Mitos sobre planes de pensiones y claves para lograr la jubilación que deseamos

  • 04-06-2019

  • 10 minutos

El problema de las pensiones fue uno de los aspectos recurrentes durante la campaña electoral y el debate sobre la sostenibilidad del sistema no deja de generar informaciones desde hace unos años, dado que la evolución demográfica y la estructura del mercado laboral y del propio sistema de pensiones provocan presión sobre la Seguridad Social, cuyos gastos crecen a un ritmo mucho mayor que los ingresos.

Más allá del debate en el que se debería profundizar sobre qué hacer con el sistema público de pensiones para que sea sostenible y suficiente, la realidad es que los españoles estamos preocupados por cómo será nuestra jubilación. Nos preocupa si tendremos dinero para costear el ritmo de vida que deseamos cuando dejemos de trabajar o en el caso de que en edades avanzadas tengamos gastos de dependencia, entre otras cuestiones.

Tal y como se desprende de la encuesta “Jubilación y longevidad” realizada por Abante en 2018, el 40% de los ahorradores españoles no querría vivir hasta los 100 años, porque no quieren depender de nadie ni físicamente, ni económicamente y casi un 40% empezaría a ahorrar antes si supiera que va a vivir hasta los 100 años.

Y, respecto a la jubilación, el 79% de los encuestados respondieron que las pensiones del sistema público no les servirá para mantener su poder adquisitivo, siendo más pesimistas las mujeres y las personas entre los 30 y los 45 años. Sin embargo, pese a que al 67% de quienes respondieron les preocupaba no tener dinero suficiente para la jubilación, un tercio señaló que no se está ocupando para remediarlo. Y más de la mitad de los encuestados dijeron que no tomaban las medidas suficientes para remediarlo.

Respecto a la pensión de la Seguridad Social, no podemos saber cómo será exactamente en el futuro, podemos prever que las pensiones se reducirán respecto a las actuales, pero no con cuánto dinero contaremos para vivir nuestra jubilación. En este escenario, para reducir la preocupación que esta incertidumbre sobre el futuro nos genera, lo que sí está en nuestra mano es ocuparnos, prepararnos para que nuestro nivel de vida sea el que nos gustaría.

Y es aquí donde entran en juego la planificación financiera y el ahorro para la jubilación, en un escenario en el que es probable que nuestra etapa de consumo de rentas se prolongue dos, tres o, en algunos casos, incluso cuatro décadas.

¿Cómo conseguir el capital que necesitamos para la jubilación? ¿Cómo evitar errores fundamentales que sabotean nuestro plan de jubilación?

Un análisis a los datos de la industria de pensiones en España (los que proporciona Inverco) revela que una parte importante del éxito en este objetivo, conseguir el dinero que queremos para nuestra jubilación, depende del comportamiento del inversor. Las cifras nos muestran que los ahorradores cometen algunos errores que son relativamente fáciles de solucionar.

En este sentido, cabe destacar que se ahorra poco para la jubilación a través de los productos financieros de previsión social como los planes de pensiones y que, en muchos casos, ese ahorro no se está canalizando de la mejor manera, puesto que se elige mayoritariamente productos de renta fija mixta, cuando en plazos largos sería más beneficioso optar por renta variable, las aportaciones son muy estacionales, lo que también puede restar rentabilidad y, además, tendemos a elegir los planes de pensiones más grandes, más comercializados, y a no invertir en los más rentables. Y tres décimas más o menos de rentabilidad en periodos de diez, veinte o treinta años pueden significar diferencias muy importantes, como vamos a ver en este informe.

Ahorramos poco para la jubilación

Los españoles, en general, ahorramos poco para la jubilación pese a desear mantener nuestro nivel de vida en el futuro y a que desconfiamos de que vayamos a conseguirlo solo con la pensión pública. Si bien es cierto que el ahorro para la jubilación no se canaliza únicamente a través de los planes de pensiones y otros productos de previsión social, los datos sobre el ahorro en estos vehículos son relevantes y ponen de manifiesto que persisten ciertos mitos.

En España, hay 7,58 millones de partícipes en planes de pensiones en el sistema individual. Si sumamos los partícipes de los planes de empleo y asociados (1,99 millones), alcanzan los 9,58 millones (datos del primer trimestre de 2019).

