El acuerdo con China, cada vez más cerca

  • 24-01-2019

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A medida que nos adentramos en 2019, muchos inversores no ven el momento de cerrar el capítulo de 2018 de una vez por todas. No obstante, el acuerdo comercial (o guerra comercial, en función de cómo se mire) entre Estados Unidos y China continúa. Independientemente de la opinión de cada uno, si ignoramos la retórica en torno a Donald Trump, nos encontramos con un presidente estadounidense que comprende a sus votantes y mantiene su mandato con una base sorprendentemente estrecha, equivalente a apenas un cuarto de la población del país.

Con un déficit comercial persistente y de gran envergadura y un estilo agresivo, resulta probable que Trump logre doblegar a China para que acepte un acuerdo comercial favorable para el país norteamericano. Las negociaciones actuales en torno al cierre de la Administración de EE. UU. constituyen un indicador fiable de la probable evolución de la problemática con China. Todo apunta a que las negociaciones podrán extenderse durante un periodo máximo de un mes antes de que sus repercusiones económicas pasen a ser un problema para los votantes republicanos.

La actividad económica se está viendo perjudicada por el proceso pero, en última instancia, Trump conseguirá parcialmente lo que busca, dado que la gran mayoría de los funcionarios son demócratas. Asimismo, no resulta improbable que se logre alcanzar un acuerdo comercial con China en torno a septiembre, lo suficientemente tarde como para llegar a influir en los debates de las primarias republicanas.

¿Qué implica esto para los inversores?

La probabilidad de que se logre un acuerdo tardío con China afectará a nuestra asignación de activos a partir de algún momento en el primer trimestre, favoreciendo a la deuda y la renta variable del universo emergente, así como a la renta variable europea y estadounidense (dada su exposición).

Mantenemos una perspectiva positiva en los títulos de renta variable de volatilidad reducida, así como en la inversión basada en las primas de riesgo o en las estrategias long-short. ¿Por qué? El difícil panorama bursátil de 2018 ha construido una base para invertir en 2019:

En 2018, el crecimiento de los beneficios alcanzó su punto álgido y perdió fuelle. Asimismo, las perspectivas de cara a 2019 se revisaron a la baja, debido a las previsiones de ralentización y de aumento de los costes de producción. El sector de la distribución aún debe descontar esta evolución, sumada al factor de la problemática china. Esto se refleja en la marcada caída del PER y en el descenso de los precios de los activos. Así, se está generando un valor inherente positivo, especialmente en los títulos de renta variable de bajo riesgo.

La volatilidad repuntó a finales de 2018, en un contexto de volúmenes reducidos, y debería mantenerse en niveles elevados

La volatilidad repuntó hasta el 36%, unos niveles similares a los de 2011 y 2015, y prevemos una cota elevada/media del 12% al 25% para 2019, impulsada por un menor crecimiento y un elevado apalancamiento en el segmento de alto rendimiento con un probable aumento del riesgo de impago y de los riesgos políticos.

No parece existir un consenso de mercado sobre las probabilidades de que se produzca una recesión a corto/medio plazo. Por tanto, podrían priorizarse los títulos de bajo riesgo y baja beta o las soluciones orientadas a resultados específicos, como la inversión basada en primas de riesgo o las estrategias long-short.

En el mercado de renta fija, priorizamos la deuda emergente y de la UE frente a la de alto rendimiento estadounidense. La deuda de la UE resulta interesante para los inversores estadounidenses.

Los diferenciales de la deuda de alto rendimiento repuntaron a finales de año y generaron cierto valor en el segmento de bonos basura, con unas tasas de impago previsiblemente reducidas. Sin embargo:

• Los repuntes de la deuda corporativa también suelen señalar temores inminentes sobre los fundamentales, el fin del ciclo económico, y la calidad de los beneficios.

• La caída del precio del petróleo (20%) lastra a las empresas del sector, que representan el 15% del mercado de bonos de alto rendimiento estadounidense .

• El apalancamiento constituye un problema derivado de una época prolongada de política monetaria acomodaticia, especialmente en el segmento del alto rendimiento. Podrían surgir problemas derivados de la refinanciación de la deuda y de la duración a medida que la Fed endurezca su política(aunque este endurecimiento debería interrumpirse.

• La correlación entre los tipos de interés y los rendimientos de la deuda corporativa mostró una evolución favorable en los últimos meses, compensando así el incremento de los diferenciales de crédito.

• El coste de cobertura de divisas en el par EUR/USD repuntó hasta unos máximos históricos de más de 300 puntos básicos, lo que genera oportunidades interesantes para que los inversores estadounidenses se posicionen en la UE utilizando coberturas de divisas.

Preferimos la deuda de alto rendimiento de la UE frente a la estadounidense, en vista de la mayor probabilidad de que el BCE mantenga intacta su política, y dado que en EE. UU. se sigue esperando un ligero endurecimiento.

La deuda emergente debería verse apuntalada por un dólar más débil, la reversión de los flujos de inversión ante un posible acuerdo con China y los tres recortes adicionales a las ratios de reservas obligatorias (RRR) que probablemente efectúe el gigante asiático.

El inminente acuerdo con China China y EEUU alcanzaron una tregua de 90 días después de que el país asiático prometiera adquirir una importante cantidad de bienes estadounidenses; la intención era buena, pero las importaciones de soja se desplomaron con fuerza. Tanto EEUU como China saben que el acuerdo debe apuntalar la candidatura del presidente de cara a 2020. El plazo probablemente termine en el tercer trimestre, dado que el primer debate se celebrará en torno a finales de año y los primeros comicios de las primarias se llevarán a cabo en febrero de 2020.

Otro factor que debemos tener en cuenta es que la audiencia televisiva normalmente alcanza sus máximos en el primer y el cuarto trimestre del año. En vista de lo anteriormente expuesto, todo apunta a que septiembre, cuando la gente vuelva de las vacaciones, será la fecha elegida para anunciarlo.

Desde el punto de vista de las negociaciones, EEUU ya ha transmitido punto por punto lo que quiere, y China está empezando a hacer poco a poco lo propio. Normalmente, las negociaciones suelen divergir antes de converger rápidamente cerca de su conclusión. Por tanto, la clave será determinar la fecha más probable para el acuerdo y, en concreto, el momento en que el mercado empezará a darlo por hecho y a considerar que es solo una cuestión de tiempo: en nuestra opinión, esto se dará en el primer trimestre del año.