¿Qué oportunidades hay en la bolsa de China o India?

  • 15-02-2019

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En 2018, los mercados emergentes registraron un periodo de creciente aversión al riesgo al verse afectados por la suma de varios factores: el incremento de los tipos de interés en EE. UU., la apreciación del dólar y las importantes tensiones políticas que enfrentan a Estados Unidos con China, Rusia y Turquía. En efecto, la guerra comercial emprendida por la Casa Blanca el año pasado no dio indicios de remitir, y su repercusión sobre el crecimiento fue patente en Asia, donde las encuestas PMI (especialmente de los índices de nuevas exportaciones) mostraron un descenso. De hecho, la cuestión de los aranceles ha enmascarado el hecho de que el ciclo económico global no deja de perder dinamismo.

Este fenómeno resultó especialmente visible en China, donde los últimos datos macroeconómicos fueron decepcionantes. Pekín está tratando de apuntalar la economía mediante la aplicación de políticas anticíclicas. Sin embargo, la flexibilidad del gigante asiático es cada vez menor, dado que ya no registra un superávit por cuenta corriente y esa financiación a largo plazo en forma de inversión extranjera directa ha caído drásticamente, lo que lastra la balanza de pagos del país y deja al Gobierno con menos margen de maniobra.

En este contexto, enunciamos tres requisitos que debían darse para adoptar un enfoque más constructivo hacia los mercados emergentes: la relajación de las tensiones comerciales, la recuperación económica en los principales mercados emergentes y la adopción de una política de flexibilización monetaria por parte del Banco Popular de China (PBOC).

Los mercados emergentes terminaron 2018 con mejor tono debido a las políticas presupuestarias y monetarias aplicadas por las autoridades del gigante asiático, el nivel relativamente estable del dólar y la tregua en la disputa comercial entre Pekín y Washington, lo que aumentó nuestra confianza en un desenlace positivo del conflicto. Estos acontecimientos fueron claramente favorables y propiciaron un repunte de los mercados emergentes en las primeras semanas de 2019. Sin embargo, el único factor que nos impide hablar de una racha alcista de los mercados emergentes es la ralentización económica generalizada que estamos observando.

Por ese motivo, por ahora, mantenemos un optimismo prudente, nos mantenemos al margen de los valores cíclicos —que serán los primeros en verse afectados por la ralentización— y nos centramos más bien en valores de crecimiento en sectores infrapenetrados, donde la demanda es menos sensible a las fluctuaciones del PIB.

Nuestras expectativas sobre India son especialmente positivas, dado que creemos que el país se encuentra en una posición idónea para afrontar los desafíos que deparará 2019, especialmente desde la marcada corrección de los precios del crudo en el cuarto trimestre de 2018. Incluso en una coyuntura caracterizada por una economía que pierde fuelle, el país sigue haciendo gala de un potente catalizador de crecimiento interno, dado que muchos de sus segmentos de mercado siguen estando infrapenetrados, lo que implica que el país tiene por delante numerosos años de potencial de crecimiento a largo plazo. En lugar de invertir en firmas orientadas a la exportación, priorizamos compañías que dan respuesta a la demanda interna presentes en este tipo de sectores, como los de telecomunicaciones, finanzas, consumo y construcción.