La Fed, preparada para hacer una pausa en marzo

  • 18-01-2019

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Dado que el actual tipo efectivo de los fondos federales se sitúa tan solo ligeramente por debajo del rango estimado para la política monetaria neutral, y teniendo en cuenta las escasas señales de sobrecalentamiento económico o de los mercados financieros, consideramos que la Reserva Federal probablemente mantendrá los tipos inalterados en marzo, interrumpiendo así su patrón de subidas trimestrales de los tipos de interés.

Con esto como telón de fondo, los mercados de bonos del Tesoro estadounidense han comenzado recientemente a descontar una mayor probabilidad de que la Fed recorte su tipo oficial a finales de 2019 o en 2020. Si bien los riesgos bajistas para las perspectivas han ido en aumento en los últimos meses, creemos que todavía es demasiado pronto para pronosticar el inicio del próximo ciclo acomodaticio. La ralentización del crecimiento mundial y el endurecimiento de las condiciones financieras en los últimos meses han neutralizado la necesidad de adoptar una política monetaria restrictiva, a nuestro parecer, aunque no parecen abogar todavía por el recorte de tipos.

Próximos a una situación «ni muy fría, ni muy caliente»

Tras las modestas revisiones a la baja de las previsiones de crecimiento e inflación en la reunión de diciembre del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), parece probable que los oficiales de la Fed tengan que volver a reducir sus expectativas de crecimiento para 2019 y revisar a la baja las previsiones sobre la adecuada trayectoria de su política cuando se publique en marzo el resumen de proyecciones económicas actualizado de la Fed. Estimamos que el endurecimiento acumulado de las condiciones financieras desde la reunión del FOMC de diciembre, de mantenerse, provocará una ralentización adicional del crecimiento económico estadounidense de 0,2 puntos porcentuales en 2019, lo que reducirá la necesidad de la Fed de endurecer su política monetaria para evitar un sobrecalentamiento.

Con todo, cabe recordar que la magnitud del endurecimiento reciente no ha bastado para justificar un claro sesgo expansivo en la política monetaria, y a no ser que se produzca un nuevo deterioro de los fundamentales económicos mundiales, no creemos que el riesgo de recesión en Estados Unidos resulte inminente.

Pese a las recientes turbulencias en los mercados financieros, importantes sectores de la economía estadounidense siguen gozando de buena salud. Tras el proceso de desapalancamiento observado después de la crisis financiera de 2008, los balances de las familias se mantienen robustos y las tasas de ahorro se sitúan en cotas elevadas. El consumo, que representa una parte considerable del PIB estadounidense, sigue estando respaldado por unos mercados de trabajo fuertes, unos precios energéticos más reducidos y los recientes recortes de impuestos. Además, la regulación adoptada tras la crisis financiera ha fortalecido el sector bancario de Estados Unidos, lo que debería mitigar el riesgo de que un posible contagio agrave una desaceleración económica. En nuestra opinión, el sector financiero demostró su estabilidad general y su capacidad para actuar como colchón frente a las perturbaciones en 2014‒2015, cuando las distorsiones crediticias tras el desmoronamiento de los precios energéticos mundiales no afectaron significativamente a otros mercados.

¿Puede ampliar la Fed el ciclo?

En comentarios recientes, el presidente de la Fed, Jerome Powell, y otros funcionarios del banco central han manifestado su preocupación por los riesgos que planean sobre el crecimiento mundial y han moderado el tono empleado en la declaración del mes pasado, cuando se incrementó el tipo oficial en 25 puntos básicos.

En general, consideramos acertada la prudencia de la Fed ante los crecientes riesgos económicos mundiales. Dado que el tipo oficial se sitúa hoy en día en el 2,4% (es decir, dentro del rango del 2%-3% que PIMCO lleva asociando durante largo tiempo con el nivel de la Nueva Neutral) y que existen pocas pruebas de desequilibrio en los mercados financieros o en la economía de Estados Unidos, el banco central podrá permitirse adoptar una postura flexible y paciente, y observar cómo evolucionan estos riesgos. A nuestro parecer, este enfoque es coherente con una estrategia de gestión de riesgos equilibrada que, en última instancia, debería alargar el ciclo.