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La debacle de WeWork o por qué los inversores en renta fija nunca deberían confiar en el peligroso colchón de capital

  • 15-10-2019

  • 3 minutos

El frustrado intento de salida a bolsa de WeWork, cuya valoración había alcanzado niveles estratosféricos, debería servir como advertencia para que los inversores en bonos no confíen en el mito del colchón de capital, asegura David McFadyen, gestor de inversiones en renta fija en Kames Capital. A la hora de invertir en renta fija, el hecho de que una empresa disponga de un amplio colchón de capital (el valor de su capital en relación con su deuda) suele considerarse una especie de red de seguridad para los inversores, así como un indicador de la popularidad de la empresa.

Muchos tenedores de bonos de WeWork se sentían seguros gracias, en parte, a la elevadísima valoración de la empresa. Sin embargo, McFadyen señala que los inversores que confían en el colchón de capital de una empresa pueden verse en una situación difícil, como demuestra el reciente caso de WeWork.

La inmobiliaria especializada en espacios de coworking ha perdido un 70% de su valor en seis semanas por una combinación de decepcionantes resultados financieros y dudas sobre sus prácticas de gobierno corporativo, lo que la ha obligado a aparcar su esperada salida a bolsa. Para McFadyen, el desplome de la valoración de WeWork ilustra por qué los inversores en bonos no deberían darle demasiada importancia al colchón de capital.

«A los inversores nos encantan los márgenes de seguridad porque nos dan confianza en que la empresa podrá superar los retos que se le presenten y cumplir con sus compromisos en los momentos difíciles. Para algunos tenedores de bonos, el hecho de que una empresa cuente con un amplio colchón de capital –reflejo de cuánto le gusta al mercado– representa un margen de seguridad. En teoría, si la diferencia entre la valoración de una empresa y su deuda es elevada, los tenedores de deuda estarán protegidos, ya que la empresa se verá respaldada por el mercado de renta variable. Pero es peligroso confiar ciegamente en esta idea».

David McFadyen, gestor de Kames Capital

Aunque los bonos de WeWork no se habían vendido particularmente bien, parecían una ganga ante la perspectiva de una OPV (oferta pública de venta) que confirmaría la valoración del mercado y que, normalmente, incentiva la reducción de la deuda; pero «la valoración no fue la esperada, ya que a los inversores les echó para atrás el precio en relación con los fundamentales del negocio. La valoración ha pasado abruptamente de rozar los 50.000 millones de dólares a situarse cerca de los 10.000 y ahora la OPV está en el aire», añade el experto de Kames Capital. El colchón de capital se ha evaporado, al igual que el supuesto margen de seguridad para los tenedores de deuda.

McFadyen advierte de que esta situación no solo se da entre empresas de la nueva economía como WeWork y pone como ejemplo a la energética estatal brasileña Petrobras.

«Petrobras disponía de dos colchones de capital: su robusta capitalización de mercado –124.000 millones de dólares de capital vs. 95.000 millones de deuda en 2013– y la protección del Estado brasileño. Sin embargo, su capitalización de mercado se desplomó durante la crisis energética y en 2015 rondaba los 22.000 millones de dólares frente a 124.000 millones de deuda. El colchón de capital solo funciona mientras el mercado siga confiando en la empresa y siempre que no se produzca ninguna crisis».

David McFadyen, gestor de Kames Capital

Por eso, a la hora de comprar bonos de una empresa, el gestor de Kames Capital recomienda no dejarse guiar únicamente por su nivel de popularidad en el mercado bursátil.

«Nosotros analizamos las empresas desde una perspectiva bottom-up y solo invertimos en las que puedan sobrevivir claramente después del próximo vencimiento de su deuda, con independencia de que los mercados bursátiles estén sufriendo una crisis o no. Una empresa que crea que puede depender del mercado de renta variable para financiarse in extremis quizás se encuentre con que no puede hacerlo si pierde la confianza del mercado«.

David McFadyen, gestor de Kames Capital