Cinco tácticas para invertir en fin de ciclo

  • 20-09-2019

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Cinco tácticas para invertir en fin de ciclo

1) Reducir duración, aumentar calidad

En el momento en que el ciclo empieza a emitir señales de envejecimiento, se hace mucho más vulnerable a las perturbaciones o las sorpresas externas. La suma de esas señales a unas valoraciones del crédito relativamente altas anuncia, a nuestro juicio, el inicio de una época en la que debemos frenar el apetito de riesgo y construir carteras más equilibradas si queremos que sea mayor la probabilidad de preservación del capital en caso de que el ciclo llegue abruptamente a su fin.

Una táctica para ello es reducir la duración de las posiciones de crédito. Los bonos con vencimiento a más corto plazo proporcionan una mayor tranquilidad; están por lo general mejor protegidos frente a la volatilidad del mercado y la mayor proximidad de sus fechas de amortización ofrece cierta ventaja para los precios con un efecto de “pull to par” (aproximación del precio del bono a su valor nominal). Otra táctica es aumentar la calidad del crédito. La calificación media de nuestra estrategia Strategic Income, por ejemplo, se ha ido aumentando de manera sistemática desde la BB+ en enero de 2018 a BBB+ a finales de mayo de 2019.

Cuadro 1:  ‘Duración en diferenciales de crédito – Estrategia Strategic Income’

Basado en la cartera representativa y desde su creación.
Fuente: TwentyFour, 31 de mayo de 2019.

2) Incrementar la exposición a tipos y duración

Los datos económicos de Estados Unidos favorecen la continuidad del ciclo actual, pero se multiplican las señales de una desaceleración de la economía y la crisis de los aranceles comerciales podría intensificarse hasta quedar fuera de control. Los mercados piden a los bancos centrales que diseñen una ampliación del ciclo. La perspectiva es cada vez más incierta y crece el sentimiento de cautela en el mercado, por lo que creemos poco probable que asumir un nivel elevado de riesgo se vea recompensado. La composición de la cartera, en consecuencia, debe ser más equilibrada y prudente.

A mediados de 2016, las posiciones en deuda pública central y en efectivo, siguiendo la estrategia Strategic Income, estaban por debajo del 10%, a finales de 2017 eran de alrededor del 20% y cerca del 30% al cierre de 2018. Además de este incremento de la inversión en activos de bajo riesgo, se aumentó también gradualmente la duración en relación con los tipos de interés (su sensibilidad a los cambios en los tipos) para que sirva como amortiguador en caso necesario.

Cuadro 2:  ‘Apetito de riesgo frente a aversión al riesgo – Estrategia Strategic Income’

Basado en la cartera representativa y desde su creación.
Fuente: TwentyFour, 31 de mayo de 2019.

3) Elegir la curva de tipos adecuada

Las posiciones en activos de bajo riesgo se abren para tratar de proteger los rendimientos más que para generarlos, por lo que la selección debe realizarse en función de su idoneidad como protección y no por su rentabilidad. Por ello, si bien aumentar o alargar la exposición a tipos puede ser una manera eficaz y eficiente de conseguir un sesgo de riesgo bajo para una cartera de renta fija, es importante identificar los bonos de deuda pública que tengan más que ganar en caso de que sigan el deterioro de las condiciones.

En este momento, creemos que esos bonos son los del Tesoro de EE. UU. y, en menor grado, los instrumentos de deuda pública australiana. Las incertidumbres causadas por el Brexit hacen del mercado de los Gilts un lugar incómodo para nosotros y, aunque los inversores en bonos soberanos en euros han cosechado ganancias por los recientes señales de tono suave por parte del Banco Central Europeo, simplemente no hay suficiente rentabilidad en la actualidad en ese mercado para compensar una verdadera recesión.

4) No ignorar el valor relativo

Creemos que es importante evitar valores y sectores de mayor riesgo cuando se invierte en un periodo de fin de ciclo, pero también lo es rastrear en busca de las bolsas de valor restantes.

Una de esas bolsas, por ejemplo, se encuentra en los mercados europeos de crédito. Después de una década de expansión, el nivel de apalancamiento de las empresas es mucho más bajo en Europa que en EE. UU., lo que supone un menor riesgo de impago en caso de recesión. Pese a ello, teniendo en cuenta la moneda y la calificación, el índice de alta rentabilidad en euros presenta actualmente un diferencial de alrededor de 380 pb en el segmento de vencimiento a cinco años frente a solo 313 pb en el mismo segmento de EE. UU.

Otra bolsa es la del crédito británico: desde el referéndum de 2016 ha habido una “prima Brexit” frente a valores equiparables en euros y dólares, lo que creemos que es resultado principalmente de la aversión por parte de inversores extranjeros a activos en libras por temor a importantes fluctuaciones en los tipos de cambio en caso de un Brexit duro. Sin embargo, hay una serie de prestatarios en libras con poco que ganar o perder sea un Brexit con acuerdo o sin acuerdo, y manteniendo las exposiciones en corto podemos tratar de conseguir esa prima de manera segura en ese segmento.

5) Mantener un alto nivel de liquidez

A la vista de las tendencias actuales en los datos económicos y la política general por parte de los distintos bancos centrales de vuelta a las medidas de estímulo, es más que posible que a este ciclo aún le queden otros 18 meses de vida, o incluso más. Y como el ciclo actual ha demostrado en numerosas ocasiones, el camino hacia la siguiente recesión nunca es recto del todo y periodos de ampliación de diferenciales pueden convertirse a menudo en oportunidades de compra, incluso en esta fase relativamente avanzada.

En este sentido, como inversor en renta fija, resulta aconsejable mantener un nivel elevado de liquidez y prudencia para poder reaccionar a cualquier cambio en las condiciones, así como a las posibles oportunidades. En pocas palabras, esta táctica significa tener invertida una parte mayor de la cartera en efectivo y otros activos líquidos equivalentes que puedan realizarse con rapidez y destinarse rápidamente a otras clases de activos, territorios o bonos concretos en el momento en que empiecen a ofrecer valor relativo.