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Érase una vez América…y los bonos

  • 23-07-2019

  • 2 minutos

bonos

El S&P 500, el índice más grande de Estados Unidos ha alcanzado estos días una capitalización de mercado de 25 billones de dólares, o lo que es lo mismo: el 50% del MSCI ACWI, el índice que mide la capitalización del mercado en todo el mundo.

Aunque se trata del nivel más alto jamás se ha registrado, hay que tener en cuenta que el total de todos los valores cotizados en todo el mundo ha crecido en casi 11 billones desde principios de 2019. ¿Se podría decir que la causa de estas espectaculares cifras reside en la política instaurada en EEUU por su actual presidente, Donald Trump?

En un principio, estaríamos tentados a afirmarlo así y a darle una palmadita en el hombro a la economía estadounidense por su estímulo fiscal y presupuestario y por haber logrado que la economía estadounidense esté funcionando cerca de su potencial teórico. Pero, indirectamente, esta misma política ha tenido, indudablemente, una influencia sobre el valor de los activos al haber retorcido el brazo de la Reserva Federal de EE UU en busca de unas tasas que compensen los estragos de la guerra comercial con China y de la disputa que el país sostiene con Irán, lo que le permite mantener la presión geopolítica y negociar con el precio del petróleo. Además, no nos olvidemos, está el dólar, cuya fortaleza hace que cualquier persona que posea activos en esta divisa se sienta «segura». 

El oro como contrapeso

De manera paralela a lo anterior, la burbuja de los bonos no ha parado de crecer hasta elevarse por los cielos como un globo de aire caliente sin control: se han invertido 455.000 millones de dólares en bonos globales (he aquí otro récord), haciéndose eco de la caída generalizada de las tasas en todo el mundo (18 reducciones de tasas en los últimos seis meses).

Además, el irremediable ascenso del oro continúa, en un mundo bonos con rendimiento cero, y es que el oro ofrece exactamente lo mismo; su valor depende de que el último comprador quiera ofrecer al vendedor un precio más alto que el que había pagado previamente. Pero, a diferencia de los bonos, el oro es un activo «eterno»: no madura y es tangible. Desde una perspectiva a muy largo plazo, el oro puede convertirse en el contrapeso de las monedas tradicionales devaluadas por las políticas monetarias actuales y, además, en el estándar real, a diferencia de las monedas virtuales y electrónicas que están floreciendo en todo el mundo.