Atractivo potencial de crecimiento en mercados emergentes

  • 24-01-2019

  • 4 minutos

En un escenario en el que la economía global sigue creciendo, los mercados emergentes están preparados para avanzar aún más que los países desarrollados.

Los sólidos fundamentales respaldan el potencial de rentabilidad de los mercados emergentes

Los bonos corporativos de los mercados emergentes deberían ofrecer sólidas rentabilidades en los próximos años, ya que las compañías de estas regiones cuentan con buenos fundamentales, tienen potencial de mejora, están menos apalancadas y, por lo tanto, poseen un mayor margen de maniobra que las compañías de países desarrollados. Por ejemplo, los bonos del índice JP Morgan Corporate Emerging Market Bond (CEMBI, por sus siglas en inglés) ofrecen una relación riesgo-rentabilidad idéntica al high yield en USD y EUR. Además, a diferencia de los países industrializados, los mercados emergentes todavía se encuentran en un ciclo temprano o, a lo sumo, en la mitad del ciclo y, por lo tanto, todavía tienen mucho potencial de crecimiento. Esto hace que muchos bonos corporativos de mercados emergentes sean muy atractivos.

La economía global también presenta una situación saludable, a pesar de la desaceleración del crecimiento que se ha visto recientemente. No preveemos una recesión en los próximos 12 a 18 meses. De hecho, esperamos que el ciclo económico actual continúe, aunque con un crecimiento global más débil. Prevemos que los avances positivos en el frente comercial entre Estados Unidos y China comiencen a sentirse y que las medidas de flexibilización de China empiecen a tener efecto sobre la economía real a mediados de 2019.

Si bien la estabilización puede tardar algunos meses en hacerse visible, los resultados constructivos de las negociaciones comerciales deberían tener una influencia positiva adicional en esta tendencia.

Factores que pueden impulsar los mercados emergentes

En el último año, los activos de los mercados emergentes han generado rentabilidades ajustadas por riesgo significativamente mejores que las inversiones comparables de los mercados desarrollados. Por ejemplo, el índice CEMBI de high yield logró rentabilidades similares a las de la renta variable, con una volatilidad un 75% inferior. Por lo tanto, una cartera comparable sin posiciones en mercados emergentes tendría un desempeño inferior que una con activos emergentes. Prevemos que esta tendencia continúe en los próximos años.

Las compañías emergentes presentan actualmente los mejores fundamentales desde la crisis financiera mundial. La generación de EBITDA también ha sido fuerte, con un crecimiento del 27% en el segundo trimestre de 2018. Lo más importante es que muchas empresas están empleando un enfoque más prudente y sus balances están mejorando. Esto significa que en comparación con el ciclo anterior, las estrategias de CAPEX son más defensivas, los saldos en efectivo son más altos y los gobiernos corporativos han mejorado. En general, las empresas de mercados emergentes se han desapalancado debido a la fuerte generación de EBITDA y la moderación en las nuevas emisiones de deuda.

Además, las tasas de impago de los emergentes han caído significativamente desde su máximo de noviembre de 2016, lo que indica claramente el inicio de un nuevo ciclo crediticio. La tendencia de crecimiento global, incluso aunque actualmente sea más moderada, sigue apoyando el aumento de los beneficios empresariales, la generación de efectivo y una reducción de la deuda. Además, los mercados de materias primas muestran equilibrio, por lo que esperamos que el ciclo de las commodities continúe y que los mercados emergentes se vean impulsados ​​por ello.

Otra influencia positiva para los emergentes podría venir del dólar estadounidense, que probablemente se debilite en 2019 a medida que la economía mundial se rebalancea de la tendencia de crecimiento liderada por EE. UU. en 2018. Consideramos que la postura recientemente mostrada por la FED es lo suficientemente moderada y el organismo será particularmente cuidadoso a la hora de llevar a cabo nuevas subidas de tipos de interés, lo que significa que las dos subidas actualmente previstas no tienen que ocurrir necesariamente en 2019 y dependerán de la evolución económica estadounidense y global.

Hace un año ya predijimos que el rendimiento del bono de EE. UU. a 10 años estaría en el rango de 2,75-3,25% y no en el 4%, como muchos inversores esperaban. Además, dado que el diferencial de tipos de interés se ha reducido nuevamente y el mantener estos bonos en cartera se ha vuelto algo menos atractivo que hace unas semanas, creemos que muchos inversores aún poseen una elvada sobreponderación a activos en dólares estadounidenses, algo que no está basado en sólidos fundamentales y los gobiernos corporativos han mejorado. En general, las empresas de mercados emergentes se han desapalancado debido a la fuerte generación de EBITDA y la moderación en las nuevas emisiones de deuda.

Además, las tasas de impago de los emergentes han caído significativamente desde su máximo de noviembre de 2016, lo que indica claramente el inicio de un nuevo ciclo crediticio. La tendencia de crecimiento global, incluso aunque actualmente sea más moderada, sigue apoyando el aumento de los beneficios empresariales, la generación de efectivo y una reducción de la deuda. Además, los mercados de materias primas muestran equilibrio, por lo que esperamos que el ciclo de las commodities continúe y que los mercados emergentes se vean impulsados ​​por ello.

Otra influencia positiva para los emergentes podría venir del dólar estadounidense, que probablemente se debilite en 2019 a medida que la economía mundial se rebalancea de la tendencia de crecimiento liderada por EE. UU. en 2018. Consideramos que la postura recientemente mostrada por la FED es lo suficientemente moderada y el organismo será particularmente cuidadoso a la hora de llevar a cabo nuevas subidas de tipos de interés, lo que significa que las dos subidas actualmente previstas no tienen que ocurrir necesariamente en 2019 y dependerán de la evolución económica estadounidense y global. Hace un año ya predijimos que el rendimiento del bono de EE.UU. a 10 años estaría en el rango de 2,75-3,25% y no en el 4%, como muchos inversores esperaban. Además, dado que el diferencial de tipos de interés se ha reducido nuevamente y el mantener estos bonos en cartera se ha vuelto algo menos atractivo que hace unas semanas, creemos que muchos inversores aún poseen una elvada sobreponderación a activos en dólares estadounidenses, algo que no está basado en sólidos fundamentales.

Qué supone esto para los inversores

Sobre esta base, esperamos que las empresas de mercados emergentes sean más resistentes que sus comparables a nivel high yield de EEUU y la eurozona, incluso en un escenario económico bajista, es probable que las superen.

Las perspectivas descritas también nos llevan a pensar que, en términos de rentabilidad-riesgo, el crédito es una inversión mucho más atractiva que la renta variable, siempre y cuando los inversores tengan un conocimiento profundo de los activos y sepan cómo elegir bien.