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El carbón, la COVID-19 y el auge de las energías renovables

  • 04-08-2020

  • 5 minutos

A medida que Reino Unido reduce su histórica dependencia del carbón como fuente de energía, Paul Flood, gestor de carteras en Newton IM, analiza qué consecuencias podría tener el abandono del carbón, en medio de la actual crisis de coronavirus, para la industria energética y los inversores en energías renovables.

En junio, Reino Unido cumplió dos meses sin quemar carbón para generar energía, el periodo más largo desde la Revolución Industrial y, para algunos, un hito importante en la transición de los combustibles fósiles que generan CO2 a la generación de energía más sostenible.

Aunque este cambio se debe en parte a la menor demanda de electricidad por el confinamiento impuesto para combatir la pandemia de COVID-19, y aunque el buen tiempo que se registró durante un periodo inusualmente largo también ayudó, la capacidad para generar energía por medios alternativos al carbón durante tanto tiempo demuestra los beneficios de las inversiones en energías renovables y otras fuentes de energía llevadas a cabo por Reino Unido durante la última década.

Según las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda de electricidad se redujo en un 20% o más durante el punto álgido de la crisis de COVID-19 en los países donde se impuso un confinamiento estricto. En mayo, la agencia pronosticó que la demanda mundial de electricidad se reduciría un 5% en 2020, el mayor descenso desde la Gran Depresión de la década de 1930. Además, la AIE afirmó que las energías renovables parecen haber sido la fuente de energía más resistente a las medidas de confinamiento por la COVID-19.

En este entorno, el futuro es cada vez más negro para la generación de energía a partir de carbón en mercados desarrollados como Reino Unido.

«Reino Unido lleva tiempo dando pasos para abandonar el carbón, por lo que esperamos que el uso del carbón como fuente de energía se reduzca a medida que aumente la generación de energía renovable. Parte del motivo por el que Reino Unido ha podido estar tanto tiempo sin incluir carbón en el mix energético en la primera mitad del año es, obviamente, que la demanda se redujo drásticamente a consecuencia de la pandemia de COVID-19. Aun así, en el punto álgido de la pandemia, hubo suficiente suministro de electricidad generada por otras fuentes, incluidas fuentes renovables como la eólica y la solar».

Paul Flood, gestor de carteras en Newton

Se agota el tiempo

De cara al futuro, Flood ve un panorama sombrío para el sector del carbón, asediado por varios frentes. El gestor señala tanto los costes de compra como los costes medioambientales de quemar carbón, además de otros problemas más prosaicos ligados al hecho de que las centrales térmicas de carbón están cada vez más anticuadas.

«Las emisiones de CO2 no son el único problema de usar carbón para generar energía. Además del coste que tiene comprar y quemar el carbón, resulta bastante difícil parar y volver a arrancar las centrales térmicas de carbón. Como combustible, el carbón ofrece una flexibilidad limitada«.

Paul Flood, gestor de carteras en Newton

Reino Unido no es el único país decidido a poner fin a la generación de energía a partir de carbón. Otros países europeos también lo están intentando: Alemania, cuya red depende más de este combustible fósil que la de muchos otros países europeos, se ha propuesto abandonar su uso. El país se ha fijado como objetivo dejar de generar energía a partir de carbón en 2038 como muy tarde y ya ha acordado un calendario para el cierre de las diferentes centrales de lignito y compensaciones económicas para las operadoras.

A nivel europeo, la reforma del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE) de la UE, con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en, al menos, un 40% de aquí a 2030, también supone una amenaza potencial para una actividad tan intensiva en carbono como la generación de energía a partir de carbón.

¿Un futuro brillante?

En cuanto a las energías renovables, la pandemia de COVID-19, junto con la lenta desaparición del carbón, podrían ofrecer una recompensa inesperada a los productores de energía más sostenible y sus inversores.

Si bien se espera que el impacto inmediato del confinamiento tenga un efecto negativo en la aprobación y construcción de algunos proyectos de energía renovable, a consecuencia del deterioro económico general, lo cierto es que, en el primer semestre de 2020, los inversores dieron luz verde a proyectos de energía eólica marina (offshore) en todo el mundo por valor de 35.000 millones de dólares, más del cuádruple que el año pasado, y la previsión a largo plazo para otras energías renovables también resulta prometedora.

Ya hay unos cinco millones de empleos asociados con las industrias solar y eólica y, además, la caída del coste de nuevos proyectos eólicos y solares en la última década ha hecho que las inversiones de capital resulten mucho más productivas, otra mala noticia para los productores de carbón y otros combustibles fósiles.

Coste de la energía, en dólares (USD) por MWh

Fuente: Lazard, The Economist (4 de julio de 2019).

En términos más generales, Reino Unido y muchos otros de los principales mercados se enfrentan a consecuencias económicas potencialmente nefastas por la pandemia de coronavirus y están intentando recuperarse. En Reino Unido, parece que la recuperación se verá impulsada por el gasto público y Flood espera que una parte se destine a proyectos de energía renovable.

En junio, el gobierno británico esbozó planes para un «New Deal» de 5000 millones de libras orientado a la construcción de viviendas y la renovación de infraestructuras, que incluirá 3000 millones de libras en medidas de eficiencia energética, algo que Flood acoge con satisfacción.

«Tras el impacto de la pandemia de COVID-19, el gobierno británico parece dispuesto a reactivar la economía con más gasto fiscal y esperamos que gran parte de ese gasto en infraestructuras se destine a la economía verde y que respalde el futuro desarrollo de energías renovables«.

Paul Flood, gestor de carteras en Newton

Aunque Flood reconoce que la energía renovable sigue siendo una fuente de energía inconstante, que depende en gran medida de las condiciones meteorológicas, cree que las actuales medidas para impulsar la eficiencia energética, junto con el uso de tecnologías inteligentes en medición y en otras áreas de la red, resultan favorables para los operadores de energías renovables y los inversores en el sector.

«En los últimos 15 o 20 años, hemos ido mejorando la eficiencia energética de nuestros hogares mediante la mejora de los aislamientos, la iluminación LED, los contadores de electricidad inteligentes y las mejoras en la red. Creemos que el aumento de la generación de energía renovable vendrá acompañado del desarrollo de baterías más sofisticadas que nos permitirán almacenar energía de forma más flexible, con el fin de almacenar electricidad y volcarla a la red cuando sea necesario».

Paul Flood, gestor de carteras en Newton

Para Flood, todo esto podrían ser buenas noticias para los inversores en energías renovables. Además, destaca que el valor de las inversiones en este sector se ve respaldado por los subsidios gubernamentales, el grado de diversificación que pueden ofrecer a los inversores y la fiabilidad del sector a la hora de repartir dividendos entre los accionistas.

«A lo largo del año y durante toda la pandemia, las energías renovables han seguido generando ingresos muy estables para los inversores. A pesar de los recortes de dividendos que hemos presenciado en los mercados de valores, las empresas de energía renovable han seguido pagando dividendos estables durante este turbulento periodo».

Paul Flood, gestor de carteras en Newton