Un golpe de efecto que en realidad no lo era

  • 19-12-2018

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Reino Unido

El lunes pasado, la víspera de la votación por el Parlamento británico del proyecto de acuerdo sobre el Brexit, la Primera Ministra Theresa May ha aplazado dicha votación. Finalmente, no tendrá lugar antes del inicio de 2019. Aunque ella ha justificado este aplazamiento por la voluntad de negociar de nuevo el texto con Bruselas, en realidad no le quedaba prácticamente ninguna otra opción. En el contexto de desconfianza al que se enfrenta, incluso dentro de su propio bando, el rechazo al proyecto de acuerdo parecía inevitable.

Tanto más inevitable cuando, en este contexto, la Primera Ministra se ha visto sometida a una moción de censura por los diputados de su propio partido; votación que finalmente ha ganado con mayor holgura que la prevista. Sólo 117 diputados han expresado su hostilidad, mientras que se requerían 159 votos para su destitución. Así pues, la Sra. May sale de la moción reforzada, en parte, y en los próximos 12 meses los miembros de su partido ya no podrán plantear otra moción de censura. No obstante, queda a merced de una votación de confianza lanzada esta vez por sus adversarios del Partido Laborista, a pesar de que las disensiones en el seno de los laboristas hacen poco creíble esta hipótesis. 

Sin embargo, esta victoria no significa que para Theresa May vaya a ser más fácil conseguir que el Parlamento valide el proyecto de acuerdo con la Unión Europea. Y tanto más puesto que al día siguiente (el jueves pasado), el encuentro con sus homólogos europeos salió mal. El Presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha hecho un resumen de lo más sarcástico sobre la situación:

«A veces tengo dificultades para comprender mi propia psicología. Y me resulta más difícil aún entender los estados de ánimo de los diputados británicos».

Theresa May había venido a Bruselas para conseguir «garantías» adicionales. Ella habría solicitado, especialmente, que el dispositivo de ‘backstop’* (de mantener al Reino Unido -durante un periodo transitorio y si no se llegara a ningún otro acuerdo-, dentro de las normas del mercado único europeo, sobre todo para evitar el restablecimiento de una frontera física entre las dos Irlandas) sólo durase un año. Una petición que ha sido rechazada por los dirigentes europeos.

Y lo que es peor aún: cuando sus interlocutores le preguntaban sobre su visión de la futura relación entre el Reino Unido y la Unión Europea, la Sra. May no ha sido clara. Lo cual no es sorprendente, teniendo en cuenta que ha asegurado -sobre todo para conseguir mayores apoyos en la moción de censura- que dejaría la dirección de su partido antes delas legislativas de 2022. Esto muestra también el marasmo político en el que se encuentra el Reino Unido y provoca la exasperación dela Unión Europea. «Nuestros amigos británicos deben expresarqué es lo que quieren, en lugar de hacernos decir lo que nosotrosqueremos»declaró, molesto, el Sr. Juncker.

Ahora quedan tres soluciones:

  • La prolongación del artículo 50 (el periodo de negociación anterior al Brexit).
  • Un acuerdo bipartidista sobre el proyecto actual.
  • Un segundo referéndum.

La amenaza de un segundo referéndum, al que los diputados conservadores euroescépticos se oponen ferozmente, podría ser un buen instrumento de presión a disposición de Theresa May para forzar un acuerdo. Sin embargo, la incertidumbre sigue siendo total. Y el riesgo para los mercados,muy elevado.

Guerra Comercial

Ya deteriorada por el arresto de la directora financiera de Huawei la semana pasada, la esperanza de una tregua en la guerra comercial chino-estadounidense se ha vuelto a encauzar gracias a los comentarios de Donald Trump. En una entrevista publicada por Reuters, el Presidente declaró que China ya compraba «grandes cantidades» de soja estadounidense desde el acuerdo celebrado en el G20. También afirmó que, si fuera necesario, intervendría en el caso Huawei. Por último, los medios de comunicación chinos y el Wall Street Journal mencionaron el abandono por parte de China de su estrategia industrial «Made in China 2025», fuertemente criticada por Estados Unidos, lo cual parece mucho más sorprendente e improbable.

Economía china

Los datos económicos chinos de noviembre apenas van a calmar los temores sobre el crecimiento. Por una parte, la producción industrial ha desacelerado claramente su ritmo anual, y sólo ha aumentado un 5,4% frente al 5,9% previsto (5,9% también el mes anterior). Por otra parte, las ventas minoristas crecen menos que lo esperado por el consenso, con un +8,1% anual (+8,8% previsto), retrocediendo también ahí con respecto a octubre (+8,6%).

Índices PMI

Los índices PMI preliminares para el mes de diciembre en la zona euro se desploman. Debido, sobre todo, a las cifras francesas, el efecto de los «chalecos amarillos» y la falta de financiación de las medidas anunciadas por el Presidente, que claramente han socavado la confianza: el PMI Manufacturero, que se esperaba estable, cae del 50,8 al 49,7, mientras que el PMI de Servicios, previsto también casi en equilibrio, cae del 55,1 al 49,6. El PMI Compuesto de la zona euro queda así en el 51,3, un mínimo desde noviembre de 2014. Sin embargo, está claro que estas cifras están un poco exageradas, al publicarse demasiado pronto, en previsión de las fiestas de final de año. 

BCE

Pocas sorpresas en el comunicado del BCE y en el discurso de Mario Draghi. Se ha confirmado el cese de las compras netas de activos al final de año, así como la continuación de las compras brutas mediante reinversión. El mensaje sobre el crecimiento y la inflación es prudente, y así pues, el banco central ha revisado sus previsiones a la baja. El crecimiento se ha revisada a la baja en un-0,1% para 2018 y 2019, en un 1,9% y 1,7%, respectivamente. En cambio, la inflación debería ser ligeramente más fuerte en 2018 (1,8% frente al 1,7% anteriormente previsto), pero más débil en 2019 (1,6% frente al 1,7%).