¿Quién dijo que los asuntos medioambientales fuesen «extrafinancieros»?

  • 02-01-2019

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A nadie se le escapa que 2018 está a punto de pasar a la historia como un año de nuevos (y tristes) récords en materia climática. Desde los incendios forestales en Escandinavia hasta el fuego en California, pasando por los treinta y dos grados que se registraron en el círculo polar en julio, el calentamiento global, provocado en gran medida por la actividad humana, regresa al banquillo de los acusados y viene acompañado de grandes repercusiones financieras.

La actualidad meteorológica se «autoinvitó» a la temporada de publicación de resultados trimestrales.

El calor estival y las temperaturas anormalmente elevadas en otoño afectaron a numerosas empresas de múltiples sectores. Una lluvia de alertas de menores beneficios (profit warnings) de carácter «meteorológico» golpeó con fuerza a los mercados financieros, en un momento de corrección bursátil en el que era lo que menos necesitaban.

El líder europeo de venta de ropa en línea ZALANDO anunció una revisión a la baja de los resultados del tercer trimestre: el calor de septiembre empañó el arranque de la temporada de otoño/invierno, al reducirse el crecimiento del tercer trimestre en aproximadamente un diez por ciento. Algo semejante ocurrió con CECONOMY, distribuidor alemán de productos electrónicos, que atribuyó a la meteorología la menor clientela en sus tiendas, o la empresa neerlandesa WESSANEN, cuya actividad de tés y cafés se vio castigada por el menor consumo de bebidas calientes. A estas compañías hay que sumar STORA ENSO, un fabricante de pasta de papel y embalajes que ya había anunciado en julio que esperaba un encarecimiento de sus materias primas como consecuencia de los incendios en Escandinavia, o SVENSKA CELLULOSA, una sociedad que sufrió por la desaparición de una parte de sus bosques.

No hay tiempo que perder

Como si fuera una cosa del destino, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el pasado mes de octubre, confirió una dimensión «macroeconómica» a estos numerosos sucesos «microeconómicos». Este informe, que ha sido objeto de muchos comentarios, no da lugar a equívoco: no hay tiempo que perder. Se precisa una acción rápida, coordinada y sin precedentes si queremos frenar el calentamiento global hasta situarlo en 1,5 °C con respecto de la era preindustrial.

La situación es grave, aunque este alarmismo no debe transformarse en inmovilismo. Habida cuenta de la repetición de estos hechos, el peligro que nos acecha radica en la banalización, pues acabaremos por hacerles el mismo caso que como quien oye llover. Después de todo, ¿1,5 o 2 grados de recalentamiento resultan tan importantes?

Con la ayuda de algunos ejemplos, este informe demuestra que cada décima de grado cuenta: «La probabilidad de que el océano Ártico se quede sin hielo en el verano sería de una vez por siglo si el recalentamiento se limitara a 1,5 °C, si bien esta cifra se situaría en una vez cada diez años si ascendiese a los 2 °C», con las consecuencias que esto podría acarrear para la subida de las aguas. Por desgracia, un informe de las Naciones Unidas, publicado a finales de noviembre, revela que las emisiones de CO2 volvieron a repuntar tras un trienio de estabilidad y que nos hallamos en una trayectoria que nos llevaría a un aumento de la temperatura de 3 °C más que de 1,5 °C….

Existen soluciones

Si bien algunas empresas son el origen del problema, hay otras que forman parte de la solución y se beneficiarán de cualquier esfuerzo por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. A título de ejemplo, cabe reseñar SVENSKA CELLULOSA, cuyos bosques representan unas herramientas formidables para absorber el CO2; el productor francés de energías renovables NEOEN; o la empresa danesa NOVOZYMES, cuyas enzimas propician que cada año se evite un volumen de emisiones de CO2 equivalente al del parque automovilístico francés.

Ahora bien, nada sustituye la sobriedad en materia de carbono, algo que permitirá a las empresas presentar una menor exposición al riesgo de transición. Los tristes acontecimientos de estos últimos meses han venido a recordarnos que las empresas exhiben también exposición a riesgos físicos ligados al cambio climático (no solo a los riesgos de transición) y que estos tienen, en la mayor parte de los casos, repercusiones financieras. ¿Quién dijo que los asuntos medioambientales fuesen «extrafinancieros»?