Los bonos del Tesoro estadounidense, un escudo frente a la debilidad de los mercados bursátiles

  • 17-01-2019

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El año pasado fue atípico: la renta variable estadounidense y los bonos del Tesoro a 10 años cerraron el año a la baja, dado que el incremento de la incertidumbre económica y geopolítica y las expectativas de una subida de los tipos a corto plazo lastraron los mercados. En nuestra opinión, el crecimiento será el principal catalizador de los mercados en 2019. Así, los bonos del Tesoro podrían ofrecer más ventajas de diversificación a modo de protección frente a los episodios de debilidad en los mercados bursátiles.

Gráfico 1: Correlación entre la rentabilidad de la renta variable estadounidense y los bonos del Tesoro a 10 años, 2004-2019

Fuente: BlacRock

La correlación entre la rentabilidad de las acciones estadounidenses y de los bonos del Tesoro estadounidense ha sido negativa desde principios de la década de los 2000, es decir, las dos clases de activos han fluctuado, en líneas generales, en direcciones opuestas. No obstante, la magnitud de esta correlación negativa varía a lo largo del tiempo. Recientemente alcanzó cotas más negativas, tal y como refleja el gráfico anterior. Consideramos que esta correlación se mantendrá a medida que el crecimiento económico pase a ser un catalizador clave de la rentabilidad de los mercados.

En conclusión: los bonos podrían constituir un contrapeso idóneo para las exposiciones a la renta variable. Estas ventajas de diversificación fueron especialmente evidentes en diciembre, un mes cruento para los activos de riesgo: la renta variable estadounidense cedió un 9,2%, mientras que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años cayeron por debajo del 2,7% desde aproximadamente el 3%, lo que conllevó el incremento de los precios de estos bonos.

El riesgo de una recesión en 2019 es bajo

Vemos que la correlación entre los rendimientos de las acciones y los bonos sigue siendo significativamente negativa en 2019 a medida que el ciclo económico entra en sus últimas etapas. El crecimiento, no la política de la Fed, es ahora el motor dominante del mercado, en nuestra opinión. Un escenario en el que se agotan tanto las acciones estadounidenses como los bonos del Tesoro a 10 años, al igual que ocurría en 2018, requiere una gran recuperación de la inflación que conduzca a una Fed más agresiva. Vemos esto como poco probable en 2019.

Los temores a una fuerte desaceleración económica en los últimos meses han provocado un repunte en los precios de los bonos del Tesoro estadounidense y han provocado que los mercados reduzcan sus expectativas de posibles aumentos de las tasas de la Fed este año. Los mercados han pasado de dos aumentos de las tasas de la Fed para 2019 a partir de noviembre a plantearse la posibilidad de un recorte de tasas. Sin embargo, en nuestra opinión, los temores del mercado sobre la debilidad económica pueden haberse exagerado. Vemos una desaceleración del crecimiento global en 2019 y la economía de los Estados Unidos entrando en una fase de ciclo tardío, pero consideramos que el riesgo de una recesión este año es bajo. Vemos una inflación subyacente en los EEUU cerca de la meta de la Fed y la ausencia de presiones inflacionarias significativas que le dan flexibilidad a la Fed. Esperamos una pausa en el ciclo de ajuste de la Reserva Federal en la primera mitad de 2019.