¿Cuál es el escenario económico actual de Argentina?

  • 17-09-2019

  • 6 minutos


Desde que el pasado domingo 11 de agosto ganara de manera aplastante el peronismo en las elecciones primarias en Argentina, la inestabilidad económica que vive el país no ha hecho más que empeorar y los ciudadanos temen que se vuelva a repetir una nueva crisis. A continuación, os dejamos con el análisis de los expertos de MainFirst, Merian Global Investors y Edmond de Rothschild sobre el escenario económico actual de Argentina.

Thomas Rutz, Dorothea Fröhlich, Cornel Bruhin y Dimitrios Nteventzis, gestores de MainFirst

Argentina, ¿de nuevo en la cuerda floja?

Las nuevas medidas arancelarias anunciadas por el presidente Trump a finales de verano han tenido un efecto colateral en los mercados emergentes. Las divisas y los diferenciales de riesgo están en modo corrección. Pensamos que se trata de un movimiento a corto plazo. El atractivo de estos mercados aumentó considerablemente y, en las últimas semanas, los bonos de emergentes en divisa local están entre las opciones más interesantes. No obstante, aún no es suficiente para mejorar la confianza del mercado.

En el caso de Argentina, los inversores vieron cómo las tasas de inflación del país volvían a subir en vísperas de la primera vuelta electoral del pasado mes de agosto. En aquellos comicios, las encuestas predijeron para la reelección del actual presidente Macri, sin embargo, el resultado electoral de la primera vuelta dio como vencedor a Fernández y pilló a muchos inversores con posiciones en contra.

Desde ese momento, se han producido algunos acontecimientos que ponen a Argentina en una situación poco cómoda. Tras la primera vuelta, el actual presidente en funciones, Macri se vio obligado a anunciar la ampliación del vencimiento de los bonos a corto plazo y una ampliación de los bonos del Estado en circulación. El temor a una nueva reestructuración de la deuda argentina por parte del FMI se cebó con los mercados y los precios se hundieron descontando una quita de la deuda de entre el 50%-60%, dando lugar a importantes pérdidas con los bonos a largo plazo cayendo entre 20 y 40 puntos. De hecho, pensamos que la incertidumbre sobre el próximo proceso de reestructuración llevará a una mayor volatilidad en el medio plazo en todos los segmentos de bonos.

El FMI ha mostrado en innumerables ocasiones su apoyo a una restructuración de la deuda; de hecho, ya se había avanzado bastante en este sentido antes de las elecciones de agosto. El problema es que, tras las primarias, los inversores no confían en el actual gobierno y menos aún en el gobierno Fernández/Kirchner -más próximo a la izquierda-, que probablemente salga de las urnas el próximo mes de octubre. Con una subida del 20% del peso argentino y nuevos controles de capital implementados, la inflación podría repuntar de nuevo.

Que Argentina sea o no sea de fiar para los inversores dependerá, en buena medida, del equipo de gobierno que salga de las urnas el próximo mes de octubre. A pesar de la retórica más moderada del señor Fernández, muchos inversores internacionales recuerdan sus antecedentes gubernamentales. De hecho, los inversores están asumiendo una alta probabilidad de reestructuración de la deuda. Los bonos soberanos, pero también los bonos corporativos, ya cotizaban en diferenciales de crédito mucho más amplios (muchos se mueven entre el 30% y el 45%). Creemos que en la actualidad hay mucho miedo que ya se refleja en los precios actuales de los bonos.

En nuestro caso, aunque no tenemos deuda soberana argentina, sí invertimos en bonos en algunas provincias vinculados a compañías de petróleo y gas, y este temor a un gobierno Kichner se percibe en los precios. Por ello, en el último mes hemos reducido nuestras posiciones en el país. En la actualidad, Argentina supone el 2% de la cartera del MF Emerging Markets Corporate Bond Fund Balanced y el 4% del MF Emerging Markets Credit Opportunities Fund. Hemos ido rebajando la exposición a medida que han ido aumentando las probabilidades de una victoria de Fernández sobre Macri, ya que esto se traduce en un aumento de volatilidad.

Delphine Arrighi, gestora del fondo Merian Emerging Market Debt de Merian GI

El inesperado resultado de las «PASO», o primarias, en Argentina a mediados de agosto, que dió al candidato opositor Alberto Fernández una ventaja de 15 puntos sobre el actual presidente Mauricio Macri, llevó al país a una espiral de crisis monetaria y de liquidez.

