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El futuro del comercio minorista

  • 16-07-2020

  • 3 minutos

Una de las principales incógnitas que plantea la pandemia de coronavirus es cómo afectará a nuestro comportamiento como consumidores, no solo a corto plazo, sino también en el futuro. Algunas de las tendencias de consumo más en auge en los últimos años, como la mayor demanda de experiencias, se verán cuestionadas, ya que actividades como comer fuera, ir a un spa o irse de vacaciones se han vuelto más difíciles, mientras que otras, como comprar online, se han acelerado. Sin embargo, hay algo que no cambiará: disfrutamos consumiendo y seguiremos haciéndolo.

Aunque es posible que haya habido algunos cambios en las empresas mejor situadas para beneficiarse de nuestros hábitos de consumo, muchos de los temas principales se han mantenido constantes, especialmente en el sector minorista.

El auge del comercio electrónico

El comercio minorista está cambiando rápida y drásticamente. Las tiendas físicas ya tenían problemas mucho antes del coronavirus, por el declive de las ventas de los comercios tradicionales y el aumento de la competencia por parte del comercio electrónico.

No cabe duda de que la Covid-19 ha acelerado esta tendencia hacia las compras online para el consumo doméstico, como demuestra el aumento de la cotización de Amazon, que ha avanzado un 45% en los primeros seis meses del año. Además, las ventas al por menor de EE. UU. crecieron un 17% en mayo, uno de los aumentos más fuertes de la historia.

Una cuestión clave a tener en cuenta a medida que se relaja el confinamiento es cómo podrán soportar los comercios tradicionales la competencia de comercios online como Amazon, Asos o Boohoo. Muchos han comenzado a invertir en su propia infraestructura tecnológica para satisfacer el aumento de la demanda de compras online durante el confinamiento, pero también tendrán que pensar en cómo atraer a los consumidores a sus tiendas.

El valor de la experiencia

La experiencia de cliente se ha convertido en un aspecto determinante para diferenciarse de la competencia. Para sobrevivir, muchos comercios están intentando adaptarse a las necesidades y los deseos de cada consumidor, transformando así tanto sus propuestas de valor como sus modelos de negocio.

Es importante recordar que las tiendas físicas pueden ser un punto de contacto con los consumidores muy eficaz, como en el caso de Inditex, grupo al que pertenece Zara. Ahondando en la temática de la tecnología, la empresa ha combinado en sus tiendas la experiencia física con las capacidades digitales. Los clientes pueden reservar productos para recoger en tienda a través de la aplicación móvil, escanear códigos QR en maniquíes, pagar por sus compras al instante o concertar una cita con un estilista en la tienda. La empresa tiene un modelo de negocio único, ya que la experiencia de cliente combina los beneficios del comercio virtual y físico, una tendencia que, en nuestra opinión, se impondrá a largo plazo.

La inmunidad de los productos de lujo

Curiosamente, el sector del lujo parece haber sido en gran medida inmune a los efectos de la Covid-19. Varias firmas de artículos de lujo han publicado sólidas cifras de ventas, entre ellas Louis Vuitton, cuya cotización avanzó un 7% en los primeros seis meses de 2020. Los cierres forzosos de tiendas a consecuencia de la pandemia subrayan la importancia del comercio electrónico en el sector del lujo, ya que las firmas con estrategias competitivas más avanzadas en este sentido, como Louis Vuitton y Kering, han salido beneficiadas. Las dos respondieron rápidamente al confinamiento aprovechando las redes sociales y lanzaron showrooms virtuales para compradores de todo el mundo.

El consumidor emergente

Los consumidores de los mercados emergentes, por lo general más jóvenes y con un creciente porcentaje de renta disponible, son más propensos a querer comprar productos de estilo occidental, especialmente de marcas conocidas. Los mayores niveles de renta de los consumidores de mercados emergentes representa una enorme oportunidad de inversión y de crecimiento para las marcas mundiales que quieran adentrarse en este floreciente mercado.

Para los inversores, el sector del comercio minorista todavía ofrece oportunidades, por ejemplo, a través de empresas de consumo que ya están bien posicionadas, aunque puede que algunas de estas empresas presenten unas valoraciones elevadas. Preferimos buscar empresas con potencial de crecimiento que se estén transformando para alinear su modelo de negocio con las tendencias generales del sector y cuya cotización aún no refleje esa oportunidad. También nos gustan las empresas que están en buena posición para aprovechar las tendencias actuales, como el aumento del gasto en consumo en los mercados emergentes.