Y si tenemos en cuenta las personas que han invertido en planes de previsión asegurados (PPA), planes individuales de ahorro sistemático (PIAS) o planes de ahorro cinco, que suman otros 3,2 millones de partícipes, hay en total 12,8 millones de partícipes que ahorran para la jubilación con productos de previsión (hay que tener en cuenta que una misma persona puede ser partícipe en varios productos, con lo cual, el número real de ahorradores en productos de previsión social es inferior al de partícipes).

Y los 7,58 millones de ahorradores en planes de pensiones individuales acumulan un patrimonio total de 75.048,78 millones de euros a cierre de abril de 2019 (últimos datos publicados por Inverco). Sumándole el resto de productos de previsión social (PPA, PIAS, SIALP), el patrimonio asciende a 105.021 millones de euros (sin contar planes de empleo).

Por otro lado, en el conjunto de 2018, las aportaciones ascendieron a 3.600 millones de euros, de las cuales 1.820 millones se hicieron en diciembre. En el primer trimestre de 2019 fueron de 581 millones y en abril de 192,4 millones.

Haciendo una media simple, habría unos 98.787 euros por partícipe ahorrados en planes de pensiones del sistema individual. Y la aportación media por partícipe en 2018 fue inferior a 500 euros.

En este sentido, cabe destacar que, tradicionalmente, se realizan las aportaciones a final de año para aprovechar la ventaja fiscal de los planes con el dinero que “sobra” tras hacer las cuentas del ejercicio. Sin embargo, con un buen ejercicio de planificación financiera, deberíamos determinar cuánto ahorro necesitamos para nuestro objetivo de jubilación e iríamos aportando mes a mes y, seguramente, nos daríamos cuenta de que 500 euros anuales es, en la mayoría de los casos, insuficiente para lograr nuestro objetivo.

Por ejemplo, si invertimos 500 euros anuales durante 20 años en una cartera que dé una rentabilidad media anual del 4%, al final del periodo habremos acumulado 12.868 euros (actuales), una cantidad insuficiente para mantener el nivel de vida durante la jubilación si esta se prolonga varias décadas. Si elevamos el ahorro para la jubilación a 100 euros al mes, durante esos veinte años, con una cartera que nos dé la misma rentabilidad conseguiremos 30.884 euros. Si elevamos el ahorro a 200 euros al mes, es decir 2.400 al año, al final del periodo tendremos 61.767 euros para nuestra jubilación, como se ve en el siguiente gráfico.

Errores a evitar en la inversión en pensiones

Entre las principales críticas que se suelen hacer a los planes de pensiones es que son caros y que no son rentables. Sin embargo, ambos argumentos se desmontan si se analizan los datos. Sí hay planes de pensiones rentables cuyas comisiones pagan una buena gestión, que nos ayudará a conseguir en el largo plazo nuestro objetivo para la jubilación.

Respecto a la rentabilidad, que tiene un componente claro de mercado y de gestión, hay que señalar que el comportamiento del inversor también tiene importancia. Por un lado, la mayoría de partícipes no tienen su dinero en los planes rentables, como vamos a ver a continuación, sino que han invertido el dinero en los planes más grandes, en los productos de campaña.

Además, la mayor parte de las aportaciones se concentran en renta fija mixta, cuya rentabilidad esperada es inferior a la de la renta variable, sobre todo teniendo en cuenta que, en planes de pensiones, por el horizonte temporal de la inversión, sería razonable en muchos casos elegir bolsa.

Y, en tercer lugar, el esperar a diciembre para hacer las aportaciones todos los años, puede beneficiarnos uno, pero en el largo plazo tiende a restar rentabilidad porque no nos beneficiamos de los mejores precios medios.

Elegimos planes grandes, pero no rentables

Uno de los datos que llaman la atención de cómo invierten los partícipes españoles en planes de pensiones tiene que ver con la elección: la mayoría del ahorro para la jubilación no se concentra en los planes más rentables en ninguna de las categorías.

