¿Por qué la inversión responsable no es una moda pasajera?

  • 05-06-2019

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La temática del Día Mundial del Medio Ambiente de este año, del que China es anfitrión, es la contaminación del aire. Derivado del incremento de la urbanización y la industrialización, la contaminación del aire sigue afectando negativamente tanto al medio ambiente como a la salud de las personas. El asma mata cada año a 180.000 personas en todo el mundo, y el número de pacientes afectados por esta enfermedad asciende a cientos de millones. Aunque los gobiernos —incluidos los de la UE— están respondiendo a este desafío, el coste de mantener el aire limpio es ingente y alcanza en torno a los 50.000 millones de dólares a escala mundial.

La envergadura del dilema de cómo financiar de forma adecuada los desafíos medioambientales del mundo constituye un problema innegable no solo para los Gobiernos, sino también para los inversores. No obstante, los inversores particulares cuentan con cada vez más vías para contribuir en mayor medida a los retos sociales y medioambientales y, al mismo tiempo, obtener una rentabilidad financiera a largo plazo. La inversión de impacto positivo busca combinar los beneficios con los propósitos. Muchas de las empresas en las que invertimos están haciendo grandes esfuerzos por mejorar la situación medioambiental. Las actividades operativas de China Everbright International en el ámbito de la gestión medioambiental de residuos y aguas refleja que la firma se ha alineado con el XIII Plan Quinquenal de China, que tiene por objeto fomentar medidas de protección medioambiental más rigurosas. La compañía danesa Ørsted se sitúa a la cabeza de la lucha en Europa por reducir la dependencia de fuentes de energía contaminantes y promover la transición hacia las energías renovables a través de parques eólicos marinos. ALK-Abelló es otra empresa danesa especializada en inmunoterapia con alérgenos en niños para la reducción del asma. Estas tres participaciones demuestran cómo los inversores pueden buscar un efecto positivo directo o indirecto en el medio ambiente y, al mismo tiempo, un beneficio financiero.

Gracias a la mayor concienciación medioambiental y social, apuntalada por el incremento de los cambios normativos, la inversión responsable constituye en la actualidad un elemento clave en la hoja de ruta de los Gobiernos, instituciones e inversores. Resulta indiscutible que aún queda mucho por hacer en el plano medioambiental, pero el afán por alinear los objetivos sostenibles con los financieros refleja que el auge de este segmento de inversión ya no puede considerarse una moda pasajera, sino que forma parte de una tendencia creciente que ha llegado para quedarse.