Oportunidades de inversión para 2019

  • 31-01-2019

  • 5 minutos

A pesar de que la volatilidad vivida durante 2018 ha llegado aquí para quedarse, pensamos que siguen existiendo oportunidades de inversión dentro de los mercados de acciones y de renta fija. Nuestro consejo para este 2019, es el de ser prudentes a la hora de invertir, pero aprovechando las oportunidades que han surgido tras las fuertes caídas en el precio de muchos activos financieros en el último trimestre de 2018.

Si bien sigue habiendo muchos frentes abiertos que habrá que vigilar muy de cerca (ritmo de crecimiento económico mundial; ritmo de normalización de las políticas monetarias por parte de la Fed de Estados Unidos y resto de bancos centrales: evolución de los beneficios empresariales; cuál será la salud de los beneficios empresariales mundiales; negociaciones comerciales en USA y China…), pensamos que mientras no se deterioren excesivamente los fundamentales económicos mundiales o que la FED retome su intención de subir los tipos de interés de referencia a un “entorno normal” que, para ellos, sería del 3% (algo que tras la reunión mantenida el 29 y 30 de este mes de enero no parece vaya a suceder en el corto plazo), aún podemos encontrar alternativas de inversión con un interesante potencial de revalorización.

Y señalamos esto pues, si bien es cierto que los peligros generadores de incertidumbre siguen ahí, también hay una serie de realidades objetivas positivas que convendría no obviar:

  • La economía mundial, efectivamente, se está desacelerando de forma sincronizada. Sin embargo, y con los datos que tenemos en estos instantes y a pesar de la debilidad del crecimiento europeo o del “frenazo” de China, no pensamos que vayamos a adentrarnos en una nueva recesión global en los próximos meses.
  • La inflación, en la mayoría de economías del mundo, se mantiene en niveles estables y contenidos y no esperamos repuntes muy importantes de la misma. Es cierto, por ejemplo, que los salarios en USA están subiendo, pero también lo hace la productividad. Por otro lado, la ligera contracción esperada en los beneficios de las empresas de muchas partes del mundo tampoco creemos que vaya a presionar al alza la inflación.
  • La normalización de las políticas monetarias por parte de algunos grandes bancos centrales es una realidad. La dirección es clara. Sin embargo, y como consecuencia de unos datos económicos algo menos espectaculares, quizás la intensidad de la normalización monetaria se relaje. Además, nuestro BCE no está en una clara posición de poder acelerar esta normalización monetaria en un momento en el que: los datos de crecimiento económico son más débiles; la confianza de los consumidores y empresarios decae; nos enfrentemos a la posibilidad de un Brexit algo descontrolado con las implicaciones sociales y económicas que ello conllevaría; existen dudas ante la falta de liderazgo político tras el anuncio de la Sra. Merkel de no presentarse a su reelección como canciller en Alemania en los próximos comicios en este país e incertidumbre por el resultado que se dé en las elecciones al Parlamento Europeo, con la posibilidad de que el auge de los populismos en nuestro continente suponga una mayor presencia de los mismos en las instituciones europeas.
  • A pesar de la desaceleración de los resultados empresariales, estos continúan (en general) siendo sólidos. De hecho, para este 2019, la clave principal será vigilar si se mantiene o no la buena salud en el beneficio de las empresas pues, aunque sean previsiblemente menos brillantes que los vistos en últimos ejercicios, esto no significa que vayan a ser malos.
  • Es cierto que se mantienen las tensiones comerciales entre EE.UU. y China, pero, en cambio, parece que ahora trabajan para que se vayan reduciendo.
  • Las valoraciones de las bolsas (en índices), tras las fuertes caídas en 2018, son atractivas.
  • China, económicamente, se frena. Sin embargo, es un país que cuenta con “músculo financiero suficiente” para, a través de medidas de estímulo fiscal, monetario y gastos en infraestructuras, trate de evitar una ralentización mayor de su economía.

En este entorno, dentro de los mercados de renta fija, consideramos que puede tener sentido empezar a tomar posiciones en fondos que apuesten por la deuda pública y privada norteamericana de corto plazo. Los tipos de interés de mercado pueden registrar algún repunte en Estados Unidos, pero si lo hacen, pensamos que será a un ritmo menor que en 2018, lo cual sería beneficioso para los fondos que invierten en renta fija USA.

Dentro de los fondos de renta variable, pensamos que este podría ser un buen año para aquellos que apuestan por empresas de elevada capitalización y con una rentabilidad por dividendo atractiva, estable y sostenible. Fondos en los que los gestores inviertan en compañías que presenten un porcentaje de reparto de dividendos adecuado y que ofrezcan previsiones de crecimiento futuro de los dividendos, para lo cual es indispensable que la situación de la compañía en términos fundamentales (calidad de su balance y de su modelo de negocio) sea lo más óptima posible. En un entorno de menor crecimiento económico, esta tipología de compañías con balances saneados y buenos fundamentales suele mantener un comportamiento más estable que aquellas con un estilo de gestión centrado en el crecimiento (growth) vía nuevos proyectos o inversiones.

Por zonas geográficas, nos gustan:

Estados Unidos. Aunque es uno de los mercados que por valoración quizás sea de los menos baratos, cuenta con el “viento de cola” de una economía fuerte y unas empresas que continúan logrando, en general, buenos resultados. Aunque este año sean, previsiblemente, menores que los de los dos/tres últimos ejercicios.

Zona euro. A pesar de la desaceleración de su economía y los “ruidos políticos” tipo Brexit o Italia, la bolsa no está especialmente cara sino todo lo contrario.

Emergentes. Si la FED toma la decisión de pausar su política de normalización monetaria y la economía de China no se desacelera de forma brusca, hay empresas con valoraciones bastante atractivas. A parte, muchas de sus divisas se encuentran en estos instantes muy infravaloradas frente al USD.

En una cartera de perfil equilibrado (ni muy agresiva ni muy conservadora), la estrategia pasaría por contar con las siguientes modalidades de fondos:

1. Semi-liquidez” (fondos de renta fija corporativa de corto plazo y/o fondos de retorno absoluto conservadores). A través de estos productos buscamos reducir la volatilidad global de la cartera al mismo tiempo que pueden servir como reserva de la liquidez que podamos utilizar a medida que surjan nuevas oportunidades de inversión a precios atractivos. A esta tipología de productos podríamos destinar un 20% del total de la cartera.

2. Fondos de deuda privada de medio plazo. Ya sea a través de fondos oportunísticos y flexibles en su gestión o, en algún caso, vía fondos de renta fija americana denominados en euros.

En un momento en el que la renta fija ofrece muy pocas alternativas rentables, buscaremos gestoras que traten de aprovechar el precio de determinados activos de deuda sin que esto suponga asumir niveles de riesgo excesivos. El porcentaje destinado a esta categoría se situaría en torno al 10% del total de la cartera.

3. Fondos mixtos de bolsa. Primaremos aquellos productos que, invirtiendo en los mercados de acciones que más nos gustan ahora mismo, adopten una estrategia flexible y conservadora tanto en sus inversiones en renta fija como en renta variable. A este tipo de fondos aconsejamos destinar, como máximo, en torno al 25% del total de la cartera asesorada.

4. Fondos “puros” de acciones. El resto del patrimonio, lo destinaríamos a fondos de renta variable que apuesten a nivel global o regional (principalmente por los mercados europeos y norteamericano) por empresas que no estén caras y muy endeudadas y que, en paralelo, tengan un buen retorno por dividendo y éste sea consistente en el tiempo.