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La aparición de la tecnología inalámbrica 5G trae consigo una nueva era en las comunicaciones

  • 21-02-2020

  • 6 minutos

Si se juzga únicamente por su descripción, el 5G no parece el tema más interesante. No tiene el atractivo futurista de la inteligencia artificial, o del aprendizaje automático, por ejemplo. Tampoco hace reales las imágenes típicas de la ciencia ficción, como lo hacen los vehículos sin conductor, la robótica avanzada o la tecnología ponible. Sin embargo, todo lo corto que el 5G se queda en el departamento de atractivo al público lo compensa con su increíble potencial de transformación.

Se planea que esta quinta generación de comunicación inalámbrica sea hasta 100 veces más rápida que la actual 4G, con conexiones fluidas que prometen un alivio para los usuarios de móvil que solían sufrir pérdidas de señal en las llamas o esperas interminables para acceder a los sitios web.

De hecho, la tecnología 5G es el ingrediente esencial que hace posibles muchas de las principales tecnologías del mañana. Por ejemplo, los robots solo podrán llevar a cabo las complejas tareas que se imaginan para el futuro si pueden sincronizarse entre ellos de forma inalámbrica en tiempo real.

Es posible que los principales beneficios del 5G no vengan de lo que se espera, sino de innovaciones tecnológicas que hoy todavía son meros esbozos de ideas. Eso es lo que ocurrió con el 4G cuando se implementó hace casi una década. El 4G cumplió su promesa de ofrecer velocidad y conectividad. Más allá de ello, sin embargo, articuló las bases que posibilitaron el vasto ecosistema actual de aplicaciones para teléfonos inteligentes: vídeo y música en streaming, redes sociales y juegos portátiles.

Lo mucho que está en juego con el 5G se refleja en la feroz competencia entre Estados Unidos y China. Como parte de su conflicto generalizado en el área del comercio y la tecnología, las dos economías más grandes del mundo se enfrentan en una carrera para dominar el 5G, con el convencimiento de que ofrecerá una vía hacia la superioridad económica y digital. En efecto, si podemos guiarnos por lo ocurrido con el 4G, el país que mejor despliegue el 5G podría obtener importantes beneficios económicos.

5G: la tierra prometida digital

Por supuesto, nada de esto ocurrirá de la noche a la mañana. A pesar de las ambiguas campañas de marketing de los fabricantes de teléfonos inteligentes y de los proveedores de móvil, se tardará un tiempo en superar los obstáculos normales que acompañan a una implantación tan ambiciosa y a semejante escala. Hay que limar los estándares tecnológicos, superar los obstáculos logísticos, y realizar importantes inversiones en infraestructuras.

Aún así, hay mucho que celebrar, tanto para las compañías que ofrecen componentes y servicios como para los usuarios deseosos de alcanzar la tierra prometida digital, con su impresionante velocidad y tiempo de reacción casi inmediato. Es posible que en los próximos años el 5G despeje algunos de los atascos del 4G, asiente las bases de las nuevas innovaciones, y en última instancia, dé paso a una nueva era de las comunicaciones.

La reducción de la latencia es la revolución inalámbrica

Cada generación de red móvil ha mejorado a su predecesora. La segunda generación añadió la capacidad digital, lo que permitió que los teléfonos enviasen mensajes de texto y, eventualmente, fotos. La tercera hizo que esos sistemas fuesen más rápidos y fiables. La cuarta amplió el ancho de banda al convertir casi todas las redes móviles a señales digitales.

La gran virtud del 5G consiste en reducir la latencia, esto es, el tiempo que dos máquinas tardan en comunicarse entre ellas. Un ejemplo es cuando, al realizar una llamada de teléfono, hay que esperar un momento en silencio antes de que el otro teléfono empiece a sonar. Ese momento es el tiempo de viaje: la señal debe llegar al otro dispositivo, que debe procesarla y enviarla de vuelta al teléfono que hace la llamada.

La latencia se mide en milisegundos, o milésimas de segundo, y aunque no parece que suene a mucho, es un gran problema para las acciones dependientes del tiempo. Imaginemos que vamos conduciendo por una calle y vemos un coche que se atraviesa en un cruce. Pisamos los frenos para evitar el choque. Parece que se trata de una única acción, pero realmente es un proceso de varios pasos. La mayoría de los conductores tarda unos 1.500 milisegundos, es decir, un segundo y medio.

El 5G soluciona la necesidad de velocidad

La mayoría de las redes 4G tardan unos 50 milisegundos en llevar una solicitud de un punto a otro; las redes 5G tienen el potencial de reducir ese tiempo de forma consistente a 1 milisegundo. Puede sonar a poco, pero una mejora así de nuestro tiempo de reacción a la velocidad de conducción de una autopista nos permitiría frenar unos 3 metros antes. Si nuestro vehículo se está conduciendo a sí mismo, cada centímetro cuenta.

