¿Un verano tranquilo? No para todos

  • 10-09-2018

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Tras la vuelta de las vacaciones muchos inversores se han encontrado con la desagradable sorpresa de que no ha sido un verano tan tranquilo como podían imaginarse.

La ausencia de grandes titulares unido al hecho que la bolsa americana no solo marcó en agosto nuevos máximos históricos sino que, además, se convertía en el periodo alcista más largo en toda la historia del S&P 500 (acumula una subida del 325%, que sumando los dividendos y su reinversión, implica una revalorización del 420% desde 2009), hacían prever un buen comportamiento de las carteras de los inversores europeos

Pero nada más lejos de la realidad. Ha sido un verano tranquilo solo para los inversores del otro lado del Atlántico porque en Europa las caídas del mes de agosto han sido importantes.

¿Qué factores son los que más han influido a que agosto haya vuelto a ser un mes maldito para las bolsas europeas?

En primer lugar, y nunca nos cansaremos de decirlo, los bajos volúmenes de negociación durante agosto provocan que cualquier noticia, por poco relevante que sea, pueda servir de excusa para arrastrar a los mercados.

En esta ocasión la excusa ha sido la situación de Turquía. Decimos excusa porque, aunque es cierto que la situación se agravó a raíz del conflicto con EE.UU por la negación de Erdogan de liberar al pastor evangélico americana Brunson –acusado por Turquía de formar parte del golpe de estado de 2016- y la imposición, como represalia, de mayores aranceles a las importaciones de acero, los problemas de la economía turca se remontan a muchos meses antes.

En los siguientes gráficos puede apreciarse como la lira turca, su bolsa y sus bonos llevaban avisando de la delicada situación del país hacía mucho tiempo:

Además, de las grandes compañías europeas, únicamente BBVA a través de su participación en el banco turco Garanti tiene una exposición relevante en el país por lo que, más allá de un posible contagio a otros países emergentes, Turquía no debe suponer un problema importante para las cotizadas europeas:

Otro factor que ha generado nerviosismo en los inversores ha sido el cambio de actitud de Donald Trump a raíz de la entrevista realizada la noche del 30 de agosto en Bloomberg TV. Durante las primeras semanas de agosto, las relaciones comerciales de EE.UU avanzaban en 3 importantes áreas mundiales:

  • NAFTA: EE.UU y México cerraban acuerdos para la modificación de condiciones del Tratado de Libre Comercio e invitaban a Canadá a unirse a las negociaciones.
  • Europa: El Presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker y Donald Trump, llegaban a un principio de acuerdo para la eliminación de aranceles mútuos
  • China: EE.UU y China se reunían en Washington para intentar avanzar en las negociaciones y, sin producirse grandes avances, Trump manifestaba que esperaba poder trabajar en un acuerdo final.

Tras estos avances parecían relajarse las tensiones comerciales y el mercado se tomaba un respiro pero, la entrevista del 30 de agosto nos devolvía a la realidad al volver a aparecer Donald Trump en estado puro y reactivaba amenazas en diferentes frentes:

En primer lugar asegurando que abandonaría la Organización Mundial del Comercio (OMC) si este organismo no se modernizaba y trataba con más respeto a los intereses de EE.UU

En segundo lugar rechazaba la oferta de la Unión Europa de eliminación mútua de aranceles por no considerarla “suficientemente buena” y calificaba a Europa de ser “tan mala como China pero más pequeña”

Y, finalmente, recordando que el día 6 de septiembre vence el plazo de consultas previo a la activación de nuevos aranceles a China por valor de 200.000 Mn de dólares.

Las tensiones comerciales, a diferencia de Turquía, sí que suponen un riesgo real para la economía global ya que es una guerra en la que, diga lo que diga Trump, no habrá ganadores. No podemos olvidar que uno de los pilares fundamentales del crecimiento económico global de los últimos años ha sido el desarrollo comercio internacional.

En el mes de julio, un importante equipo de economistas que, entre otros asesoran al Ministerio de Economía de Francia, publicaban un estudio en el que cuantificaban el impacto económico que podría tener la guerra comercial en las principales economías mundiales. Las conclusiones son claras: El impacto en el PIB de las diferentes economías es de tal magnitud que todas ellas entrarían en recesión:

Y, a las consecuencias de este posible agravamiento de la guerra comercial, habría que añadirle otro factor: La mayoría de los principales bancos centrales mundiales han retirado o están retirando sus políticas monetarias expansivas por lo que, si como anticipan la mayoría de analistas, se produce una guerra comercial duradera en el tiempo cogería a todos los bancos centrales con el paso cambiado.

Al margen del posible agravamiento de la guerra comercial, se atisban en el horizonte dos frentes muy importantes:

Por un lado la presentación a finales de septiembre de los Presupuestos de Italia para 2019 de los que los inversores desconfían que vayan a cumplir con el objetivo de déficit del 3% y, por otro, las elecciones de Mid Term de EE.UU del mes de noviembre en las que, entre otras cosas, Donald Trump puede jugarse un posible impeachment si pierde la mayoría en el Senado.

Así que, tras este verano calentito, nos espera un otoño que aún puede serlo más. El camino que tomen estos tres factores, siempre y cuando la crisis emergente no se extienda, marcará la evolución de los mercados en los próximos meses.