2019: No hay excusa para estar fuera de la deuda emergente

  • 20-12-2018

  • 3 minutos

Para los inversores de bonos emergentes, 2018 no ha sido un año de abundancia, ya que ya todo está teñido de rojo, ya sea en moneda fuerte, moneda local o en bonos corporativos. Aún hay esperanza para que el crédito termine en positivo, si vemos un rally en diciembre. Sin embargo, los fundamentales del activo siguen siendo muy parecidos a los del año pasado.

1. El crecimiento económico en los países emergentes todavía supera al de los mercados desarrollados a pesar de la previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de un descenso del 0,2%.

2. Los países emergentes representan solo un porcentaje de la capitalización de los mercados a pesar de que contribuyen con más de un 50% del crecimiento global, de las reservas de los bancos centrales y con el comercio internacional. Esto es algo que, en el largo plazo, los inversores tendrán en cuenta y que debería suponer el aumento de la inversión en estos países.

Vemos un año prometedor por delante. El dólar ha tenido un buen año y los inversores buscan ahora nuevas alternativas. Los bonos emergentes han brindado fuertes rendimientos ajustados por riesgo en el largo plazo (ver gráfico 1) y los fundamentales parece sólida. Después de un año doloroso, 2019 proporciona una buena base desde la cual alcanzar una mayor rentabilidad y un mejor carry.

Un factor que hay que tener en mente es que jamás hemos visto dos años consecutivos de caídas en en bonos en divisa fuerte (Gráfico 2). Lo que es más importante, cuando se ha producido un año negativo, la rentabilidad positiva ha más que compensado las pérdidas anteriores. En una clase tan ineficiente como la de la deuda emergente, las oportunidades aparecen en periodos de rentabilidad negativa.

Efectos globales en los mercados emergentes

A punto de entrar en 2019, el estado de la economía global, particularmente de los Estados Unidos, está afectando a los inversores de los mercados emergentes. La idea es que, si el crecimiento de EE. UU. comienza a mostrar dificultades, esto se traducirá en una baja rentabilidad de los activos de los mercados emergentes. Esto suena plausible, pero cuando se analiza de cerca encontramos que los bonos emergentes están capacitados para oponer resistencia a los obstáculos globales a los que se enfrentan.

Desde nuestro punto de vista, con las actuales valoraciones, los bonos emergentes continuarán dando rentabilidad positiva (incluso en un escenario en el que la economía global se desacelera). En este momento, el índice de rentabilidad de bonos emergentes tiene una duración de 6,5 años con un retorno medio del 7%. Incluso si sube 100 puntos básicos en 2019 hasta el 8%, los inversores de deuda emergente todavía disfrutarán de una rentabilidad postiva gracias al elevado carry de esta clase de activo. Hay que señalar que este 7% es el nivel más alto desde 2010.

Para muchos, estas fuertes subidas en los bonos es su escenario base aunque si esto sucediera otros activos también sufrirían. Nosotros no prevemos este entorno tan negativo. De hecho, usamos este ejemplo para señalar que las actuales valoraciones proporcionan un colchón frente a los shocks globales. Dado que la mayor parte de los índices de renta fija de los países desarrollados tienen una alta duración, pero no generan un spread tan elevado, los retornos serán menores que en los países emergentes. Eso ciertamente no tiene en cuenta la convexidad de la rentabilidad, es decir, unos retornos mucho mayores si finalmente prevaleciera un escenario mucho más positivo (no hay guerra comercial o una desaceleración de la normalización de la política monetaria de la Reserva Federal de los EE. UU). Por lo tanto, si un inversor está fuera de los mercados emergentes es probable que no alcance sus objetivos de rentabilidad. Simplemente no hay excusa para estar fuera de la deuda emergente.

Conclusión

Mostrar previsión y tenacidad para permanecer en tiempos difíciles es lo que genera los mayores retornos en este activo. Esto se ha repetido una y otra vez en el tiempo y creemos que un enfoque activo y contrarian respecto a los bonos emergentes puede ofrecer un rendimiento positivo.

Al comenzar el último año de esta década, debe preguntarse como inversor hasta dónde quiere echar la vista atrás. Mirando hacia atrás en este año, sí, ha sido negativo, pero si su perspectiva de inversión se basa en un espacio de tiempo tan corto como un año, entonces quizás la renta fija emergente no sea el área en la que desea invertir. Sin embargo, si se aleja y observa esta última década, este active ha recompensado bien a los inversores a largo plazo.

Tal como está la deuda emergente en estos momentos: fundamentales sólidos, las asignaciones predispuestas a seguir creciendo y con ineficiencias que pueden ser aprovechadas, estamos ante un activo que históricamente tiene tendencia a recuperarse de períodos de rentabilidad inferior. Desde esta perspectiva, estamos listos para enfrentarnos, no solo a 2019, sino a los años que están por venir.