¿Un nuevo mundo? Comprar a contracorriente

  • 23-07-2019

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contracorriente

Reacio desde hace mucho tiempo a invertir en los valores tecnológicos, Warren Buffett, uno de los padres espirituales de la inversión a contracorriente, también ha acabado por sucumbir a los encantos de las GAFA. Al comprar acciones AMAZON el mes pasado, tras las de APPLE en 2016, el legendario inversor sigue sorprendiendo y confundiendo a veces a sus seguidores.

Su decisión provocó tantos comentarios que el mercado de renta variable, bastante impredecible últimamente, puede desconcertar aún más a los inversores. En efecto, el mercado parece regirse por una nueva lógica implacable, al polarizarse entre los valores tecnológicos y los valores previsibles, e ignorar al resto.  

Los inversores parecen olvidar un elemento fundamental: la valoración. Además, la persistencia de unos tipos de interés sumamente bajos, que supuestamente estimula la asunción de riesgo, les alentaría en cambio a centrarse en un único tipo de empresas.

¿Está sentenciada entonces la inversión a contracorriente o simplemente se ha transformado? Para salir adelante en este nuevo mundo de polarización, la necesidad de nuevos puntos de referencia resulta fundamental. Comprar a contracorriente no se limita a coger «un cuchillo cayendo» al comprar valores tras una fuerte caída bursátil. El inversor a contracorriente trata de invertir en títulos ignorados por el mercado, títulos con descuento, infravalorados, con un enfoque parecido a veces al de un inversor value. Sin embargo, la infravaloración de una empresa ya no es un criterio suficiente. La valoración en sí a veces resulta engañosa, ya que solo refleja unas previsiones que, en última instancia, pueden resultar infundadas.

Sean temerosos cuando los demás sean avariciosos

El surgimiento de nuevos modelos económicos que transforman el mundo dificulta aún más la situación. La estrategia de las GAFA, que crean monopolios naturales con perspectivas de expansión prácticamente ilimitadas, hace que ir a contracorriente resulte muy delicado en sectores que constituyen el núcleo de su programa de expansión. Así sucede, por ejemplo, con la distribución y los medios de comunicación, los más expuestos a la disrupción. La incertidumbre sobre la evolución de varias actividades podría hacer que los inversores las eviten a largo plazo, independientemente de cualquier aspecto de valoración.

Las modas siempre han existido en los mercados financieros y no seguirlas a ciegas es una estrategia ganadora a largo plazo. La creciente pujanza de los fondos cotizados (ETF), junto con la lógica de los flujos, beneficia a los comportamientos gregarios que descuidan segmentos enteros de cotización bursátil. Sin embargo, los movimientos de estos meses han hecho que los mercados ignoren empresas no afectadas por la disrupción, que generan liquidez y con unas perspectivas de crecimiento infravaloradas. Esto las convierte en el objetivo principal de fondos de capital riesgo (private equity) que casi siempre suelen invertir a largo plazo.

Aunque seguimos adaptándonos a este nuevo mundo, nos mantenemos fieles a una de las reglas de oro de Warren Buffett: «sean temerosos cuando los demás sean avariciosos y sean avariciosos cuando los demás sean temerosos».