Este tipo de reducciones de tiempo son todavía más importantes en sistemas que procesan cientos o miles de solicitudes de servidor al minuto, en especial cuando la velocidad de una función depende de otra. En una línea de producción, por ejemplo, un robot no puede ir más rápido que el que va delante. La latencia también limita la funcionalidad multitarea o los cambios entre funciones. Una latencia elevada añade tiempo a cada paso, lo que hace que algunas tareas sean demasiado ineficientes para merecer la pena.

Muchos sectores podrían beneficiarse del 5G

Los vehículos sin conductor encabezan la lista de sectores que esperan beneficiarse del 5G. Las comunicaciones ultrarápidas darán a los vehículos más tiempo para reaccionar a las sorpresas y para enviar advertencias a otros vehículos. Volvamos al ejemplo del cruce. En coches autónomos, una llamada de 2 milisegundos al control central seguida de una advertencia de 1 milisegundo a todos los coches a su alrededor podría evitar un accidente.

La robótica industrial también podría recibir un gran impulso, ya que las máquinas automatizadas podrían ejecutar tareas más complejas. Los robots estarían mejor preparados para encargarse de varias tareas. Más allá de eso, el 5G podría permitir que las fábricas empleasen robots sin el estorbo del cableado. Y las máquinas con reflejos inmediatos podrían minimizar los accidentes en las plantas de fabricación al identificar y esquivar a los humanos.

La aparición del 5G podría tener importantes consecuencias en la sanidad. Por ejemplo, podría acelerar la aplicación de cirugía robótica, lo que permitiría que los médicos controlasen los dispositivos de forma remota sin retrasos y sin perder precisión. Esto permitiría que un especialista en una parte del mundo operase a un paciente en la otra.

Además, a medida que los dispositivos conectados se hacen más comunes (como las neveras conectadas a Internet y los collares de perro con GPS), es probable que los hogares añadan una carga mucho mayor a la red. Una latencia más baja y un mayor ancho de banda harán que «el Internet de las cosas» sea más fácil de gestionar.

Ha comenzado la carrera mundial por la supremacía en el 5G

El impacto final del 5G podría ir más allá de la simple tecnología. Si nos guiamos por el pasado, una implantación con éxito podría impulsar toda una economía, tal y como vimos en Estados Unidos con el 4G. Al modernizar su obsoleto sistema 3G, los EE. UU. crearon un entorno fértil para que las compañías tecnológicas nacionales desarrollasen nuevas formas de almacenar y transmitir el contenido, y un sólido acceso para el público garantizó la audiencia necesaria para consumir ese contenido. Los inversores se beneficiaron mucho cuando Facebook, Netflix y Alphabet (la matriz de Google y Youtube) aseguraron sus posiciones líderes en el mercado.

Ahora se ha disparado un carrera frenética para dominar el 5G. China lleva mucho tiempo intentando establecerse como uno de los grandes actores en el mercado de las redes móviles, tanto ayudando a desarrollar protocoles de sistema como apoyando a sus productores de hardware. Uno de ellos, Huawei, se encuentra entre los mayores productores de hardware de red, aunque en la práctica se le ha vetado en los mercados estadounidenses por miedo a que sus terminales pudiesen recopilar datos delicados para el Gobierno de China.

Como parte de su estrategia, China aisló su Internet y desarrolló su propio motor de búsqueda, sus redes sociales y sus gigantes del comercio electrónico: Baidu en lugar de Google, WeChat en lugar de Facebook, Alibaba en lugar de Amazon. Ahora tiene su propio ecosistema de Internet, altamente desarrollado. Esto ha situado a China en una buena posición para cosechar los beneficios del 5G, y quizá, para posicionar a algunas de sus compañías como líderes mundiales.

Lo que es seguro es que la lucha por la supremacía en el 5G va a crear oportunidades para los inversores a largo plazo. Las empresas que crean tecnología punta, así como las que la emplean para lanzar productos nuevos o mejorados, tienen el potencial de destacar en el mercado mundial. Una vez que el 5G esté disponible en todas partes, se crearán modelos de negocio que antes no existían a causa de las limitaciones tecnológicas. También dará un impulso a los gigantes de la tecnología actuales a medida que las búsquedas en Internet, las redes sociales y el comercio electrónico se integran más y más en el día a día.

Aunque es difícil predecir exactamente cómo será el mundo del 5G, hay una nueva era de innovación tecnológica en el horizonte.