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Hong Kong y su Ley de Seguridad Nacional

  • 03-06-2020

  • 5 minutos

Los recientes acontecimientos acaecidos en Hong Kong sobre su Ley de Seguridad Nacional están en la prensa internacional y se han convertido en una herramienta política en manos de la administración Trump. Tratando de ser lo más racional posible, queríamos compartir nuestras opiniones como gestores de fondos presentes en Hong Kong.

Propósito de la Ley de Seguridad Nacional

Empecemos por contextualizar. El Congreso Nacional del Pueblo (NPC), el órgano legislativo de China, está a punto de promulgar una Ley de Seguridad Nacional que formará parte de la Ley Básica, es decir, de la mini-constitución de la Región Administrativa Especial de Hong Kong. El propósito de la Ley de Seguridad Nacional es criminalizar los actos de sedición, secesión, traición y terrorismo, que es algo que la mayoría de los países soberanos contemplan en sus propias constituciones. Por ejemplo, en EE.UU., la traición está contemplada en el Artículo III, Sección 3 de la Constitución, y la sedición por el Título 18 del Código de Leyes. Sin embargo, la realidad en Hong Kong es que cuando los negociadores chinos y británicos redactaron la Ley Básica, se acordó en el artículo 23 que el Gobierno de Hong Kong tendría que aprobar esa ley después de la entrega de dicho territorio en 1997. Un primer intento de hacerlo en 2003 fracasó tras las protestas masivas de la población, y el asunto se pospuso sine die. En otras palabras, veintitrés años después de la entrega, la ciudad todavía no tiene ninguna ley para detener y someter a juicio a nadie acusado de tales actos.

A mediados de 2019, el Gobierno de Hong Kong tomó la iniciativa de redactar un controvertido proyecto de ley de extradición que provocó un gran caos en las calles, incluso después de que el proyecto de ley fuera finalmente archivado. Durante ese período, algunos manifestantes lucharon abiertamente para que Hong Kong se independizara de China, algunos de ellos portando las banderas de Estados Unidos y Reino Unido. La violencia callejera también siguió aumentando con algunos extremistas que se apoderaron de armas de fuego y explosivos. Desde entonces, gran parte de la población de Hong Kong esperaban que el gobierno reabriera la cuestión del artículo 23 para introducir una ley contra la sedición, la secesión, la traición y el terrorismo. Sin previo aviso, Pekín inició el proceso durante la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional de China.

El método elegido por Beijing puede parecer abusivo, ya que se trata de una promulgación de la Asamblea Popular Nacional, el órgano legislativo de China, y no de Hong Kong. Pero Beijing utilizó en realidad una disposición específica de la Ley Básica (artículo 18) que permite a la Asamblea eludir al poder legislativo de Hong Kong en «circunstancias especiales».

Algunos pueden argumentar que el momento elegido por Beijing para llevar a cabo esto es inoportuno. Los disturbios de 2019 ya han tenido un impacto devastador en la economía de Hong Kong. Los turistas de China continental casi desaparecieron. Los centros comerciales y las tiendas de lujo sufrieron enormemente, al igual que los hoteles, restaurantes y todos los negocios relacionados con el turismo. Luego vino el COVID-19 y, con él, el cierre de las fronteras de Hong Kong y la total eliminación de cualquier negocio relacionado con el turismo. Reavivar ahora el tema de la Ley de Seguridad de Hong Kong podría ser visto como una provocación por parte de Beijing y ha contribuido a que la relación entre EE.UU. y China alcance niveles tensión que no se habían visto en décadas.

Creemos que el momento de promulgar la ley, en realidad, fue elegido a propósito. La economía de Hong Kong ya está de capa caída después de nueve meses de caos seguidos de la crisis del COVID-19. Las relaciones entre EE.UU. y China están en ruinas, por lo que las cosas difícilmente pueden empeorar. La población de Hong Kong necesita urgentemente una estabilidad a largo plazo. En cuanto al impacto en la economía de Hong Kong de esta Ley de Seguridad Nacional, somos, sorprendentemente, optimistas. Sostenemos que el reciente paso dado por Beijing, por muy controvertido que sea, devolverá gradualmente a Hong Kong la confianza que los inversores de China continental habían perdido durante el año pasado. Al imponer su Ley de Seguridad Nacional a Hong Kong, Beijing está reduciendo la prima de riesgo de los activos de Hong Kong proporcionando una mejor visibilidad sobre el futuro de la ciudad. Es de esperar que esto atraiga de nuevo a los inversores y turistas de China continental que han desaparecido de forma notoria durante los últimos 18 meses.

¿Y ahora qué?

La pregunta de qué pasará con Hong Kong después de 2047, cuando el marco de «Un país, dos sistemas» llegue a su fecha de caducidad, está obsesionando a mucha gente. No tenemos una bola de cristal, pero ciertamente no compartimos la idea de Mike Pompeo de que «Hong Kong ha perdido su autonomía». Actualmente, Hong Kong todavía tiene su propio sistema judicial, su propia moneda, una firme frontera con China, prensa libre y no hay censura en Internet. El Comisionado del Ministerio de Asuntos Exteriores de China en Hong Kong dijo recientemente que la nueva ley de Seguridad Nacional «no cambiará el sistema jurídico de Hong Kong, ni afectará al poder judicial independiente, incluido el de adjudicación final, ejercido por el poder judicial en Hong Kong». Esperemos que esto resulte ser una declaración certera.

La administración Trump ha anunciado que eliminará el estatus especial del que Hong Kong disfrutaba desde 1992 y, por el cual, dicha región administrativa es tratada de forma diferente a China continental. No obstante, creemos que las medidas que se adopten serán más simbólicas que cualquier otra cosa: las exportaciones de Hong Kong a Estados Unidos, que no son reexportaciones de China y que hasta ahora estaban exentas de los aranceles estadounidenses, representan menos del 3% del PIB de Hong Kong y consisten principalmente en servicios postales y logísticos. Cualquier otra medida adoptada contra Hong Kong perjudicaría ante todo a su población, lo que no es necesariamente el objetivo de la Casa Blanca, por no hablar del impacto que cualquier medida pueda tener en las 1.200 empresas estadounidenses que tienen operaciones en Hong Kong.

Otro aspecto positivo que vemos para la ciudad es la posible inclusión en la lista de Hong Kong de las empresas chinas que actualmente cotizan en EE.UU. La administración Trump y el Senado de EE.UU. han apuntado recientemente a las empresas chinas que cotizan en EE.UU., obligándolas a dejar de cotizar en dicho mercado en caso de que no cumplan en tres años con las normas de contabilidad de EE.UU. o no puedan demostrar que no están controladas por el Gobierno chino. Alibaba ha abierto la veda obteniendo recientemente una cotización secundaria en Hong Kong. Creemos que es cuestión de tiempo que las otras 146 empresas chinas que cotizan en Estados Unidos, con una capitalización total de mercado superior a 1,3 billones de dólares, sigan la tendencia y trasladen su cotización principal a Hong Kong y, en última instancia, se retiren de la bolsa de Nueva York. Mientras el acceso a la bolsa China permanezca cerrado, el mercado de valores de Hong Kong seguirá siendo la mejor manera de acceder a las empresas más prominentes que China tiene para ofrecer. De hecho, la Bolsa de Hong Kong, que ha superado el índice Hang Seng en un 26% desde el comienzo del año.