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El cambio climático: una oportunidad para tener bonos ligados a la inflación

  • 10-12-2019

  • 2 minutos

Si abordamos el cambio climático desde el punto de vista de la inversión, da argumentos para incorporar a la cartera bonos ligados a la inflación. Por una parte, los integrantes del sector privado podemos hacer mucho para ayudar a una transición hacia una economía global baja en el uso de carbono, provisionando financiación para actividades más ecológicas, a la vez que hacemos un esfuerzo por integrar los objetivos medioambientales dentro de las estrategias de inversión.

Chris Iggo, CIO Core Invesments de AXA Investment Managers

Pero, por otro lado, la verdadera parte del león tiene que venir de la acción de los Gobiernos. Si los países empiezan a imponer tasas al carbono de forma más agresiva, habrá implicaciones inflacionarias y de crecimiento, el gran desafío será diseñar políticas que aseguren que el desarrollo de energías renovables sea lo suficientemente rápido como para compensar el potencial incremento generalizado de los precios de la energía.

En todo caso, mientras que la mayoría de comentarios sobre el cambio climático tienden a ser sombríos, hay una forma más positiva de aproximarse al tema, que podría tener enormes beneficios económicos y de inversión, siempre y cuando se consiga un auténtico compromiso y liderazgo por parte de los políticos. La necesidad de combatir el cambio climático, puede ser la excusa para usar la política fiscal de una forma más agresiva. En este sentido, la transición hacia una economía más verde debería estar enfocada, si hablamos de incremento de gasto público, a impulsar la inversión y el empleo. Si esto se lleva a cabo de manera exitosa, los costes asociados a la climatología extrema, los grandes desplazamientos de población o los problemas de salud no serán tan graves como probablemente ocurriría si no se controla el incremento de la temperatura del planeta.

Actualmente, según el Fondo Monetario Internacional, ya hay unos 50 países que tienen en funcionamiento un esquema de fijación de precios del carbono con un coste medio de unos dos dólares por tonelada. Sin embargo, el propio FMI sugiere que sería más necesario un coste de 75 dólares por tonelada si realmente se quiere ayudar a financiar la transición hacia una economía con menos carbono. Naciones Unidas también defiende argumentos similares y lo que todo esto implica es un fuerte aumento de los gastos energéticos para familias y empresas, especialmente en sectores como la industria de productos químicos, acero y muchas formas de transporte.

En definitiva, es necesario pagar más en el corto plazo, para salvar el planeta a largo plazo. Es un mensaje difícil de vender, pero los políticos deberían ser empezar a ser cada vez más honestos respecto a esto y ahí es donde radica la verdadera importancia del ciclo climático.

Habrá ganadores y perdedores en los mercados de renta fija y renta variable y también implicaciones macro-económicas, que hasta ahora no han sido completamente comprendidas, si la política fiscal comienza a estar más condicionada por la reducción del uso de carbono. Estos factores son los que proporcionan, en suma, razones para incorporar bonos ligados a la inflación, que servirán a los inversores para protegerse de cualquier incremento en los precios de los consumidores provocado por la transición energética global.