Innovación vs. Regulación: ¿dos conceptos enfrentados?

  • 07-02-2019

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La gran pregunta radica en por qué todos interpretamos ambos términos como antónimos, y desde un pensamiento u otro tendemos a darle connotaciones positivas o negativas según convenga.

Sería difícil discernir cuál de las dos tendencias es la dominante hoy en día no solo en nuestro sector, sino en toda la sociedad. Vivimos tiempos de disrupción, desde el fintech a la tradicional gestión de patrimonios, desde las plataformas Cabify/Uber al taxi, desde las plataformas Netflix o Movistar a las televisiones tradicionales,… y numerosos ejemplos que a cada uno de nosotros nos vendrán en mente.

Como sociedad nos cuesta acostumbrarnos al cambio, es característica del homo sapiens la aversión a los cambios, sin embargo también fue el cambio a la bipedestación el que, según los estudios, es el principal culpable del desarrollo exponencial de nuestra especie frente a otras del mundo animal. El cambio, la innovación, también ha estado (y está presente ) en nuestra evolución como especie.

Tradicionalmente el entorno político también ha estado polarizado entre conservadores y progresistas, y las democracias con más historia nos han ido mostrando cierta alternancia de ambas corrientes.

Todo ello nos muestra que debemos estar acostumbrados a movernos dentro del rango del péndulo que oscila entre ambos extremos.

Sería muy pretencioso querer encontrar equilibrio en todos los ámbitos, ya veremos cómo se resuelven varios de los conflictos que estos días “sufrimos” como ciudadanos de Madrid o Barcelona, pero debemos abogar por cierto equilibrio en nuestro sector por el bien de los consumidores/clientes y el nuestro propio.

Dentro del sector financiero es prudente citar que, al menos a este lado del Atlántico, la regulación está ganando la partida a la innovación, cierto es que cada vez son más presentes los impactos en medios de comunicación de las denominadas fintech, pero el volumen de negocio que ahora mismo representan es meramente testimonial en comparación con las cifras de la gran banca. También las criptomonedas, después de una vez pinchada la burbuja especulativa, vuelven a verse relegadas a un volumen de utilización simbólico. Las EAFI, mismo patrón…

Quizá alguien verá el regulador como el gran enemigo del cambio, y razones no faltarán, pues en todos los casos citados anteriormente cuando el regulador ha tenido que tomar decisiones sobre el marco jurídico en el que debían moverse fintech, criptomonedas y Eafis, el volumen y impacto de estas novedades en el sector han empezado a desacelerar su crecimiento en algunos casos o incluso a implosionar.

¿Es entonces nuestro sector el más reacio al cambio y a la innovación? Estaremos de acuerdo en que si no el que más, ocupará las primeras posiciones.

¿Debemos conformarnos con esta situación como actores de este sector? Rotundamente no. La innovación no es sólo tecnología, poner el foco en el cliente ha sido una de las grandes innovaciones de los últimos lustros, al menos en los planes estratégicos de la industria; llevarlo a la práctica es el mayor reto evolutivo en nuestro sector. Aquellos actores que, salvando el creciente entorno regulatorio en el que nos encontramos, sean capaces de implementar realmente este cambio serán los ganadores del futuro. Y, atención, los actores cada vez son más numerosos y vienen de entornos mucho más dinámicos que la gran banca tradicional. Google, por ejemplo, ya tiene licencia bancaria en Lituania, dentro de la Unión Europea.

No obstante, nada hay más miedoso que un millón de dólares, y esta tan repetida frase del mundo de la inversión acaba llevándose por delante cualquier paradigma.

Ante este escenario, organizaciones con flexibilidad y soportadas en pilares sólidos del sistema financiero se sitúan en situación de privilegio para navegar en este complejo equilibrio requerido en nuestro sector.