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¿Cómo preparar las carteras para el verano?

  • 04-06-2020

  • 4 minutos

Se acerca el verano y con él las llamadas de clientes y reuniones para revisar las carteras, y prepararlas ante unos meses de desconexión. En el momento actual que vivimos con una crisis sanitaria y económica provocadas por la pandemia del Covid-19, el enfoque a largo plazo y la diversificación son clave en periodos de volatilidad del mercado, por lo que la asignación de activos resulta más esencial que nunca. Según el último barómetro de carteras elaborado por Natixis IM, las carteras diversificadas no solo ofrecen una protección mayor en tiempos de caída, sino que también tienden a recuperarse antes. ¿Cómo preparamos nuestras carteras? Hemos consultado a los expertos de Altair Finance, Crèdit Andorrà y Norwealth Capital para conocer sus estrategias de inversión de cara a los próximos meses estivales.

Carlos Mendoza, portavoz de gestión de Altair Finance

Nos encontramos en uno de los momentos más difíciles de gestionar, ya que los mercados se encuentran a medio camino entre los máximos que hicieron antes de la aparición del Covid-19 y los mínimos posteriores de mediados de marzo.

Los datos macroeconómicos, aunque estas últimas semanas han salido menos malos de lo esperado, siguen siendo negativos, y la visibilidad de los verdaderos efectos de esta pandemia sobre los resultados empresariales todavía es escasa.

De momento, la inyección de liquidez da soporte al mercado que se olvida (en el corto plazo) de los problemas de solvencia y de generación de crecimiento y lleva las valoraciones a niveles exigentes dado el contexto actual.  

Las caídas de los mercados nos cogieron muy infraponderados tanto en renta fija como en renta variable en los fondos mixtos de Altair, hecho que aprovechamos para comprar conforme iban produciéndose las caídas.

No obstante, creemos que se presenta un verano con mayor probabilidad de que se produzca volatilidad en las bolsas que en los bonos, por este hecho hemos decidido en Altair soltar pie del acelerador del motor de renta variable (hemos reducido exposición del 70% al 25%) para continuar acompañando la inercia del motor de la renta fija sin asumir riesgo conjunto en ambas patas.

La bolsa ha sido rápida a la hora de caer pero también a la hora de rebotar, dejando detrás a unos bonos que cayeron tanto o más rápido que la bolsa pero que todavía no han disfrutado de un rebote proporcional. De hecho, si bien el peor momento de estrés en el mercado de renta fija lo vivimos a mediados de marzo, este estrés vino determinado principalmente por un problema de liquidez que, con las masivas inyecciones por parte de los Bancos Centrales, dejan una escasa probabilidad de que pueda repetirse en el corto plazo.

Ignacio Fonseca, director de Gestión de Activos de Crèdit Andorrà

Una vez más nos encontramos a las puertas del tan ansiado verano, momento para descansar y desconectar de las rutinas diarias y disfrutar de unas merecidas vacaciones. Pero este año será diferente; la pandemia de la COVID-19 parece que limitará la capacidad de movimiento y los destinos lejanos y exóticos serán substituidos por otros más cercanos.

Pues bien, en los mercados de valores este verano también puede ser diferente. Seguramente algunos aspectos serán similares (menor volumen de contratación), pero el punto de partida es claramente diferente. En los últimos meses hemos vivido una situación extraordinaria con la paralización casi completa de la economía mundial para hacer frente al enemigo común de la COVID-19. Y ahora nos encontramos en las primeras fases de retorno a una “nueva” normalidad, no exenta de riesgos (segundas oleadas de contagio, fuerte aumento del paro, riesgo de incremento de quiebras empresariales, etc.).

Y entonces, ante este escenario, ¿cómo podemos preparar nuestra cartera de valores? Pues la respuesta no es fácil, pero una posición neutral en renta variable respecto a nuestro perfil y primando la renta fija investment grade al cash puede ser una buena elección. Por un lado, tenemos que enfrentarnos a la incertidumbre de la forma en que será la reactivación económica mundial (V, W, U, L o cualquier otra letra que a uno se le ocurra); pero por el otro, las medidas de ayuda a la economía que se han puesto en marcha tanto de política monetaria como fiscal a nivel mundial pueden mitigar los efectos negativos de la pandemia. Por lo tanto, quizás deberemos echar mano al refranero y aplicar el dicho de “nadar y guardar la ropa”. Mantengámonos invertidos en activos de renta variable, pero con margen para poder comprar si el verano nos ofrece oportunidades de entrada de cara a la esperada recuperación de final de año.

Santiago Galletero, CIO de Norwealth Capital 

Indudablemente, este va a ser un verano diferente. Va a ser difícil que nos olvidemos de la primavera de este 2020, sanitaria, social y económicamente. El confinamiento al que el Covid-19 ha sometido a las sociedades de todo el mundo ha convulsionado la actividad humana en todos sus aspectos. No es momento en este artículo de recordar cómo se han desarrollado las cosas en las dos primeras facetas, pero sí que conviene señalar cómo este hecho impactó en la tercera, la económica.

Este confinamiento simultáneo en las principales economías del planeta provocó un shock de oferta (se detuvo la actividad y, por tanto, la producción) y un shock de demanda (confinado y con menos ingresos se consume mucho menos) colapsando la actividad económica durante 6-8 semanas con caídas de actividad históricas y niveles de desempleo no vistos desde 1929. En este entorno, los inversores se lanzaron a una búsqueda desesperada por la liquidez provocando bajadas en prácticamente la totalidad de los activos cotizados. Únicamente el oro y la renta fija estadounidense a largo plazo se mantuvieron con rentabilidades positivas durante este periodo, e incluso estos activos registraron bajadas en lo más profundo de la crisis de liquidez que se desató. Las autoridades monetarias y los gobiernos salieron al rescate y las economías y los mercados están en estos momentos buscando una nueva estabilidad.

En nuestra opinión, las cateras deben estar construidas de manera robusta. Incluir bonos de gobiernos y oro como parte integrante de las mismas que podría compensar las caídas si se produjera un nuevo rebrote de la enfermedad o cualquier otro evento adverso. Siempre y cuando los bancos centrales sigan dispuestos a realizar inyecciones masivas de liquidez, los bonos gubernamentales y el oro serían un buen salvavidas. Pero en estas carteras debería haber sitio para activos generadores de renta como los bonos corporativos de grado de inversión e incluso inversiones creadoras de riqueza en el medio plazo como la inversión en bolsa. Dentro de estas dos clases de activos (bonos corporativos grado de inversión y bolsa), nos decantaríamos por la parte de más solidez y visibilidad en beneficios mientras el entorno no encuentre su nueva normalidad.

Y esto, que es cierto en todo momento, cobrará especial relevancia a lo largo de este verano que será, sin duda, diferente.