, por ejemplo, nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal de EE. UU. (Fed), o bien con la conclusión del programa de compras de bonos por parte del Banco Central Europeo (BCE) a finales de este año. No obstante, la caída reciente del precio del petróleo ha influido negativamente en las perspectivas de inflación a largo plazo.

Es previsible que las tendencias de menor crecimiento, inflación creciente y política monetaria restrictiva que se iniciaron en 2018 se prolonguen y refuercen en 2019. Todo esto hace más probable que siga aumentando la volatilidad en los mercados internacionales. En todo caso, hay algo que no se debe pasar por alto: los riesgos siempre vienen acompañados de oportunidades, y esta máxima es válida tanto dentro de cada clase de activos como entre las distintas clases. En el nuevo año lo más importante será la gestión activa.