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Conservación del agua, ¿oportunidad de negocio?

  • 01-02-2018

  • 3 minutos

Por lo general, la necesidad agudiza el ingenio. Al ser una pequeña isla sin aguas subterráneas, con una capacidad limitada de almacenamiento hídrico, un rápido crecimiento demográfico y una economía en expansión, no es de extrañar que Singapur se haya convertido en líder mundial en reciclaje, conservación y tecnología del agua.

Su ímpetu se ve fomentado por su dependencia del agua importada de una única fuente, Malasia, ya que incrementa su vulnerabilidad ante posibles tensiones diplomáticas. Por consiguiente, Singapur trabaja con determinación para alcanzar la autosuficiencia hídrica en 2060, un año antes de que expire su convenio de importación de agua con Malasia.

De residual a potable

La ciudad-estado podría servir de ejemplo para otras regiones del mundo con escasez de agua, y por eso mismo fue escogida como destino de un viaje de investigación por los miembros del Comité Consultivo de la estrategia Water de Pictet, cuya labor es asesorar al equipo de inversión acerca de las tendencias y adelantos más recientes en el sector del agua.

Lo que descubrieron es que el éxito de Singapur radica en varios factores. De todos ellos, la tecnología es el más fácil de compartir con el mundo. Singapur podría mostrar a otros países tanto la manera de prevenir las fugas utilizando big data como su iniciativa NEWater, consistente en limpiar las aguas residuales para, acto seguido, aplicar otros procesos de tratamiento –microfiltración, ósmosis inversa y desinfección ultravioleta. El agua obtenida a través de estos procesos tiene múltiples aplicaciones en la industria y está lo suficientemente limpia como para ser reutilizada como agua potable. Pero los conocimientos tecnológicos por sí solos no son suficientes para impulsar una revolución hídrica.

Además es necesario que se produzcan inversiones de capital y cambios en el comportamiento de los consumidores. Singapur también destaca como líder en este ámbito. La ciudad-estado no solo es un importante centro de investigación de la tecnología hídrica sino que, mediante la creación de organismos públicos pioneros como la Agencia Nacional del Agua (PUB), también se ha asegurado de que la seguridad y la conservación del agua ocupen un lugar prioritario en la agenda política y reglamentaria.

El compromiso de China

Solo aquellos países que se enfrentan a retos existenciales de igual importancia pueden sentir la motivación necesaria para seguir los pasos de Singapur hacia la conquista del liderazgo en materia de sostenibilidad del agua. Según nuestro Comité Consultivo, China destaca como principal aspirante a ese puesto. Alberga el 20% de la población mundial, pero solo el 7% de su agua dulce.

Las autoridades dedican a ello todo su empeño: solo en el primer semestre de 2017, China puso en marcha unos 8.000 proyectos de limpieza de aguas por valor de 100.000 millones de USD. Las iniciativas para cambiar el comportamiento del público también están surtiendo efecto, concretadas en forma de campañas educativas en centros de enseñanza, multas por contaminación más elevadas y el nombramiento de 200.000 “jefes de río” locales que serán personalmente responsables de la calidad del agua en sus zonas asignadas.

Al contar con el respaldo –y la financiación– del gobierno, la tecnología y la innovación tampoco deberían plantear grandes problemas. Las empresas de abastecimiento de agua de Singapur se encuentran entre quienes compiten para sacar provecho del incipiente compromiso con la sostenibilidad de Pekín.

Un problema local extrapolable al mundo entero

El problema del agua no solo afecta a países emergentes. Hay zonas de Estados Unidos y Australia, por ejemplo, que están amenazadas por la sequía, mientras que los Países Bajos se enfrentan al riesgo de sufrir inundaciones. Los países desarrollados a veces carecen de la enérgica postura oficial centrada en el agua evidenciada por Singapur y China, pero se benefician de una mayor participación del sector privado.

A nivel mundial, la motivación para preservar las aguas superficiales y los acuíferos solo puede ir a más. La distribución de las precipitaciones está cambiando, la población mundial está aumentando y los recursos naturales de agua dulce –tanto superficial como subterránea– se están agotando. Si no se adoptan medidas, el déficit de agua dulce alcanzará el 40% en 2030.

El ejemplo de Singapur nos demuestra que ya disponemos de gran parte de las tecnologías necesarias para mantener la sostenibilidad de los recursos hídricos en el futuro –y otras están en pleno proceso de desarrollo. En la actualidad, otros países están empezando a reconocer los riesgos existenciales que representan los problemas del agua, así como las oportunidades comerciales y de negocio que brinda la sostenibilidad. Con su fuerte compromiso con esta causa, China y otras naciones pueden aprender del ejemplo de Singapur y tomarlo como punto de partida para crear sistemas de abastecimiento de agua aún más sostenibles.

 

The Advisory Board, Pictet