¿Realmente necesitamos la Mifid II? – Triple A Capital

  • 21-06-2018

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Se cumplen 5 meses de la entrada en vigor de la nueva normativa del ahorro y mercados financieros en España. No trataré en este artículo los numerosos cambios que ello ha comportado su implementación en el sector financiero, sino una mera reflexion que ayude al lector a comprender el espíritu de la norma, siempre desde el punto de vista de un profesional con mas de 20 años de experiencia en el sector.

Haciendo un poco de historia recordamos el nacimiento de Mifid I allá por el 2004 y su aplicación efectiva desde diciembre de 2007 tratando de regular, entre muchos otros puntos , la comercialización de productos financieros y los servicios de inversion. Se trataba , a mi juicio, de una primera aproximación para regular los abusos por parte de la gran banca para con sus clientes. Los resultados , después del estallido de la gran crisis financiera global, son de sobras conocidos, clientes desencantados y millares de demandas en los juzgados por mala praxis en la comercialización de productos de difícil comprensión y peores resultados.

Con esta nueva vuelta de tuerca, Mifid II, el regulador pretende insistir en la profesionalización del asesoramiento realizado a clientes, tratando de evitar nuevas situaciones de abuso por parte de los grandes jugadores de nuestro mercado.

En mi opinión, y a la vista de los resultados en Reino Unido y Países Bajos , donde algunos de los puntos más relevantes de Mifid II ya llevan varios años en vigor, nuevas regulaciones no están haciendo más que entorpecer y limitar el acceso de muchos clientes a inversiones que podrían ser perfectamente de su interés (activos de renta fija directa, ETF’s, fondos internacionales), derivando en una adaptación «darwiniana» de los grandes grupos a las nuevas restricciones, desviando todo servicio de asesoramiento hacia servicios estandarizados y paquetizados de gestión discrecional y/o productos del propio grupo bancario, anulando el espíritu de la ley de llevar a un mercado financiero más transparente y justo.

Volviendo a la situación previa a toda esta regulación, me planteo qué hubiera pasado en Europa y España, si las direcciones de los grandes grupos simplemente hubieran tenido una correlación de intereses de más largo plazo con sus accionistas, clientes y empleados en lugar de los planes a 2-3 años vista con los que la «demoníaca» remuneración variable llevaba a trasladar hasta las redes comerciales y sus clientes situaciones que acabaron en desastre reputacional y un exceso de normativa que nos lleva a niveles de burocracia exagerados.

En un ejercicio empático deberíamos volver a preguntarnos qué esperan nuestros clientes de su asesor financiero, ya sea este declarado independiente o no, ya sea un gran grupo bancario o una modesta agencia de valores, y realmente veríamos que si simplemente somos capaces de alinear sus intereses con los nuestros , cosa que antaño se daba por supuesta, toda esta regulación no hubiera sido necesaria, se habría mantenido la reputación de un sector vital en el capitalismo global, y se habría ahorrado millones y millones de euros en recursos que se han tenido que invertir para salvar nuestro sistema.

No podemos olvidar que en el origen de la gran crisis iniciada en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers , que a punto estuvo de acabar aun más dramáticamente de no ser por la rápida intervención del gobierno americano (y de su contribuyente…), coincidían muchos de los motivos expuestos en este artículo: abuso de poder, intereses cortoplacistas, remuneración variable, etc. A Europa y España la onda expansiva llegó con cierto retraso, aunque no me gustaría recordar las declaraciones institucionales sobre la «inmunidad» de nuestro sistema nacional…

Respira este artículo de gran sentimiento crítico hacia una parte de los actores del mercado financiero, la banca, pero tampoco me gustaría concluirlo sin romper una lanza en favor del sector y de muchos de sus profesionales. Como sabemos, la intermediación financiera entre ahorradores y prestatarios es la sangre de nuestro sistema de vida occidental, y así como ha habido ejercicio de constricción por parte del sistema financiero (no sé decir si suficiente…), también deberíamos como sociedad ser coherentes y evitar que el péndulo de presión regulatoria y judicial en el que vivimos nos lleve a los extremos que actualmente también estamos viendo, procesos judiciales donde la parte demandante prácticamente deriva al argumento del analfabetismo compatibles con curriculums «cum laude» , por ejemplo.

Solo una sincera alineación de intereses y cumplir una cierta ética en los negocios, resultaría para, de una forma mucho más eficiente en recursos, cuidar de un sector tan necesario.

La eclosión del sector de banca privada en España es relativamente reciente, pero podríamos preguntar a nuestros clientes y profesionales de mayor edad si creen que el servicio de asesoramiento financiero ha mejorado respecto a los niveles anteriores al nuevo milenio, y con toda probabilidad nos sorprenderían sus respuestas.