El movimiento de los inversores extranjeros, pero sobre todo de los locales, hacia la puerta de salida obligó al banco central argentino a quemar 13.000 millones de dólares de reservas de divisas para evitar que el peso se descontrolara, con sus graves implicaciones no sólo para la inflación, sino también para la relación entre la deuda y el PIB de Argentina.

Lo que está en juego aquí, por supuesto, es lo que ocurre con la continuidad de la política y la voluntad del país de pagar la deuda una vez que la oposición, que parece estar bien posicionada para ganar en la primera ronda de votaciones de octubre, llegue al poder.

El fuerte pero necesario ajuste en los déficits fiscal y de cuenta corriente que la administración de Macri realizó en el último año de su mandato ha resultado demasiado duro para los argentinos. En su lugar, otorgaron sus votos al candidato peronista moderado Fernández, cuyas promesas electorales hasta ahora apuntan a objetivos de déficit fiscal más amplios y a una reestructuración de la deuda externa.

Con el impacto traumático de los múltiples impagos de créditos del pasado en la mente de todos los argentinos, la perspectiva de otro más ha alimentado rápidamente la prisa por retirar los depósitos. Este desconfianza ha hecho que el mecanismo de transmisión de la política monetaria sea totalmente ineficaz, como vimos el año pasado y, a su vez, esto ha pesado sobre la moneda. Sin embargo, cuanto más débil es la moneda, mayor es la relación entre la deuda y el PIB del país, lo que, a su vez, reduce el nivel de recuperación de sus bonos denominados en dólares.

Con unas reservas de divisas limitadas y en constante disminución para pagar la deuda, el gobierno tuvo que utilizar su último recurso para contener las reservas y la moneda, que de otro modo se habrían disparado a un nivel poco realista que iba en detrimento de la estabilidad macroeconómica. Aunque los controles de capital están lejos de ser ideales, ya que crean otras distorsiones en la economía, al menos ayudan a mantener a flote al país mientras preparan la transición a la siguiente administración. En este sentido, son bienvenidos, siempre y cuando sigan siendo selectivos y temporales. Esta estrategia también debería permitir un debate más ordenado sobre la reestructuración de la deuda externa del país, junto con los tenedores de bonos y el FMI, que deberían estar más dispuestos a desembolsar su próximo tramo en las próximas semanas, sobre la garantía de que esos fondos no se utilizarán para dar cabida a la fuga de capitales.

En cuanto a las perspectivas económicas a largo plazo de Argentina, parece que todo dependerá de adónde quiera llegar la próxima administración.

Jean Jaques Durand, gestor del fondo de deuda emergente en Edmond de Rothschild

Esperábamos cierta volatilidad de cara a las elecciones del pasado agosto, aunque ni tan pronto, ni tan violentamente como ha sucedido. Pensábamos que cualquier venta debido al ruido de la campaña o al aumento de las posibilidades de una victoria de la oposición podría ser una oportunidad de compra. Después de la primera crisis de confianza, la devaluación y el rescate del FMI el año pasado, los activos argentinos ya habían sido descontados sustancialmente y presentaban valoraciones atractivas en el contexto de una cierta continuidad de las políticas y de un mayor apoyo del FMI. El único impedimento para tener una mayor exposición fue el hecho de que, a pesar de esta corrección, Argentina seguía siendo una de las mayores posiciones en la mayoría de los fondos de deuda emergente.

Sin embargo, seguimos pensando que la presidencia de Alberto Fernández no tendrá nada que ver con el último mandato de Cristina Kirchner, marcado por políticas dogmáticas e intervencionistas, unidas a un aislacionismo. Alberto Fernández mostró en el pasado más pragmatismo hacia las políticas económicas. De hecho, fue una de las razones por las que tuvo que dejar su puesto de jefe de gabinete durante la primera administración de Kirchner después de que las políticas económicas comenzaron a radicalizarse.

Es de esperar que Cristina Kirchner, como vicepresidenta, desempeñe un papel mucho más pasivo. Una de sus principales motivaciones es mantenerse fuera de la cárcel gracias a una inmunidad contra los diversos procedimientos judiciales por corrupción en los que ella y su familia se han visto envueltos en los últimos años.

En este sentido, creemos que existe una probabilidad muy alta de que las nuevas administraciones se mantengan en el marco de un programa renegociado del FMI. El FMI, por su parte, tiene todos los incentivos para hacer que esto funcione, ya que es su mayor programa pendiente y han invertido demasiados esfuerzos políticos como para dejarlo fracasar.