Y esa elección de los planes más grandes en lugar de los más rentables, les cuesta a los ahorradores españoles entre 2 y 3 puntos porcentuales de rentabilidad anualizada en periodos de 10 años, lo que supone una pérdida importante en el dinero acumulado al final del periodo. Como decíamos, sí hay planes rentables, pero la mayoría de ahorradores no han invertido en ellos.

En categorías como la renta fija a largo plazo y la renta fija mixta, que como hemos visto son las principales apuestas de los inversores en planes de pensiones en nuestro país, la mayoría del ahorro se concentra en los diez planes más grandes. En concreto, en la renta fija a largo plazo, el 76% del ahorro está en los planes de mayor tamaño por patrimonio, mientras que solo el 1% del patrimonio invertido en esta categoría se encuentra en los diez planes más rentables.

En la renta fija mixta, como se ve en el gráfico, solo el 2% del dinero está invertido en los planes más rentables (a diez años), mientras que el 58% está canalizado a través de los productos más grandes. La diferencia en renta variable es menor, pero todavía es amplia: el 24% del ahorro está invertido en los planes más rentables y el 44% en los más grandes.  

Esta concentración del patrimonio tiene un coste para el inversor. En el siguiente gráfico se observa que los diez planes más rentables de renta variable han dado una rentabilidad anualizada a diez años del 12,96%, mientras que los más grandes de esta categoría han dado casi tres puntos menos, un 10,04% anualizado. En el caso de los de renta fija mixta, los diez planes más rentables han obtenido una rentabilidad anualizada del 4,60% a diez años, mientras que los más grandes han conseguido un 2,31%. Es decir, la mayoría de inversores han perdido 2,30 puntos porcentuales con esta elección.

El ahorro en pensiones continúa siendo mayoritariamente conservador, lo que a largo plazo implica aspirar a menores rentabilidades, cuando dado que la jubilación es un objetivo financiero que podemos plantearnos a plazos muy largos, asumir riesgo nos permitiría alcanzar nuestro objetivo con menor esfuerzo de ahorro.

Si analizamos la distribución del patrimonio por tipo de plan, la mayor parte del ahorro se encuentra en planes de renta fija mixta (más del 30% del total, en concreto, 26.604 millones de euros a cierre de 2018 y 27.316 a cierre del primer trimestre de 2019), mientras que los de renta variable mixta apenas representa el 20% (15.507 millones a cierre de 2018 y 16.897 millones a cierre de marzo de 2019) y los de renta variable suponen algo más del 10% (8.782 millones en 2018 y 9.735 millones a cierre del primer trimestre de 2019).

Si nos fijamos en el activo subyacente, vemos que el 60% del ahorro acumulado en planes de pensiones del sistema individual se encuentra invertido en renta fija y activos monetarios, mientras que el 40% lo está en renta variable (30.091 millones de euros al cierre de marzo de 2019), el máximo porcentaje desde 1998, como se puede ver en el gráfico.

Respecto a las aportaciones, tanto en 2018 como en el primer trimestre de 2019, el 45% se han invertido en renta variable, mientras que el 55% se han invertido en renta fija y activos monetarios (gráfico de aportaciones brutas por activo subyacente). Las aportaciones a renta variable, como vemos, también se encuentran en máximos, pero siguen siendo inferiores a las que se hacen a renta fija. Por tipo de plan, en 2018 la mayor cantidad de aportaciones se hicieron a planes de renta fija mixta (un 35%), seguidas por las aportaciones a renta variable mixta (casi el 30%), ambos, en niveles máximos. La tendencia se mantiene en lo que va de 2019.

Estacionalidad de las aportaciones

Tradicionalmente, las aportaciones a planes de pensiones se concentran en el último trimestre del año, y más concretamente en el último mes. Es, por un lado, cuando la mayoría de personas se acuerda de su plan y decide aportar el dinero que le sobra del año para beneficiarse de la deducción en la declaración de la renta y, por otro y teniendo en cuenta este hábito, cuando las entidades financieras hacen las campañas comerciales para captar clientes en este tipo de productos.

Aunque se aprecia cierta desestacionalización en los últimos años, la mitad de las aportaciones se siguen haciendo en el último trimestre (en 2018 fueron el 50,41%, mientras que en 2015 se concentraron en los últimos tres meses el 61,43% de las aportaciones).

