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¿Hay apetito de los inversores por los activos asiáticos?

  • 27-07-2020

  • 3 minutos

Desde principios de mes, el mercado nacional chino de renta variable, según medición del índice Footsie China A 50, ha experimentado cambios muy bruscos. Nada sorprendente para quienes recuerdan el final de agosto de 2015, cuando la renta variable china perdió más del 20% y luego repuntó un 17% en dos semanas.

En aquel momento, la decisión del Banco Popular de China (PBoC) de devaluar el yuan frente al dólar provocó el toque final de un “bear market” (mercado a la baja) que comenzó dos meses antes y que siguió a un aumento de más del 100% en el mercado chino en un plazo de 7 meses (mientras que los mercados de todo el mundo solo crecieron en torno al 5% en el mismo período).

Nada comparable con la situación actual. Si bien el índice chino es uno de los pocos con valores positivos desde principios de año, está muy por detrás del Nasdaq y, antes de los brutales movimientos de julio, su trayectoria era muy similar a la de los mercados mundiales.

Por otra parte, los catalizadores de los fuertes movimientos alcistas (artículos de un periódico estatal elogiando el mercado de valores nacional y comentarios halagadores sobre el impacto de la política del PBoC en la economía) y bajistas (temores sobre ciertos bancos regionales, medidas para frenar la burbuja inmobiliaria en Shenzhen, elementos negativos sobre el gigante del alcohol Kweichow Moutai) están muy lejos del nivel de la devaluación sorpresa de 2015.

En realidad, estos movimientos son más indicativos de la posición ambivalente de los inversores frente a los mercados asiáticos emergentes, en general, y frente a China, en particular. Por un lado, se mantienen las reticencias. Persiste la fragilidad estructural en esta zona. Muestra de ello son los recientes temores sobre la solidez de algunos bancos regionales en China y su área de influencia. La opacidad sobre una serie de cuestiones económicas y políticas, así como las dudas sistemáticas sobre la credibilidad de las cifras difundidas por las autoridades, limitan la confianza.

Por último, las tensiones geopolíticas siguen estando activas, especialmente con Estados Unidos, con la toma de control por seguridad de Hong Kong por parte de China como nuevo pretexto, y también con otros países del mundo, como, por ejemplo, la exclusión de Huawei de las futuras redes 5G de varios países europeos.

El apetito de los inversores por los activos asiáticos no ha disminuido

Por otro lado, el apetito de los inversores por los activos asiáticos no ha disminuido, apoyado por realidades económicas tangibles. En primer lugar, las realidades macroeconómicas, por ejemplo, con la publicación del sólido crecimiento del PIB chino en el segundo trimestre, que favorece el escenario de una recuperación en forma de “V”, o las cifras de empleo en Corea del Sur, que cuenta una tasa de desempleo de sólo el 4,3%. Y también las realidades microeconómicas. Los índices asiáticos están dominados por los gigantes de Internet (Alibaba, Baidu, Tencent, Meituan Dianping) y los semiconductores (Taiwan Semiconductor, Samsung), que se han visto muy favorecidos por la crisis del Covid-19 y que, además, están avanzando rápidamente hacia la independencia tecnológica. Si, en el pasado, invertir en la zona asiática podía ser sinónimo de invertir en los relevos de producción de la vieja economía occidental, hoy en día las cosas han cambiado radicalmente.

No cabe duda de que la zona asiática, a pesar de ser el punto de partida de la pandemia, surge como el gran ganador de la crisis. China emprende el camino de una recuperación en forma de “V”. Corea del Sur y Taiwán, a los que cada vez resulta más conceptual denominar países «emergentes», se han presentado como ejemplos globales en su gestión de la crisis sanitaria. Las medidas de confinamiento han favorecido a los sectores digitales, que están muy representados en Asia. Las únicas sombras en el horizonte: el carácter todavía sulfuroso de China para muchos inversores y, sobre todo, el riesgo de nuevas tensiones con Estados Unidos. Probablemente no sea suficiente para detener una dinámica de largo recorrido con un potencial intacto.

Mientras, la encuesta del Banco Central Europeo sobre préstamos bancarios con los bancos de la zona euro (Bank Lending Survey) muestra una demanda muy elevada de préstamos por parte de empresas en el segundo trimestre, principalmente para satisfacer las necesidades de capital circulante y de financiación de inventarios. Los bancos esperan que las condiciones crediticias para las empresas se endurezcan ligeramente en el tercer trimestre y que la demanda de préstamos disminuya, aunque siga siendo relativamente alta. Está claro que los bancos siguen haciéndose eco de la política monetaria y las medidas de apoyo de carácter estatal.

Por su parte, en Estados Unidos ha comenzado la temporada de las publicaciones y, en concreto, han sido los grandes valores bancarios los que han abierto el baile. Y las cifras son tranquilizadoras. JP Morgan, Goldman Sachs, Citi Group y Bank of America, todas ellas registran unos resultados considerablemente a la baja, lastradas sobre todo por importantes provisiones para posibles impagos de deuda, pero muy por encima de las expectativas, gracias especialmente a las actividades de la banca de inversión.