El reto de la Inversión Socialmente Responsable

El uso de criterios financieros ha sido tradicionalmente el principal factor para determinar cuáles eran las mejores inversiones, dentro de un conjunto de alternativas disponibles, reduciéndose en la práctica al análisis del binomio rentabilidad-riesgo. El nuevo paradigma de toma de decisión sobre inversiones se define por la introducción de factores Ambientales, Sociales y de Gobernanza (criterios ASG), adicionales a los criterios financieros, dando lugar a la creación de lo que hoy en día se conoce como Inversión Socialmente Responsable (ISR). De esta forma, la ISR permite a los inversores la integración de variables no consideradas hasta el momento en el proceso de inversión, más allá de las variables de rentabilidad y riesgo, ampliando así la perspectiva del análisis y convirtiendo la toma de decisión en un proceso multicriterio.

La piedra angular de la ISR se basa en que los factores ASG permiten no sólo mejorar los retornos a largo plazo sino también minimizar los riesgos de las inversiones. Asimismo, la ISR permite alinear los objetivos de los inversores con los objetivos medioambientales, sociales, políticos o de buena gobernanza corporativa a largo plazo, es decir, permite adecuar las inversiones a los valores, preferencias y necesidades del inversor.

A pesar de que existen numerosos estudios que demuestran las mencionadas ventajas y beneficios del ISR frente a la inversión “tradicional”, se sigue etiquetando a la ISR, sobre todo en España, como algo temático y específico para clientes con una mayor conciencia en términos sociales, éticos y medioambientales. Ni la exponencial puesta en valor de la responsabilidad social corporativa, a cuyo crecimiento ha contribuido especialmente la llamada generación Millennials (los nacidos entre los años 1980 y 2000), ni los efectos de la crisis que han propiciado que el nuevo entorno de la cultura financiera sea más global, exigente y transparente, han conseguido elevar a la ISR a la dimensión que realmente le corresponde.

Uno de los motivos que seguramente puede explicar esta circunstancia es la dificultad que plantea el hecho de realizar un análisis multicriterio con variables de naturaleza tan diferente como la económica, la social o la medioambiental. Debido a la complejidad que conlleva este tipo de análisis, las primeras etapas de desarrollo de la ISR se fundamentaron a partir de criterios negativos de preselección, como la exclusión de la industria del alcohol, armamentística, de la pornografía, etc., es decir, la aplicación de filtros de exclusión. Posteriormente, el concepto de ISR fue evolucionando y derivó en la sustitución de criterios de exclusión de determinadas actividades por la inclusión de empresas “modélicas” (best in class), bajo el amparo del concepto de discriminación positiva. Sin embargo, la utilización de ambas aproximaciones trajo consigo la asociación de la ISR a algo muy específico o temático.

Esta situación se ve claramente reflejada en la industria de fondos de inversión mediante la etiquetación de los conocidos como “Fondos de Inversión Socialmente Responsable” (FISRs), provocando que los selectores de fondos aíslen este tipo de productos en una categoría “cajón de sastre” específica de responsabilidad social. Esto mismo es válido también para la construcción de carteras de fondos de inversión que ofrecen las entidades financieras, en donde el catalogo se divide entre las carteras “tradicionales” y las carteras temáticas, entre ellas carteras compuestas única y exclusivamente por FISRs.

Por lo tanto, la Inversión Socialmente Responsable está ante el gran reto de abandonar ese rincón en el que se encuentra actualmente y competir en igualdad de condiciones con la inversión tradicional. Para ello es necesario que los inversores y asesores comiencen a utilizar herramientas de toma de decisión que valoren la introducción explícita de criterios sociales, medioambientales y de gobierno corporativo en el análisis financiero tradicional. Y para conseguir este estimulante objetivo se han de utilizar metodologías integradoras y multicriterio y que a la vez sean socialmente responsables. De esta forma el inversor podrá tomar decisiones de una manera objetiva y coherente con sus prioridades o necesidades, es decir, podrá actuar más en consonancia con los valores más amplios de la sociedad.

La buena noticia para la Inversión Socialmente Responsable, que nos hace ser optimistas, es que va en la misma línea que MIFID II. Por un lado, proporciona una mayor transparencia y por otro, crea “valor añadido” a través de la personalización al considerar las inquietudes, necesidades y preferencias del inversor.

Iván Merillas Santos

Sobre el autor

Iván Merillas Santos

Director de Análisis de Inversiones en BMN-Sherpa for Helping Investors Make Decisions in an Easy, Coherent and Socially Responsible way

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