Por otro lado, no solo se hacen aportaciones estacionales, sino que la elección del tipo de plan se suele hacer con el paso cambiado, es decir, se hacen más aportaciones a renta variable en los momentos de mercado que resultan más caros, tras una subida, y, en cambio, se tiende a elegir más los planes con activos de menos riesgo tras las caídas, en lugar de aportar cuando los precios están bajos y, por lo tanto, nos permitirían optar a mejores rentabilidades cuando el mercado se recupere.

Este comportamiento del ahorrador tiene un coste en la rentabilidad que consigue en el largo plazo: si tomamos los precios medios de cierre del Ibex 35, esperar a hacer la aportación al último trimestre habría sido casi un 1% más caro en los últimos 10 años.

La importancia de aprovechar la rentabilidad y el plazo para nuestra jubilación

Como hemos visto, concentrar las aportaciones en diciembre, optar por renta fija mixta para un objetivo financiero con un plazo muy largo y elegir los planes más grandes o comercializados en lugar de buscar los mejores planes de pensiones, le cuestan rentabilidad al ahorrador, lo que dificultará conseguir el objetivo de jubilación.

Por ejemplo, para una persona que ahorre a través de planes de pensiones 1.200 euros anuales, en un periodo de 20 años (y sin tener en cuenta las ventajas fiscales del producto), la diferencia de uno, dos, tres o cuatro puntos de rentabilidad es importante. Con un 3% de rentabilidad, habremos acumulado al final del período 27.875 euros (actuales), mientras que con un 4% lograremos 30.884, con un 5%, 34.302 y con un 6%, 38.190 euros. Si no hubiéramos invertido el dinero, solo con nuestro esfuerzo de ahorro habríamos acumulado 20.822 euros.

En el caso de que ahorremos 2.400 euros anuales, si no invertimos solo acumulamos 41.643, pero si utilizamos un producto que nos proporcione una rentabilidad anual del 6% durante dos décadas, conseguiremos más de 76.000 euros. En plazos tan largos, asumir un poco más de riesgo para aspirar a mejores rentabilidades nos ayudará a que el esfuerzo de ahorro que tengamos que hacer para conseguir el mismo capital para la jubilación sea menor.

En este sentido, el plazo durante el cual ahorramos e invertimos para aprovechar la rentabilidad de los mercados financieros es muy relevante. En el siguiente gráfico observamos qué sucede si ahorramos para la jubilación durante diez años, si lo hacemos durante veinte años o durante treinta. Si empezamos a ahorrar antes, conseguiremos más fácilmente nuestro objetivo.

Por ejemplo, para un ahorro anual de 2.400 euros y una rentabilidad del 5%, en 10 años acumularíamos algo más de 30.000 euros, pero en 30, conseguiríamos casi 120.000, con lo que cubriríamos mejor mantener el nivel de vida durante la jubilación.

¿Qué pagamos con las comisiones?

Otro de los aspectos que suele criticarse a los planes de pensiones es el de las comisiones. En general, en los productos de inversión, la comisión reduce la rentabilidad neta. La cuestión es si con esa comisión que pagamos estamos consiguiendo una rentabilidad neta adecuada o no, es decir, si el resultado justifica el precio.

En el gráfico se puede ver cómo no siempre se cumple que tener una comisión más elevada implica una rentabilidad neta peor. De hecho, en algunos casos, la rentabilidad obtenida por el partícipe puede ser mejor. De ahí la importancia de hacer un análisis previo a la decisión de inversión para elegir el plan que mejor se ajusta a nuestras necesidades.

Así, por ejemplo, y como se ve en el anterior gráfico elaborado a partir de los datos de Inverco, en el caso de los planes de renta fija mixta, que son los que más aportaciones concentran, la comisión de los diez planes más grandes, los que han elegido dos tercios de los inversores, son, de media, del 1,29% y dicha comisión no está pagando una mejor rentabilidad. Mientras que los más rentables de esta categoría tienen una comisión inferior. En el caso de los planes de renta variable, los más rentables tienen una comisión algo más elevada que los más grandes, pero, a cambio de esa mayor comisión, los partícipes están obteniendo -como vimos antes- hasta tres puntos porcentuales más de rentabilidad anualizada en un plazo de 10 años.