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Invertir con miedo no es necesariamente malo

  • 20-03-2020

  • 3 minutos

Sin duda, uno de los mejores diálogos de la historia del cine es el que tiene lugar entre Rocky y Tommy Gunn. El campeón de Filadelfia le explica a su pupilo qué es el miedo, comparándolo con el fuego. ­“­El miedo es como un fuego” le dice, “te va quemando por dentro. Si lo controlas, entrarás en calor. Pero si llega a dominarte, te quemará a ti y todo lo que te rodea”. Es una forma interesante de verlo porque, como defiende Ben Hunt, el mercado también es como el fuego. Quizá puedes saber cómo encenderlo o cómo apagarlo, saber que calienta o que quema si te acercas. Pero ni el más potente de los ordenadores sabría cómo predecir su siguiente movimiento.

Es imposible conocer cuál será el resultado de nuestra siguiente inversión. Es imposible predecir el futuro. Por eso, una inversión sólo puede calificarse como “buena” si es aquella que repetirías independientemente de su resultado. La harías una y otra vez porque está en línea con un plan de inversión, basado en objetivos transparentes.

Una posición concreta en un momento concreto no es importante para demostrar una buena gestión, sino un conjunto de operaciones durante periodos largos de tiempo. Ni un periodo bajista ni uno alcista, sino uno que incluya ambos.

Invertir con miedo no es necesariamente malo

Ahora bien, por supuesto que pasaremos miedo por el camino. Pero invertir con miedo no es necesariamente malo. Al fin y al cabo, explica incluso mejor el concepto de riesgo al invertir que la propia palabra riesgo: aceptar un riesgo supone invertir con una distribución conocida. Aceptar un miedo supone invertir con una distribución no conocida.

Los humanos solemos odiar más el miedo que el riesgo (en behavioral finance, esto se conoce como sesgo de aversión a la ambigüedad). Lamentablemente, en mercados financieros, no es posible tener certidumbre sobre la distribución de probabilidad de los activos sobre los que invertimos (si acaso, confianza, pero no certeza). Podemos basarnos en el pasado, pero siempre existirá la duda de que el futuro sea diferente. Lo que menos sorprende a quienes llevan tiempo invirtiendo es que el mercado les sorprenda.

Por ejemplo, caídas de la renta variable como las de estas semanas, superiores al -20% en pocas sesiones, están más de 5 desviaciones alejadas del promedio histórico. Deberíamos ver eventos así más o menos cada 100.000 años. Pero en los últimos 100, hemos vivido 10.

Diferentes tipos de miedos

Hay diferentes tipos de miedos: a una pérdida permanente del capital, a una pérdida rápida pero recuperable, a una pérdida temporal, a la variabilidad del retorno, a la iliquidez, etc. También se puede tener miedo a no llegar con suficiente dinero a la jubilación, a no poder pagar los estudios de nuestros hijos, a no tener un remanente para imprevistos, etc. La conjunción de todos ellos tiene como resultado nuestro perfil como inversor: dependiendo de la cantidad de miedo que nos produzca algo, le exigiremos un mayor o menor retorno. Cuanto más queramos evitar un miedo, más caro nos saldrá (menor retorno) y viceversa.

Es el propio mecanismo del mercado trasladando miedos entre perfiles de riesgo: aquellos con mayores miedos trasladan sus retornos a los que sienten menor miedo.

Sea como sea, es normal tener miedo. De hecho, no es posible dejar de sentir miedo. Pero podemos cambiar la manera en la que lo afrontamos. Y hay algo que está muy claro: la única forma de ser valiente es teniendo miedo.

Se es valiente cuando se invierte de forma honesta con uno mismo, en base a nuestro miedos (los señalados anteriormente), con un plan que no cambia ni en momentos de pánico ni en momentos de euforia. La historia está del lado de aquellos que han invertido con miedo y en contra de quienes lo hacen con codicia: no se puede cambiar la estrategia de un plan de inversión a mitad de camino por algo tan poco controlable como es la evolución de los precios.

Lo único que podemos tener bajo control es nuestro plan. Tenemos que ceñirnos a él. Y antes de hacerlo, prever que en el largo plazo habrá buenos momentos y malos momentos. La única estrategia para atenuarlos es evitar fuentes de retorno unidireccionales.

Sentir miedo, sí, pero no tomar decisiones basadas en él. Entonces se convierte en pánico, y suele salir muy caro.

Una de las historias más interesantes de Estela Plateada, el superhéroe surfero, es cuando se enfrenta a Kkallakku, un ser que se alimenta del miedo de los seres vivos. El mayor miedo de Estela es defraudar, no ser el héroe que quiere ser. Y al final, vence al monstruo del miedo pensando que debe tener confianza en sí mismo y en sus actos, pues los ha hecho con las intenciones correctas, aunque no siempre le hayan salido bien.