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Brexit y Covid-19: ¿cómo pueden afectar ambos eventos al mercado?

  • 24-06-2020

  • 6 minutos

Tras cuatro años del referéndum británico, el Brexit sigue su curso tras llevarse a cabo el pasado 31 de enero de 2020, pero todavía nos encontramos en un periodo transitorio en el que ambas partes, la Unión Europea y el Reino Unido, tienen que dejar claros los términos del divorcio −disponen de margen hasta el 31 de diciembre de 2020−. No sabemos si la aparición del Covid-19 retrasará el calendario pero de lo que no hay duda es que a la economía británica se le acumulan los problemas. El Covid-19 se ha convertido en los últimos meses en el principal factor de riesgo para la economía del país en el corto plazo, según un reciente informe publicado por KPMG UK. ¿Cómo pueden afectar la suma del Brexit y el Covid-19 al mercado? Se lo hemos preguntado a Lucas Maruri, gestor de renta variable europea de Gesconsult, Jaume Puig, CEO y CIO de GVC Gaesco Gestión, Francisco Vidal, Economista Jefe de Intermoney y Salomé Bouzas, analista de inversiones de Tressis.

Brexit + Covid-19: ¿cuál será su impacto en el mercado?

Lucas Maruri, gestor de renta variable europea de Gesconsult

Es bien sabido que el 2020 va a ser un ejercicio muy difícil en lo económico. Las estrictas medidas de confinamiento han supuesto fuertes caídas de producción y de demanda, disparándose como consecuencia la tasa de desempleo. Para intentar acortar los efectos negativos y permitir que pueda producirse una rápida recuperación, los estados se ven obligados a lanzar fuertes programas de estímulo, que supondrán déficits fiscales récord, financiados a base de un muy significativo incremento de la deuda, en muchos casos ya muy abultada.

Entre los diferentes casos, destaca particularmente el del Reino Unido. No sólo por ser uno de los países peor golpeados por la pandemia, sino también por los efectos económicos de la crisis sanitaria. La semana pasada conocimos el peor dato de peticiones de desempleo desde 1993, lo que hace esperar que la tasa de desempleo se dispare en los próximos meses desde los niveles aún contenidos en el 4%. Los analistas esperan que el país cierre el año con un déficit fiscal superior al 10% del PIB, lo que haría que la ratio deuda sobre PIB superase el 100%, desde el 85% el año pasado.

En este contexto, una de las fortalezas de Reino Unido es el buen perfil crediticio de sus emisiones (rating AA), beneficiadas por una política monetaria independiente. El BoE anunció en marzo un QE de 645.000 millones de libras, lo que supone aglutinar el 30% de los títulos de deuda pública en circulación, permitiendo al gobierno británico hacer frente al mayor gasto manteniendo los rendimiento de los bonos cerca de mínimos históricos.

Sin embargo, el país tiene otra guerra específica abierta; el Brexit. Con la inminente fecha límite de finales de junio, el gobierno de Boris debe decidir si ampliar el período de aplicación del status quo en el mercado único y la unión aduanera más allá de 2020 y evitar así el Brexit duro. Tal extensión significaría que el Reino Unido continúa con su contribución al presupuesto de la UE para el período financiero 2021-27, lo cual a priori tendría poco sentido esperar que pase. Pero al mismo tiempo sería poco inteligente llevar a cabo una salida sin acuerdo en mitad de una crisis sanitaria y económica, pues la falta de acuerdo añadiría costes presupuestarios adicionales e incertidumbre jurídica y política, la cual daña la confianza de consumidores e inversores.

Jaume Puig, CEO y CIO de GVC Gaesco Gestión

La City de Londres se ha visto amenazada por tres choques externos, a cada cual más indeseado, en un espacio relativamente corto de tiempo: La votación del Brexit, hace ahora cuatro años, cuyos mayores efectos han sido la devaluación de la libra esterlina y la creación o traslado de algunos centros operativos desde Londres a la Zona Euro; la implantación de MiFID II, que ha puesto en peligro seriamente a uno de los muchos oficios de la City, el de analista “sell-side”; y la Covid-19, que pese a no ser la tan temida pandemia que la Organización Mundial de la Salud pronostica que llegará algún día desde hace muchos años, ha obligado a efectuar confinamientos globales de la población de unos tres meses de duración. La primera supone un aumento del proteccionismo, la segunda una mayor regulación, y la tercera ha generado una interrupción temporal de actividades económicas por decreto. Posiblemente no haya nada más alejado del ideario de la City.

