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Piensa ESG y acertarás

  • 05-06-2020

  • 3 minutos

Al albor de la fusión de diferentes tecnologías que están permitiendo difuminar las esferas físicas, digitales y biológicas, ha nacido la Industria 4.0. Nuestra sociedad acoge esta Cuarta Revolución Industrial con los desafíos propios de esta nueva etapa industrial junto con dos grandes retos para la humanidad: el cambio climático y los desequilibrios sociales.

Fortalezas del análisis ESG

Con estos tres grandes retos en el horizonte comenzaba la década de los años 20, y un virus llamado COVID-19 se ha encargado de potenciar la necesidad de abordar estos desafíos al mismo tiempo que combatimos la crisis económica derivada de esta pandemia que azota a todo el planeta Tierra.

Pero ante estas dificultades debemos mostrar una actitud positiva. Esta nueva era puede ser una gran oportunidad para mejorar la condición humana siempre y cuando la gobernanza corporativa se adapte a estos sucesos a tiempo. Para ello las empresas deben ir más allá de satisfacer las necesidades del cliente y abordar necesidades sociales fundamentales a través de su modelo de negocio. Y esta necesidad de cambiar la manera de hacer negocios en un mundo global es lo que llevo a los conocidos economistas, Mark Kramer y Michael Porter, a formular el concepto de Creación de Valor Compartido (CVC).

El Valor Compartido se basa fundamentalmente en la idea de alinear el éxito de las empresas con el éxito de las comunidades en las que participa. Esto requiere de un ejercicio profundo de responsabilidad puesto que debe existir un fuerte compromiso en mejorar el entorno empresarial, al mismo tiempo que se mejora la salud de la estructura comunitaria que lo sustenta.

Este concepto, que bebe de la misma filosofía de integración de criterios ESG a nuestra toma de decisiones de inversión, se aleja del enfoque tradicional de separar los resultados económicos de la empresa con su impacto social o ambiental. Además, la CVC encaja a la perfección dentro de una máxima en el mundo de los negocios: “Los problemas más graves de la sociedad suelen ser también las mayores oportunidades económicas».

Por lo tanto, la Creación de Valor Compartido implica ir un paso más allá puesto que se sustenta en la integración de criterios ESG en la estrategia de negocio y supone un replanteamiento total de las relaciones tanto internas, como con el entorno, de la visión y del rol que tiene la empresa en la sociedad.

¿Cómo llevar a cabo esta transformación empresarial?

Un buen punto de partida es a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados en la Agenda 2030 y que fue aprobada durante la Cumbre del Desarrollo Sostenible en 2015. Los 17 Objetivos planteados persiguen crear un mundo sostenible dando respuesta a los desafíos sociales y medioambientales de esta nueva era. A través de dichos objetivos las empresas pueden crear valor compartido y adquirir fortalezas competitivas para su supervivencia.

De esta forma, los inversores se han visto abocados a incorporar en su toma de decisión el análisis de criterios ESG (o extra-financieros) adicionales a los habituales criterios financieros. Así que ahora no resulta extraño encontrar en los informes de inversión indicadores que muestran como la empresa bajo análisis combate la pobreza, la desigualdad, el cambio climático o fomenta la prosperidad, la paz o la justicia social.

Otra de las fortalezas que ofrece el análisis ESG es que ayuda al inversor a minimizar los riesgos. A través de los indicadores ESG ahora es posible identificar ciertos riesgos que antes sólo eran salvados si disponías de ese concepto tan abstracto llamado “intuición”. Es decir, ahora estamos en disposición de cambiar el conocido refrán que dice: “Piensa mal y acertarás” por un “Piensa ESG y acertarás”.

En conclusión, invertir integrando criterios ESG en la toma de decisión permite a los inversores comprender la nueva dimensión empresarial y ser consecuente con ella.