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La experiencia de China con el coronavirus: lecciones para los inversores globales

  • 19-03-2020

  • 4 minutos

Ahora que China comienza a mostrar los primeros signos de éxito en la contención del coronavirus, los mercados regionales registran un comportamiento mejor que sus homólogos del mundo desarrollado. Habida cuenta de que EE. UU. y Europa siguen atravesando una situación de pánico por la pandemia, en nuestra opinión los inversores deberían tomar la experiencia de China como referencia.

Después de tres meses de lucha contra el coronavirus, parece que China ha comenzado a experimentar un cambio de tendencia. Para mediados de marzo el número de nuevos infectados por el Covid-19 en el epicentro de Wuhan se había reducido drásticamente. Hong Kong, Taiwán, Singapur y Corea del Sur también parecen mantenerse bastante bien. Por el contrario, en el mundo desarrollado los casos de nuevos infectados aumentan rápidamente; Italia se encuentra en confinamiento y EE. UU. y otros países europeos están comenzando a aplicar medidas más restrictivas para ralentizar la propagación del virus.

Las acciones chinas se estabilizan, mientras que EE. UU. y Europa se desploman

Los patrones del mercado han reflejado esta divergencia. Mientras que el mercado estadounidense se ha visto en caída libre esta semana, las acciones chinas se han estabilizado. En efecto, el MSCI China A Index avanzó un 0,3% en dólares en el periodo transcurrido entre el 1 de marzo y el 12 de marzo. Durante ese mismo periodo, el MSCI World se dejó un 17% y el S&P 500 se hundió en terreno negativo, con una caída del 16%.

Pero, ¿por qué los mercados chinos no han seguido cayendo? Creemos que esto se puede deber en gran medida a la experiencia y preparación relativa de la población local para este tipo de crisis. Y como inversores en el pasado también hemos presenciado rápidos repuntes de los mercados después de una crisis de salud pública.

La guía del SARS para la población general y los inversores

En el año 2003, el sur de China, Hong Kong y Taiwán se vieron duramente afectados por el virus SARS. Esa epidemia dejó tras de sí un duradero legado cuyas cicatrices persisten. Por ejemplo, la mayoría de los edificios de oficinas y centros comerciales disponen de desinfectantes de manos colgados en las paredes. Por tanto, cuando surgió la epidemia del coronavirus, la población ya tenía práctica: mascarillas y lavado de manos vigoroso. Los conciertos se cancelaron, la población se quedó en casa y no acudía a los restaurantes. Muchas compañías —incluida la nuestra— adoptaron rápidamente la opción del teletrabajo. Esta limitación de los contactos sociales y las prácticas de higiene, grabadas en la mente de la población desde 2003, explican en gran medida la contención del virus —además de todas las medidas que haya podido adoptar el gobierno—.

Los mercados de renta variable también han aprendido la lección de 2003. Los inversores desempolvaron rápidamente la guía de la epidemia del SARS. Se tranquilizaron cuando el gobierno respondió con grandes inyecciones de liquidez y promesas de estímulo, permanecieron atentos a los signos de que la epidemia había tocado techo y regresaron de inmediato al mercado. En nuestra opinión, la ausencia de pánico y una actitud de «ya hemos visto esto antes» son las principales diferencias entre el mercado chino y lo que está sucediendo actualmente en los mercados desarrollados.

Por su puesto, la valoración también juega su parte. En la década posterior a la crisis financiera y hasta finales de 2019, el mercado estadounidense repuntó y el S&P 500 registró una rentabilidad total acumulada superior al 250%. Por su parte, el índice MSCI China A Onshore avanzó solo un 14% durante ese mismo periodo. Como resultado, la valoración de las acciones chinas sencillamente no se acercaba ni de lejos a la de sus homólogas estadounidenses cuando comenzó la crisis del coronavirus. El ratio precio/beneficios a plazo del MSCI China A Onshore Index era de 12,6x a finales de febrero, mientras que el S&P 500 cotizaba a 21,7x.

¿Los mercados desarrollados seguirán la senda de China?

Habida cuenta de que las acciones estadounidenses y europeas se han visto vapuleadas esta semana, muchos inversores tratan de averiguar si los países desarrollados seguirán la senda de China en su lucha por detener o ralentizar el virus. En estos momentos parece que EE. UU. y Europa se encuentran entre cuatro y seis semanas por detrás de China en su experiencia con el virus.

No es posible realizar comparaciones directas, porque existen grandes diferencias. El sistema político vertical de China le permitió cerrar regiones enteras para detener la propagación del virus. En las democracias occidentales ese tipo de medidas resultan más difíciles de aplicar. Sin embargo, ya se está comenzando a imponer una limitación de los contactos sociales, incluyendo la cancelación de actos públicos, la suspensión de la temporada de la NBA y el cierre de los centros educativos.

Las ventas en situaciones de pánico reflejan incertidumbre real

Todo esto es nuevo para el mundo desarrollado. Y esto explica en cierto modo el pánico de los inversores. No cabe duda de que se producirán daños económicos reales y de que las empresas se verán afectadas. Las ventas indiscriminadas en situaciones de pánico reflejan la incertidumbre real con respecto a la crisis económica, el alcance del estímulo fiscal y el impacto sobre los beneficios de todos los sectores, industrias y compañías. El mundo no se ha enfrentado a la amenaza de una pandemia mundial de tal gravedad desde hace un siglo. Los inversores estadounidenses y europeos pensaron que no disponían de una guía para hacer frente a esta situación sin precedentes.

La experiencia de China ofrece esperanzas

En efecto, creemos que la experiencia de los mercados de Gran China en los meses de enero y febrero representa la mejor guía para EE. UU. y Europa. ¿Cuál es la lección principal? Aunque sean aterradoras, las epidemias graves suelen ser temporales. Y lo mismo sucede con las crisis bursátiles provocadas por el virus.

Al igual que ocurrió en China en enero, el virus parece estar propagándose de forma incontrolada por todo el mundo y las perspectivas del mercado son desoladoras. Las previsiones de potenciales infecciones y muertes son alarmantes y trágicas. Nosotros no subestimamos los peligros.

Pero hace dos meses las previsiones para China eran similares. Todavía existe temor a una «segunda oleada» de infecciones y muchos cuestionan la exactitud de los datos chinos. Sin embargo, creemos que la mejora de la situación en Taiwán, Singapur y Hong Kong —donde en general los datos se consideran más sólidos— ofrece pruebas tangibles de que la crisis comienza a estar bajo control en la región.

Esperamos que, al igual que ha sucedido en China, el endurecimiento de las medidas del gobierno y la limitación de los contactos sociales puedan ayudar a los países desarrollados a combatir el virus. Es posible que el clima más cálido de la primavera también ayude. Por el momento la incertidumbre es real y la volatilidad del mercado persistirá hasta que se observen signos de mejora. Pero si EE. UU. y Europa dan los pasos correctos y consiguen estabilizar las cifras de infectados, creemos que el mundo podría finalmente seguir la senda de los mercados chinos hacia la recuperación.