La resiliencia es, sin embargo, una de las características principales no ya de la City, sino del sistema financiero en su conjunto y de la economía en general. El Brexit está proporcionando una gran oportunidad de inversión en activos de UK para los inversores del resto del mundo. MiFID II está mejorando la productividad del analista, obligándole a un aumento de calidad de contenidos y a una mayor interacción con operaciones corporativas tangibles. Finalmente la Covid-19 está siendo muy bien aprovechada por la banca de inversión, sea aprovechando la ampliación de “spreads” de la Renta Fija y de los ETPs (ETF, ETC, ETN), o el aumento de las colocaciones de empresas de biotecnología o del sector salud en general. Los gestores de activos, a su vez, han podido aprovechar la evidente sobrerreacción de los mercados del mes de marzo para comprar barato. ¿Realmente está la City en peligro?

Francisco Vidal, Economista Jefe de Intermoney

La experiencia reciente nos ha recordado que no debe descartarse ningún escenario por improbable que parezca, si bien en lo referente a las relaciones entre la UE y el Reino Unido debería imponerse la lógica económica y tomar forma un acuerdo que las regule. El contexto ha cambiado radicalmente y, ahora, ninguna de las dos partes puede permitirse el lujo de alimentar la contraproducente incertidumbre que juega en contra de la actividad económica.

En el momento de escribir esta reseña, el consenso de mercado esperaba una caída del -8% del PIB del Reino Unido y la zona euro en 2020 debido al terrible primer semestre del año, pero también existía un claro consenso respecto a la capacidad para experimentar una clara recuperación. La cuestión es que para ambas partes dicha recuperación sería menos sólida sin la existencia de un acuerdo que regule sus relaciones, en concreto las comerciales, a partir del próximo 1 de enero. Un mal acuerdo resulta mejor que un futuro sin acuerdo y, de hecho, los británicos se están abriendo a la opción de aceptar ciertos aranceles y los socios de la UE a ser más flexibles en lo regulatorio con Londres. En 2019, la UE exportó bienes por valor de 318.225 mill. € a Reino Unido e importó 193.506 mill. €.

Por lo tanto, existen poderosas razones para el acuerdo y éste debe ser el escenario central para los mercados, aunque la experiencia nos recuerda que habrá momentos de tensión al apurarse los plazos. Una situación que se repetirá en lo referente al Plan de Recuperación de la UE que, junto al BCE, es el gran puntal de los mercados europeos frente a los daños de la crisis del COVID-19. A este respecto, la situación para los inversores resulta sencilla: ningún país podrá ni querrá correr el coste económico de otro cierre de la actividad a gran escala. Así que, a la espera de una solución definitiva, fiable y, sobre todo, generalmente accesible frente al COVID-19, se tratará de evitar medidas traumáticas para la economía. Un hecho que será muy tenido en cuenta en unos mercados a la sombra de la tutela de los bancos centrales.

Salomé Bouzas, analista de inversiones de Tressis

A los mercados no les gustan las incertidumbres y el hecho de que lo único que podamos hacer al respecto de estos dos eventos, ambos impredecibles, sean cábalas, complica el trabajo de los analistas.

Comenzando con el Covid-19, la intensidad o persistencia de los efectos a nivel financiero va a depender indudablemente de la evolución sanitaria de la pandemia. Actualmente, la progresiva relajación de las medidas de confinamiento en los principales países desarrollados, junto con las ingentes inyecciones de liquidez de organismos monetarios y gobiernos, han dado alas al optimismo, pero cualquier “recaída” podría ser determinante para que pudiésemos asistir a un cambio del sentimiento inversor que provoque nuevos movimientos correctivos y un aumento de la volatilidad. Por otro lado, el descubrimiento de un tratamiento, o una vacuna, sería clave para que los ciudadanos recuperasen su movilidad y actividad previa, alejando al coronavirus propiamente del foco de catalizadores para los mercados. No obstante, y llegados a este punto, lo que sí persistiría serían las consecuencias microeconómicas de los meses de confinamiento poblacional. Los niveles de endeudamiento y déficit público de los estados serán sí o sí “el elefante en la cacharrería” durante varios años, con importantes consecuencias en los mercados de renta fija.

Con respecto al Brexit, parece que Boris Johnson no está dispuesto a pedir una nueva prórroga a Bruselas, antes del 30 de este mes, siendo entonces seguro que Reino Unido empezaría 2021 desligado de la Unión Europea. El impacto en los mercados dependerá del rumbo de las negociaciones, pues es probable que si nos acercamos a fin de año sin las conversaciones avanzadas esto empiece a generar incertidumbre, sobre todo en las grandes compañías de ambas regiones, más dependientes de que se alcance una solución que no entorpezca los intercambios entre clientes y proveedores a uno y otro lado del Canal de la Mancha.