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La renta variable brindará otro año de rentabilidad positiva

  • 14-01-2020

  • 2 minutos

El entorno macroeconómico en la próxima década se caracterizará por una inflación escasa, un crecimiento económico reducido y, por ende, unos tipos de interés muy bajos. Este escenario de «japonización» tendrá profundas consecuencias para la renta variable. Sin duda será un entorno con riesgos, pero si la historia nos sirve de guía, también debería traer consigo excelentes oportunidades.

En esta hipótesis, deberían prosperar especialmente dos estilos de inversión.

  • El primero es el crecimiento de los valores “growth”, ya que las empresas capaces de crecer, independientemente del entorno económico, deberían experimentar un alza en sus PER debido a su escasez.
  • El otro es la inversión en renta variable, no solo por su mayor rentabilidad por dividendo, sino también porque estas empresas tienden a remunerar mejor los riesgos en entornos de mercado difíciles.

La «japonización» no implica que los ciclos económicos vayan a desaparecer, sino que deberían ser más débiles que antes. Esta es precisamente nuestra hipótesis para 2020, un año en el que esperamos un pequeño repunte del crecimiento. Esto, a su vez, trae consigo una mejora de la rentabilidad en los sectores sensibles a la economía, tras años rezagados. Por tanto, parece razonable incluir cierta exposición cíclica oportunista en las carteras. Podríamos hacerlo, concretamente, a través de algunas empresas industriales y de consumo discrecional bien gestionadas, cuyas escasas valoraciones históricas ofrecen mucho margen de revalorización si la confianza económica mejora en 2020.

Sin embargo, el núcleo de todas las carteras debe seguir centrado en empresas de elevada calidad capaces de crecer independientemente del entorno macroeconómico. Tratamos de identificar títulos con poder de fijación de precios en sectores con elevadas barreras de entrada para reducir el riesgo de disrupción. Esto es sumamente importante porque la tecnología, la globalización y el fácil acceso al capital han aumentado drásticamente los retos a los que se enfrentan las empresas. Todos los sectores pueden verse afectados, desde la asistencia sanitaria hasta las marcas de consumo y los servicios financieros. Los inversores deben examinar sus carteras más que nunca para evitar pérdidas.

Seguimos priorizando las empresas tecnológicas, puesto que están entre las grandes favorecidas por este panorama competitivo en constante transformación. Algunas de estas firmas son ganadoras estructurales y tenemos intención de mantener la inversión a largo plazo. Dichas empresas son generadores de interés compuesto naturales que deben mantenerse en el núcleo de la cartera de renta variable. Dado que se encuentran principalmente en EE. UU., también estamos sobreponderados en esa región.

También nos gustan las firmas que distribuyen dividendos, siempre y cuando no sacrifiquen su crecimiento e inversiones para distribuir rendimientos excesivos. Estas empresas tienden a ser más disciplinadas que las que no realizan repartos, lo que se traduce en mejores características de riesgo/remuneración a largo plazo. En un contexto de tipos ultrabajos, también ofrecen una valiosa fuente de ingresos.

El año 2020 estará plagado de riesgos geopolíticos: elecciones en EE. UU., disturbios en Hong Kong e incertidumbre en torno al Brexit, entre muchos otros. Pero gracias a un entorno económico más favorable, a la reaceleración de los beneficios empresariales y a la postura acomodaticia de los bancos centrales, esperamos que los mercados de renta variable nos brinden otro año de rentabilidad positiva.