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El 12 de febrero se celebra la Independencia de Chile: ¿cómo retomar el crecimiento tras el estallido social en el país?

  • 12-02-2020

  • 4 minutos

El 12 de febrero de 1818, en el primer aniversario de la batalla de Chacabuco, el Director Supremo de Chile, Bernardo O’Higgins, proclamó, juró y firmó el acta de independencia de Chile. En febrero de 2019, aparentemente reinaba la tranquilidad y confianza en el país. Los economistas decían que se iba a crecer en torno al 4% y la mirada de largo plazo decía que la educación, la inmigración y la matriz energética eran los desafíos a vencer para alcanzar el desarrollo.

A medida que pasaron los meses, el optimismo se fue desvaneciendo de la mano de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y por la lentitud para arrancar y generar empleos que mostraban los sectores productivos, pese a que los indicadores ya eran mejores que los vistos durante el gobierno anterior. ¡Pero volvamos a febrero del 2019!

Es verano y la mayoría de los chilenos sale de vacaciones durante este mes. El desarrollo del país permitió que cada año aumentaran las familias que podían tomar partir a descansar a un lugar diferente al de su residencia. Esto era impensable en 1990, ya que el 8,5% de la población vivía en condiciones de pobreza. En el año 2015, solo el 1,3% se encontraba en esa condición de vulnerabilidad.

Los primeros días de febrero del año pasado, un grupo de veraneantes viaja al sur de Chile en un auto comprado a crédito por una buena autopista, construida bajo el modelo de concesiones, y deteniéndose en las estaciones de servicios para echar bencina y comer algo en los locales anexos, que se caracterizan por la calidad de su servicio. Esta familia permitía reflejar parte del desarrollo económico y una mejor calidad de vida. El Producto Interno Bruto (PIB) en 1990 alcanzó los USD 32.851 millones y el 2019 llegó a USD 305.566 millones.

Tras varias horas de viaje, el grupo quedó maravillado con la belleza natural de la zona, pero el “sueño chileno” se iba a terminar abruptamente al llegar a la orilla de un lago maravilloso y ser obligados a irse por un alto ejecutivo de una conocida empresa bajo el argumento que entraron sin permiso a su propiedad.

Independiente del debate de cuáles el límite entre la propiedad privada y los terrenos de uso público en los bordes de los lagos, ríos y playas, muchos ven en este episodio un hito que muestra que el crecimiento experimentado por Chile no necesariamente llegó para todos ni de la misma manera.

¿Chile despertó el 18 de octubre de 2019?

Aún no sabemos la respuesta. Algunos piensan que despertó más pobre. El Fondo Monetario Internacional (FMI) bajó a un discreto 0,9% las proyecciones de crecimiento para el 2020.

Chile ha tenido que volver a levantarse del suelo en muchas ocasiones. El terremoto de la madrugada del 27 de febrero de 2010, nos despertó para reconstruir juntos el país. No era la primera vez que la naturaleza o la historia nos hacían una mala jugada.

En la segunda mitad de la década del setenta comenzaron una serie de reformas sociales y económicas que permitieron el desarrollo y mejorar la calidad de vida de las personas. Con el retorno de la democracia al comenzar los años noventa, este crecimiento se potenció y Chile se convirtió en una modelo a seguir y esto era motivo de tranquilidad.

Mientras en distintos puntos del mundo aparecían los chalecos amarillos y los ciudadanos salían a las calles a protestar, en Chile creíamos que vivíamos en un oasis que nos mantenía protegido de estos problemas.

El 18 de octubre irrumpió para poner en evidencia que la desigualdad existía y que muchos no vivían en la pobreza estadística, pero sí en una condición de vulnerabilidad frente al futuro por la inseguridad de contar con una pensión de vejez digna o el apoyo necesario para enfrentar física y económicamente una enfermedad grave, entre otros problemas.

Ese día se perpetró un ataque “terrorista” contra el Metro de Santiago que dejó 77  (de 136) estaciones con daños, 20 de ellas incendiadas (9 completamente), 41 estaciones con múltiples daños y 17 con daños menores. 

El estallido social de Chile comenzó violentamente y la inseguridad se apoderó de las ciudades y zonas rurales durante varios días, pero el mayor era el desplome de nuestra institucionalidad. Para encontrar una solución, las fuerzas políticas representadas en el Parlamento, con la excepción del Partido Comunista y otros grupos de ultra izquierda, suscribieron el “Acuerdo por la Paz Social y nueva Constitución”. El próximo 27 de abril, se definirá en las urnas si se aprueba o rechaza el inicio de un proceso para la redacción de una nueva Carta Magna.

Entre tanto, el Presidente de la República se ha preocupado de cuidar el estado de derecho –a pesar de las dificultades para evitar los desmanes que siguen realizando un grupo de encapuchados, en algunos sitios-, generar una Nueva Agenda Social y negociar con los partidos políticos opositores que son mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.

Los especialistas señalan que las movilizaciones en las calles no van a retirarse. Y al igual que en otros países, habrá que acostumbrarse a que sean parte de la vida cotidiana. También han dicho, que Chile se encuentra muy lejos de vivir la inestabilidad de otras naciones, que los cambios que puedan o no generarse a partir de los resultados de las votaciones de abril no debería cambiar los principios que sostienen nuestro modelo de sociedad, independiente que sea necesario generar cambios para mejorar la calidad de vida de todos.

¿Y qué pasó con el oasis chileno?

El Informe anual de la Comisión Nacional de Productividad (CNP) señala que la productividad presenta una variación durante 2019 que oscilaría entre -0,3% y 0,0%, que se atribuye al estallido social. Los primeros tres trimestres del año, la productividad de la economía agregada había alcanzado un crecimiento de 0,7% y descontando minería llegaba a 1,2%.

Ante esta situación, el Gobierno puso en marcha un Plan de Protección del Empleo y Recuperación Económica. Se inyectará US$ 5.500 millones a la economía, focalizados en la protección del empleo, la inversión pública, el apoyo a las Mipymes (micro, pequeña y mediana empresa) y la reconstrucción del país.

Quizás, lo que faltaría para recuperar el rumbo e incorporar a todos sería fomentar la amistad cívica, que permita generar una sociedad que viva en armonía y crear ambientes sociales dignos para las personas.

Una auténtica amistad cívica lleva a valor a quien es distinto o piensa de otra manera. Aquí se encuentra la verdadera libertad. El uso de la violencia como opción para lograr conquistas sociales perjudica a la sociedad como un todo y Chile estuvo en riesgo de perder sus libertades fundamentales. Un hito inicial de este proceso fue el Congreso de Chillán de 1967 del Partido Socialista en el cual se aprobó la “vía insurreccional” para alcanzar el poder.

Ese fue un amargo despertar que rompió la amistad cívica y puso en riesgo la institucionalidad y el desarrollo de Chile.