¿Cómo actuar ante una inversión que no da la rentabilidad esperada?

  • 05-02-2019

  • 3 minutos

Lo primero que debemos conocer es lo que se entiende por rentabilidad esperada. Es aquella rentabilidad, que confiamos nos devuelva la inversión una vez transcurrido el horizonte temporal que nos planteamos al realizarla. La rentabilidad esperada puede ser distinta de la rentabilidad real o efectiva. El rendimiento de nuestra inversión va a depender de los sucesos que acontezcan durante el horizonte temporal, los cuales nos llevaran a obtener una rentabilidad mayor o menor a la esperada.

En Intermoney recomendamos a cualquier persona antes de realizar una inversión tener en cuenta varios factores en función de los cuales deberá dirigir su inversión hacia unos activos financieros u otros.

Fijándonos en el pasado más reciente, hemos asistido a un año 2018 muy complejo en todos los mercados financieros. A cierre de año más del 92% de los fondos han terminado con rentabilidad negativa, lo cual ha provocado dudas en los inversores. Solo 167 de los 2230 fondos de inversión domiciliados en España acabaron en positivo.

Hubo pérdidas en lo que a la renta variable se refiere, donde las principales bolsas sufrieron caídas desde el 6% hasta llegar incluso en algunos casos a ser superiores al 18%. Por otro lado, si nos fijamos en algunos índices de renta fija como High Yield (euro) -3.8%, High Yield (USA) -2.1%, Índice Agregada Corporate Eurozona -1.3%, etc, implica que activos que en el crack de 2008 actuaron como activo refugio no sirvieron esta vez para esquivar pérdidas, ni si quiera activos reales como el oro (-4%) o el petróleo (-13%) permitieron al inversor preservar el capital. Es decir, que el último año ha cerrado con unos resultados peores que el de la quiebra de Lehman Brothers, no en lo que a renta variable se refiere, pero sí en activos de otras tipologías que han terminado con rentabilidades negativas más abultadas.

Probablemente usted sea uno de los más de 700.000 españoles que invierta a través de fondos de inversión, y en consecuencia se esté preguntando qué hacer con sus posiciones a la vista de lo expuesto con anterioridad.

Es un hecho que cuando los mercados están al alza, se produce un sentimiento de euforia, contagiando a los inversores debido a la sobrecompra muchos de sus activos. Cuando las cosas van en la dirección opuesta y el inversor entra en pérdidas, llega la sorpresa, el pánico y la incredulidad. Dicha situación provoca que el inversor se plantee deshacer sus posiciones, consiguiendo así únicamente materializar la pérdida.

Si un inversor tiene a priori una visión a largo plazo, no debería el ruido cortoplacista, poner en duda las decisiones fundamentadas que bien el gestor o el propio inversor han tomado. Si las razones que nos han motivado a tomar una posición comprada siguen existiendo, deben ser éstas las que en momentos de volatilidad refuercen nuestras convicciones. Por ejemplo, durante los meses previos al Brexit y tras el resultado de la votación (principios de 2016) el Euro Stoxx 50 llegó a caer casi un 10% y necesitó de tan solo mes y medio para recuperar la barrera de los 3040. Por lo tanto, todo inversor que hubiese tenido dudas durante ese mes y medio y hubiese vendido, no habría dejado que la recuperación posterior devolviese el signo positivo a su inversión.

En las inversiones financieras, debemos tener una visión a largo plazo, no inferior a cinco años, especialmente en aquellas que estemos comprados en fondos de inversión de renta variable. Si usted ha definido bien su perfil de inversión y tiene claro su horizonte temporal, debe de poner al tiempo de su lado y no cegarse con valoraciones diarias, resultados trimestrales, etc. Es una vez transcurrido nuestro horizonte temporal cuando debemos hacer balance de nuestra posición, ya que de lo contrario, no estaríamos siendo imparciales pues toda decisión de inversión ha sido tomada en para un plazo establecido previamente.

Fuente: Intermoney análisis y estudios

El inversor debe ser consciente de que el uso generalizado de la liquidez sistemáticamente como activo, supone una pérdida de poder adquisitivo en el largo plazo. Intentar acertar con el market timing históricamente ha sido menos rentable que mantenerse invertido. La inflación es el mayor enemigo del inversor con el transcurso del tiempo. En momentos de volatilidad como los actuales, tener una cartera diversificada de activos, ya sea a través de fondos de inversión o vía inversión directa, habiéndola ajustado al riesgo y con un horizonte temporal claramente definido, debemos ser pacientes. Si las causas en base a las cuales hemos tomado nuestra posición se consuman, otorgarán probablemente al inversor la rentabilidad esperada. Debemos de ser conscientes que ésta nunca está asegurada, siendo como ya hemos dicho distinta de la rentabilidad efectiva o real.

Desde Intermoney adentrándonos en lo que este 2019 nos puede deparar, aunque ya cerrado el primer mes del año, no nos vamos a lanzar a tratar de adivinar lo que va suceder, si bien es cierto que las bolsas han afrontado con subidas las incertidumbres que se suceden. Con varios frentes políticos abiertos que acontecieron ya el pasado año y además factores económicos a tener en cuenta como la esperada y cada vez menos certera subida de tipos del BCE o la lluvia de resultados durante los días venideros. Hay que confiar en que suceda lo mejor, pero estar preparado para cualquier posible escenario. A nuestro juicio, mejor estar invertidos, pues consideramos que las valoraciones no son elevadas.