He perdido menos que la bolsa, ¿un consuelo?

  • 03-05-2018

  • 4 minutos

El trabajo de un gestor, asesor o agente de una cartera de inversión que ha dado rentabilidad negativa puede ser complicado, aunque ésta haya sido mejor que la de las bolsas. En ese caso, se puede oír en los despachos la típica frase “sí, hemos caído, pero menos que las bolsas en un X%”.

Aún siendo cierto, y fácilmente demostrable, el cliente (especialmente si es particular) lo puede rebatir con un “pero yo no quiero perder” o “si lo hubiera tenido en un plazo fijo no hubiera perdido nada”. En muchos casos hay que dar varias explicaciones, los números son buenos amigos en estos casos, pero nunca debería quedar la sensación de que se trate de un simple consuelo, porque realmente no es así, al menos en algunos casos.

Si la cartera es puramente bursátil

Para carteras de inversión bursátiles, pongamos en este compartimento las que tienen entre un 75% y un 100% de sus activos de renta variable, la explicación es algo más sencilla: si se pierde menos en momentos bajistas, cuando sube, aún haciéndolo idéntico al mercado, se ganará más en su conjunto.

Utilizando un símil deportivo, equivaldría a la disputa de una carrera de fórmula 1 que empieza en condiciones de lluvia y, por tanto, a ritmos mucho más lentos a lo habitual. El piloto que sea capaz de hacer el tiempo “menos malo”, no haya sufrido accidentes y no haya arriesgado más de la cuenta irá en primera posición, aunque haya ido más despacio de lo que podría haber ido. En el momento en que salga el sol y la pista se seque, le bastará con ir al mismo ritmo que los demás para ganar la carrera.

Podría darse el caso, que el inversor insista con preguntas del tipo: “¿y si nunca sale el sol y no se seca la pista?”. La respuesta vuelve a ser relativamente sencilla: invertir en bolsa es invertir en empresas, es decir, los actores que mueven la actividad productiva del mundo, por lo tanto a largo plazo siempre tendrán que crecer más de lo que lo hace, por ejemplo, la inflación. En caso contrario no tendría sentido alguno la existencia de compañías.

Valga como ejemplo la evolución de las bolsas desde el año 2000 hasta hoy, periodo en el que hemos vivido dos grandes crisis bursátiles: la punto com y la financiera:

Existen tres supuestos donde no existe respuesta alguna, o bien es mucho más complicada:

1. Cuando el global de la cartera, computando rentabilidades positivas en momentos buenos, y negativas en malos, sea peor que las bolsas.

2. Cuando el profesional tiene limitación geográfica o sectorial: hay zonas o sectores que pueden no recuperar nunca, no en vano la economía va variando y hay sectores que a día de hoy ni siquiera existen o zonas que han vivido burbujas con niveles inalcanzables en el futuro (ojo, parecía que la tecnológica del Nasdaq nunca se superaría y lo ha hecho con creces).

3. Cuando el inversor final está dispuesto a ser activo y tiene herramientas o profesionales capaces de rebalancear su cartera entre inversiones bursátiles y no dependiendo del momento de mercado.

Si la cartera es flexible

En caso de gestionar/asesorar/defender una cartera de inversión más conservadora, llamémosle mixta-flexible, alternativa, patrimonial o de retorno absoluto puede ser más complicado de explicar, aunque elimina las pegas 2 y 3 del punto anterior.

Para estos tipos de portfolios, no vale hacerlo “menos mal” que la bolsa ya que cuando ésta suba lo lógico es que lo haga con mayor ímpetu. Por lo tanto, hay que explicar muy bien la realidad de la inversión: objetivos realistas de rentabilidad y sistemas de protección ante caídas bursátiles. Los índices de referencia pueden ser útiles pero en muchos casos pueden no ser del todo realistas y además difícilmente explicables a clientes minoristas a los que, por ejemplo, el 33% del Ftse 100, el 33% de los bonos a 10 años y el 33% del Euribor no van a ser fácilmente asimilables.

La clave de este tipo de carteras, que pueden llegar a tener un enfoque tan patrimonial que todo lo que tenga una persona esté invertido en ella, es minimizar las pérdidas en función de los objetivos.

Recuperando el símil deportivo anterior, sería equivalente a que, en la carrera, cuando esté la pista mojada ni siquiera se salga a competir para no gastar motor, ni juegos de neumáticos ni arriesgarse a un accidente; realmente el objetivo no es quedar el primero, sino simplemente acabar e ir puntuando poco a poco. Sin embargo, no siempre se estará en boxes, habrá momentos en los que la lluvia coja en mitad de una vuelta, o que se reincorpore a la carrera cuando todavía chispea para intentar ganar algo de ventaja; y estos riesgos se deben asumir siempre que sean acordes a los puntos conseguidos.

Este tipo de carteras y, por tanto, la explicación ante caídas tiene dos pegas:

1. Si en momentos de subidas bursátil la cartera no se ve beneficiada o lo hace en menor medida de lo que ha sufrido las caídas.

2. Si la remuneración de los gestores va en función de la rentabilidad y éstos han asumido más riesgos de los que el momento de mercado aconsejaba.

Aún siendo profesionales éticos, el subconsciente le podría haber fallado. Aún siendo 100% objetivos es más difícil de defender.

En definitiva, la tarea de profesionales de la gestión, asesoría o de atención comercial al inversor pueden ser complicadas dependiendo de los mercados, sin embargo dando calidad, conociendo los mercados, al producto y al cliente todo es más fácil.