¿Recesión a la vista en 2019?

  • 15-02-2019

  • 3 minutos

Tras registrar el índice S&P 500 su peor mes de diciembre desde 1931 y ampliarse los diferenciales de crédito hasta regresar a sus medias a largo plazo, los temores a una recesión en 2019 se han intensificado. Pero, ¿están fundadas esas inquietudes?

Algunas medidas del mercado han venido señalando sigilosamente un aumento del riesgo de recesión, y uno de los parámetros más famosos es el aplanamiento de la curva de tipos estadounidense. Aunque no constituye un indicador perfecto —y los observadores del mercado deben estar atentos a las señales «falsas positivas», como la registrada a finales de la década de 1960 (véase el siguiente gráfico)—, los poderes predictivos de la curva de tipos han sido, históricamente, bastante elevados. Así pues, ¿cómo deberían los inversores abordar este asunto?

En mi opinión, existen dos formas de hacerlo.

Fuente: Bloomberg, a 12 de octubre de 2018. Las zonas sombreadas representan recesiones en EE. UU.

1. ¿Sería significativa una recesión para los mercados financieros?

Las caídas de los mercados han coincidido generalmente con las recesiones, como observamos en 1982, 2001 y 2008. Entonces, la respuesta es afirmativa. No obstante, este no ha sido siempre el caso.

La fortaleza económica (o su ausencia) y el sentimiento inversor son dos cosas diferentes. Mientras que la economía está compuesta por una variedad de elementos, los mercados financieros reflejan las expectativas de los inversores en lo tocante a los beneficios y los flujos de caja. Si bien cada uno de estos ámbitos puede ejercer una enorme influencia en el otro (e incluso de manera determinante), se han observado periodos en los que las recesiones y los descensos de los mercados de capitales se han excluido mutuamente, como en los años 90 (mercado recesivo no bajista) o en 1987 (mercado bajista no recesivo).

2. Este ciclo económico se diferencia de otros ciclos en numerosos aspectos

Como Erik Weisman, economista jefe de MFS, me comentó recientemente:

“Si nos ceñimos a los catalizadores tradicionales de una recesión, la mayor parte de ellos no son evidentes hoy en día. No se acaba de poner fin a una guerra; no existe ninguna perturbación negativa en la oferta (como ocurrió en el mercado del petróleo en 1973 y 1979); ni la Reserva Federal está intentando contener de manera agresiva una inflación desbocada (como la Fed de Volcker a principios de la década de 1980). Dejando de lado el apalancamiento corporativo, resulta difícil identificar excesos macroeconómicos en la economía estadounidense”.

Otra característica que diferencia a este ciclo del resto ha sido el auge de las plataformas de Internet. Estas plataformas han ofrecido tanto a las empresas como a los consumidores una nueva vía para optimizar sus negocios y sus vidas cotidianas. Han potenciado el fenómeno de la «desmaterialización». En otras palabras, el mundo está produciendo más con menos capital, lo que ha tenido un efecto desinflacionario.

Por ejemplo, la informática en la nube permite a las empresas entablar una relación más eficaz con sus clientes de manera más rentable y productiva. Gracias a la infraestructura tecnológica basada en Internet, las compañías han logrado mejorar la gestión de sus inventarios y la asignación de capital de manera más eficiente. Del mismo modo, el consumo también se ha «desmaterializado». Las plataformas de Internet han permitido a las personas alquilar lo que antes solían comprar, con lo que evitan considerables costes iniciales en segmentos como el alojamiento y el transporte.

No solo en Estados Unidos, sino también en Alemania y el Reino Unido, los consumidores destinan más de la mitad de su gasto discrecional a experiencias o bienes intangibles, en lugar de físicos. Apreciamos tendencias similares en determinados mercados emergentes, como la India y Colombia.

Esto ha desembocado en un descenso de la volatilidad de la demanda real, lo que explica en parte los motivos por los que, en este ciclo económico, el crecimiento ha sido tan bajo, la duración tan larga y los excesos tan escasos en comparación con ciclos anteriores.

En conclusión, por lo general, no mostramos preocupación por una recesión en 2019. A mi parecer, el mercado del Tesoro, que ha repuntado en los últimos meses, está emitiendo señales de que existe más inquietud por un posible error de política de la Fed que por un sobrecalentamiento de la economía. Sin embargo, en este mes de enero, cuando escribo estas líneas, nos está preocupando cada vez más la complacencia del mercado en relación con la sostenibilidad de los márgenes y el apalancamiento financiero. Por lo tanto, aunque nos inquietan menos los riesgos de recesión, creemos que los inversores deberían prestar más atención a la forma en la que se asignan los riesgos de las carteras hoy en día en comparación con la década anterior.