Seis años del “Whatever it takes” de Draghi

  • 26-07-2018

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Hace seis años, en Londres, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, hizo la famosa promesa de que esa institución haría “whatever it takes” para mantener la unidad de la Eurozona. Este discurso marcó un punto de inflexión importante en la crisis.

Desde entonces, su programa de compra de flexibilización cuantitativa ha hecho “engordar” el balance del BCE hasta superar los 4 billones de €. Programa que está alcanzando su final, con el anuncio de la reducción de las compras a 15.000 M€ a partir de octubre para concluir a finales de año.

Activos en el balance del BCE

Fuente: Federal Reserve Economic Data

En un principio, la unión monetaria en Europa fue un intento de crear un área monetaria sin una política fiscal común, sin un sistema bancario común, sin un sistema de seguridad social común, etc. La entrada en el euro requería un alto nivel de disciplina por parte de los países miembros.

Como hemos podido ver, previamente a que estallara la crisis de 2008, muchos países no estaban dispuestos o no podían demostrar tener esta disciplina, especialmente en lo relativo a sus finanzas públicas. Durante la primera década de la unión monetaria, esto dio lugar a crecientes desequilibrios.

Sin embargo, cuando los momentos críticos se hicieron más visibles en los primeros años de esta década, la pérdida de confianza generó un ascenso de las primas de riesgo y, por ende, de los costes de refinanciación. Para algunos países, esto representó una amenaza de sofoco para sus economías. A pesar de innumerables cumbres, los políticos fracasaron en su intento de apagar el fuego. Este fue el contexto en el cual el presidente del BCE tomó la iniciativa y generó un punto de inflexión en la crisis. Si observamos con atención el siguiente gráfico, podemos ver qué países estuvieron más cerca de la bancarrota.

Deuda pública por países en el balance del BCE

Fuente: Eurostat

Desde entonces, las primas de riesgo han disminuido y las condiciones de financiación se han relajado nuevamente. Esto es particularmente cierto en el caso de la deuda pública. Como se muestra en el siguiente gráfico, el Ministro de Finanzas italiano necesita actualmente gastar alrededor de un tercio menos en el pago de la deuda pública (en comparación con el PIB) que en 2000. Esto es aún más destacable si se tiene en cuenta que la deuda pública italiana ha aumentado del 105% al 132% del PIB durante el mismo período. El Ministro de Finanzas alemán y su homólogo francés también han tenido que destinar menos dinero al pago de intereses en sus presupuestos.

Intereses a pagar por el gobierno

Fuente: Eurostat, DWS

El hecho de ahorrarnos los costes económicos, sociales y políticos de una ruptura desordenada del euro, que sin duda habría desencadenado una grave recesión, fue muy bien recibido. Sin embargo, como siempre en la vida, hay un precio asociado: las fronteras entre la política económica, fiscal y monetaria se han desdibujado hasta un punto que no habíamos imaginado hace 10 años. Esto complica aún más la política fiscal y monetaria en el ya complicado período posterior a la crisis. En algún momento en el futuro, esto puede traernos dolores de cabeza. Un mayor progreso, especialmente en la integración de los mercados de capitales europeos, sería muy bienvenido.